Argelia/América latina Los insultos de Argel Khalil R’Guibi

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En Tindouf pero convergiendo sus tristes miradas hacia su pais: Marruecos

 

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… excluyente, selectiva y casi exclusivamente con una Ínfima parte de los saharauis.

Todo el mundo lo esperaba: No pudiendo frenar el desgaste de su siniestra obra de mentiras y tergiversaciones en América latina, la “anquilosada dictadura” argelina como la califica “Siglo XXI” ha dado riendas sueltas a su perversa lengua insultando al aparato legislativo chileno por su actitud respecto al Sahara marroquí.
¿A cuántos debe y deberá insultar por tomar actitudes como la de Chile, La Argentina, Perú etc.…?
Casi todo el mundo acabó por descubrir las trampas de Argel y su inmoral estrategia de crear milicias y emprender hazañas de desestabilización de sus vecinos y los que están más lejos.
Tendrá que insultar a Uruguay;, hasta hace poco fiel aliado, a Venezuela que busca corregir su rito para con la cuestión del Sahara y hasta con Cuba con la que han comenzado los problemas.
¿Y en África? Y en todo el mundo. A Argelia se le ha caído la máscara y detrás de ella o en su bolsillo la banda del Polisario se convierte en un estorbo, cada vez menos soportable.
Sin narcotráfico ni contrabando en Guerguerat, las milicias de Argel agonizan y las cuentas bancarias de algunos de sus dirigentes y de sus mentores argelinos comienzan a conocer los tiempos de las vacas flacas.
Entre las promesas de Argelia y lo realista y realizable hay todo un abismo, para evitarlo no hay más que una sola manera: sentido comun.