“Antes de olvidar” Campamentos de Tindouf: Denuncian acoso y explotación sexual del Polisario

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Campamentos argelinos de Tindouf: una verguenza institucionalizada

 

Este artículo fue publicado en un medio propolisario, que revela un drama que la conciencia humana no debe tolerar

  El pasado 28 de octubre, la revista Futuro Sahara nos sorprendió con un preocupante artículo sobre el aumento de los casos de acoso y explotación sexual de mujeres en los campamentos argelinos de Tinduf, acusando directamente a los funcionarios del Frente Polisario, que explotan su cargo para aprovecharse de ellas y obtener favores sexuales. Lo más terrible es que revela una práctica escalofriante que apunta al posterior chantaje a las víctimas, a través de la difusión de las fotografías vía Whatsapp, para ponerlas en entredicho públicamente. Pone los pelos como escarpias leer que, según la publicación, “su ley es: Tu cuerpo a cambio de trabajo”.
      La anarquía se ha apoderado absolutamente de los campamentos, donde el Frente Polisario no tiene autoridad para imponer el cumplimiento de la ley, pero sí para acosar y abusar sexualmente de las mujeres. Para que luego digan que “las tratan como a reinas”. Poco queda por decir después de leer el artículo, que hemos traducido del árabe, porque, hasta ahora, nada de todo esto nos llegaba precisamente por eso.

EL ACOSO SEXUAL EN LAS INSTITUCIONES DEL DESIERTO

     Hace pocos días que empezó una campaña para combatir el acoso sexual contra las mujeres en el lugar de trabajo y comenzó partiendo de casos de actrices de Hollywood hasta llegar a miembros del Parlamento Europeo. Muchos de los líderes del mundo han apoyado esa campaña para solidarizarse con las mujeres víctimas de acoso sexual, mientras que en la sociedad saharaui este tema sigue siendo uno de los tabúes.
     Entendemos como definición de acoso sexual el hostigamiento o los comportamientos no deseados por una de las partes, incluyendo una gama de actos de violaciones menores hasta el acoso grave, el sexual.

Explotación sexual y acoso en los campamentos de Tinduf

     El término “Rabuni” se vincula automáticamente con lo inmoral, bajeza y mal ambiente de sus instituciones. Lo que ocurre en su interior se asemeja a las escenas de Hollywwod. Cuántas chicas honradas, trabajan duro para prepararse y ayudar a sus padres, cuando van a Rabuni para buscar trabajo (un sueño) que merece, se deben enfrentar antes de nada a un muro de placeres de estos lobos humanos, que sólo esperan la oportunidad para lograr sus viles objetivos, aprovechándose de los cargos que ocupan en dichas instituciones de Rabuni. Así, para ellas sería un espejismo trabajar en la administración, intentando superar el desempleo y la burla de la sociedad por vivir en la soltería.
     Este informe pone de relieve los secretos nunca dichos de unos lobos o monstruos humanos protagonistas de acoso y explotación sexual contra las mujeres por su posición privilegiada, sin que se les impute delito por ley o por justicia o por moral. Su ley es “tu cuerpo a cambio del trabajo”. Los responsables aprovechan de la ingenuidad y la indulgencia de nuestras hijas que buscan trabajo, para explotarlas sexualmente, al tiempo que gozan de un mutismo e indiferencia de las ONGs y de administraciones del gobierno saharaui, como la UNMS, que ni suscitó debate al respecto, ni las organizaciones de la sociedad civil saharaui, a las que les falta el valor para hablar del fenómeno que tanto daña psicológicamente a las chicas.

     Rabuni, centro de prácticas enfermizas

     Rabuni es el lugar principal de prácticas de acoso y explotación sexual, porque es la sede oficial de todas las administraciones y ministerios, donde acuden los ciudadanos de los campamentos de refugiados para realizar trámites y solicitar documentos administrativos. Sin embargo, esto no sólo pasa en Rabuni, sino también en mercados, barrios comunales, escuelas, Embajada saharaui en Argelia… Cada criminal y su lugar favorito para practicar su crimen lejos, con una víctima que asume sola las consecuencias, mientras el autor sale indemne presentándose como un responsable con principios, religioso y luchador.

La Embajada polisarista en Argelia

     Tomó ventaja en una postura de extorsión en función de las necesidades de los ciudadanos, principalmente estudiantes universitarios. La Embajada del Polisario en Argelia es otro pozo de acoso y explotación sexual de estudiantes saharauis como contrapartida por la prestación de servicios que les faciliten trámites o estancia. Muchas son las chicas que sufrieron acoso sexual por parte de funcionarios de la diplomacia saharaui, que están allí para sus intereses personales y sus instintos animales. La mayoría de ellos están casados y son mayores. Por la mañana ofrecen una cara bondadosa y de lucha por la causa, muy generosos con las chicas, que incluso les entregan el dinero de sus viajes. Sin embargo, se escuchan cosas ocurridas por las noches realmente impactantes. Otras víctimas son enfermas o jóvenes que necesitan visado, perfiles en los que la diplomacia criminal les explota aprovechando que están en situación de necesidad. Lo más impactante es que este tipo de hechos llega al más alto cargo de la diplomacia del gobierno polisarista, con un caso de una chica que estudió años y se rompió su sueño a causa de un director-lobo.
       Es una historia que tiene sus semejantes en todas las administraciones y ministerios. Fue una estudiante brillante y tenía gran proyección en el ámbito de la información (periodismo), que se presentó a un puesto anunciado por los medios de comunicación saharaui. En esa competición para ocupar el puesto ofertado, todos los candidatos tenían que facilitar sus números de teléfono para que les llamaran cuando hubiera decisión. Así, uno de los supervisores del control de exámenes, sacó el número y el nombre de la joven y la llamó, pese a que ella desconocía el nombre de él. Se presentó como director de uno de los departamentos de los medios de comunicación y le prometió el aprobado a condición de que fueran amigos. Ella le preguntó: “¿Cómo que amigos?”, a lo que él respondió: “Lo sabrás cuando nos encontremos”. La chica reaccionó y tiró su teléfono al suelo. Aquel día se rompió su sueño y odia su trabajo, al tiempo que disminuyó su activismo y actualmente se dedica a la lectura en la jaima de sus hijos.
     Otros son pecadores que escogen sus propias víctimas llegando al límite del pensamiento sin sentido. Una amiga querida (del autor del artículo) hace años que le contó una historia extraña, entre un responsable en la “Media Luna Roja Saharaui”, que sigue ejerciendo su cargo y lo usa para hacer caer a sus víctimas en sus acciones de explotación sexual. Se trata de una chica que fue a verle para un requerimiento de material que ella necesitaba. Al llegar él le preguntó a qué tribu pertenece. Ella le respondió y él le dijo palabras en hassania llenas de insinuaciones y proposiciones deshonestas de carácter sexual, cosa que a ella no le gustó y lo contó a sus amigas.

     ¿Por qué las víctimas no se liberan de sus miedos y exponen a los criminales?

      Lo que importa aquí son las voces de las víctimas de todos estos comportamientos enfermos, que usan sus cargos para lograr sus fines, como un estilo de gestión aceptable. Aquí las víctimas asumen una gran responsabilidad por miedo, más que la sociedad, porque callar estas prácticas y no denunciar a los autores de los delitos sexuales hasta que regresen a sus agujeros, protege la impunidad con la que actúan y les da, de hecho, otra oportunidad para cometer estos actos con otras chicas de bien.
     Múltiples puntos de vista pueden diferir en el fenómeno del acoso y la explotación sexual de mujeres, pero el hecho de que se fuerce cualquier práctica sin pleno consentimiento de cualquiera de las partes, según la legislación internacional, es un hecho punible, máxime cuando se usa el poder que otorga un cargo para coaccionar a una mujer y hacerle mal.
     El silencio de las víctimas de acoso y explotación sexual les proporciona a estos criminales la oportunidad de que cada chica que pone sus pies en Rabuni sea un proyecto de víctima de violencia sexual, porque ese lugar se convirtió en una jungla donde no hay lugar para las mujeres. Lo único que hay que hacer es destapar y exponer a los criminales para disminuir los efectos de este fenómeno, ya que después del acoso y la explotación sexual, empiezan otro tipo de violaciones, como el método que ha invadido los campamentos para explotar fotografías de las chicas compartidas a través de Whatsapp, para hacerlas caer en trampas y ponerlas en entredicho públicamente.