Entre Pyongyang y Damasco ¿Quién se atreve?

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Letrado Saad Sahli del Colegio de abogados de Rabat

“La gestión a dos velocidades de los conflictos internacionales, recurriendo en algunos casos a las opciones militares rápidas y, en otros casos, a un tratamiento y una legalidad internacional impuestos, no haría sino agravar las tensiones internacionales”.

La observación comprendida en el comunicado que Asuntos exteriores y Cooperación internacional publicó como reacción a la agresión anglo-franco-americana contra Siria en la madrugada del sábado, es, además de inequívocamente atinada, moral y políticamente pertinente.
¿Quién se atrevería a  imaginar que Paris y Londres, además de Washington pudieran permitirse la locura de atacar a Pyongyang, por ejemplo?
No. ¡Ni hablar! ello acarrearía el resigo de ver borrada del mapa mundial a los dos países europeos y enormes danos a EEUU. Se ataca al débil, además de que no existe quien pudiese “financiar” el ataque, como fue el caso contra Damasco que se ha encontrado fácil y vergonzosamente la vaca lechera.
Lo dice y lo reitera el comunicado de AAEE/Cooperación: “Marruecos, que respetó siempre el derecho internacional, no puede sino denunciar de la manera más clara el uso de armas químicas, en particular contra los civiles inocentes”. Para ello se necesita (o era intrínsecamente necesario) esperar las conclusiones de los inspectores de la organización mundial de prohibición de armas químicas, cuya llegada a la capital siria coincidía con los impactos de los 113 misiles de los tres miembros del Consejo de seguridad, en virtud, ironía del destino, del artículo 2 de la Constitución americana que autoriza el uso de la fuerza fuera de su territorio si su “seguridad nacional está amenazada”.
¿Lo estaba en damasco? ¿Y las de Paris y Londres que nos recuerdan su agresión  tripartita contra Egipto de Naser?
Su continua e ininterrumpida conspiración contra el mundo árabe nos hace creer que el visionario Kim Jong un lo había previsto, fortaleciendo a su país para que los agresores de turno como Francia e Inglaterra no se atrevieran a meter sus colonialistas narices en su país.
 
 
 
 

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