“Sahara Marroquí más allá del Sahara Occidental” (IV) CUARTA PARTE El Hassan Achaabar

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Presentación

A continuación publicamos el Prólogo del colega Hassan Achahbar (*) a la excelente investigación del escritor y periodista paraguayo Luis Agüero Wagner sobre el conflicto artificial del Sahara marroquí.

 Lo damos en cuatro partes: Un valioso aporte del autor, Marruecos y las ingratitudes, El despertar de América Latina y Terrorismo polisarista.

La obra “Sahara Marroquí más allá del Sahara Occidental” Luis Agüero Wagner salió en 2016 editada en Paraguay y Chile.

 Terrorismo polisarista

 Panamá es otro caso emblemático. En noviembre de 2013, el país centroamericano puso fin a un idilio con los separatistas del Polisario ininterrumpido desde mayo de 1980. En eso ayudó mucho el presidente del gobierno de la transición española, Adolfo Suarez. España buscaba convencer a Argelia de poner fin a los ataques terroristas del Frente Polisario contra los pescadores canarios, gallegos, vascos y andaluces en Aguas del Sahara. Adolfo Suarez, debilitado y agobiado por el recrudecimiento de los movimientos separatistas, apeló al entonces presidente panameño, general Omar Torrijos permitiendo así a Argelia plantar su pica en Flandes, mientras los dos países seguían negociando en secreto. Antes, en 1978, Madrid y Argel habían logrado un importante arreglo para enterrar el proyecto separatista del “Movimiento por la autodeterminación y la independencia del archipiélago canario” (Mpaiac).

Argelia había dotado al movimiento separatista de la emisora “La voz de Canarias Libre” que transmitía desde Argel para el archipiélago. Antonio Cubillo, fundador en 1964 del Mpaiac, perdió la movilidad física durante una agresión en Argel y su emisora fue silenciada. Nadie se inmutó en España, ni se acordó de los atentados, asesinatos, secuestros y desapariciones de pescadores españoles a manos de los piratas del Polisario, armados y protegidos por la Junta argelina.

Así, quedaron impunes los crímenes cometidos por el Polisario contra los trabajadores españoles de la minera Fosbucraa, en el Sahara, los asesinatos a bordo de los pesqueros Cruz del Mar, Galgomar, El Junquito, Mencey de Abona y de la patrullera Tagomago de la armada española.

Antonio Cubillo, que en un principio sólo defendía la autonomía de las Islas, subió la apuesta tras la exitosa Marcha Verde que permitió a Marruecos recuperar sus provincias saharianas. Con la ayuda de la Junta de Argelia, el canario cambió de carátula, fijando para el 29 de abril de 1976, el inicio de la lucha por todos los medios contra el colonizador español.

 Sucedió dos meses después de la proclamación, el 28 de febrero, también en Argel, de la “república saharaui”. Argelia había doblado la apuesta, aprovechando la debilidad de España y para eso, Antonio Cubillo atendía perfectamente a sus propósitos.

“Amigos y colaboradores que trabajan por nuestra causa. A partir del día 29 de abril debe comenzar ya la lucha abierta contra el maldito colonialismo español”, anunciaba Antonio Cubillo en su programa nocturno, llamando a “sabotearlo todo” porque “las Canarias le deben costar caras al poder godo”.

“Al colonialismo español debemos, pues, atacarle por todas partes, no dejarle jamás descansar ni dormir, hay que provocarle continuamente y por donde menos se lo espere, hay que confundirle, hay que sembrar la cizaña entre ellos, hay que provocar el descontento contra el ocupante colonialista siguiendo todos los medios, hay que darle falsa alarma y crearle toda clase de dificultades”, decía Cubillo.

Pero mientras el canario se proponía a luchar por Canarias, el poder argelino disponía otra cosa, negociando en secreto con Madrid. La aventura independentista de Cubillo fue sólo un sueño de verano. Duró mientras servía los planes e intrigas argelinos. El Mpaiac tuvo que suspender su “lucha por todos los medios” y desaparecer, a pesar de haber obtenido en 1968, el reconocimiento por el Comité de liberación de la Organización para la Unidad Africana (OUA).

A Argelia no le importó lo más mínimo sacrificar al Mpaiac en aras de la “república saharaui”. En definitiva, su objetivo estratégico era Marruecos y no España. Por lo tanto, el Mpaiac dejó de respirar dos años después de su primer atentado terrorista perpetrado en La Palmas de Gran Canaria, el 1° de noviembre de 1976. Antonio Cubillo se salvó milagrosamente de la muerte, pero perdió la movilidad física hasta su muerte en 2012.

En cambio, el Polisario se convirtió en un instrumento de chantaje permanente sobre Marruecos. Luis Agüero Wagner ha osado desenmascararlo y merece todo el reconocimiento por develar parte de las intrigas argelinas, en connivencia con la España post-franquista, para mantener artificialmente vivo el mito de una ilusoria “república saharaui” apoyándose en regímenes dictatoriales y un coro de dudosas ONGs.


 (*) Periodista especializado en temas iberoamericanos