Buenos días Marruecos Dímelo en  español… (Actualizado)  Said Jedidi

0

 Difíciles momentos para los hispanoparlantes marroquíes. Entre la espada (España) y la pared (Marruecos) los que optaron por el castellano, algunos de los cuales hasta la obsesión, se encuentran en un auténtico atolladero que roza la incapacitación o el surrealismo.

En  su país, Marruecos, nadie les acuerda el mérito que se merecen… ni siquiera el que se les debe. Oficialmente no se tiene lengua más que para hablar o chapurrear el francés ni los oídos más que para escuchar esta lengua o con un exceso de esnobismo, el inglés. Sin embargo un sitio web en español: infomarruecos.ma logra una cifra plus marca de visitante diarios en Francia: entre 3500 y 4500. Es decir casi como las de toda la prensa francófona marroquí.

En los platos de las estaciones de radio y de la televisión o en las páginas de la prensa escrita, solo caben los francófonos. Son ellos los que piensan, proponen, aconsejan y advierten… incluso cuando se trata de las relaciones hispano-marroquíes, orientan Sin embargo el papel de los hispanistas marroquíes es innegable en todos los sentidos y por ser insuficiente aunque descuidado (por el Estado y sus instancias) promete brillo y trascendencia.

En España, por más que se diga lo contrario, tampoco hay interés alguno por esta “anomalía” que es el amor a la lengua de Cervantes. En el mismo sitio (infomarruecos o en el blog conacentomarroqui, en un alarde de xenofobia lingüística, España viene en la cuarta posición en las estadísticas diarias de sus lectores después de Francia, Estados Unidos, Marruecos y de vez en cuando Rusia, un poco antes de Irlanda e Ucrania. Sin embargo, gracias a nadie, sino al azar, el español ha tenido su edad de oro en este país y con seguridad la va a recuperar dentro de no mucho: una asociación de periodistas que se expresan en español, otra de escritores en español, muchas en otros dominios como pintura y el ámbito de cooperación bilateral. Todas, eso sí, son difuntas. Las mató la indiferencia, para no decir la complicidad compartida hispano-marroquí y una, imposible más abstracta, concepción de la dimensión cultural y lingüística del país.

Poco antes de una entrevista a el diario El País, el difunto rey Hassan II dijo a su director, Joaquín Estefanía: “Nunca trabajo con alguien que no habla española” antes de preguntar al traductor: “¿Cuantas escuelas de español había en Tetuán, por ejemplo, antes de la independencia de Marruecos en 1956 y cuantas quedan?”.

–      Hice todo mi posible para evitarlo… en vano, recalcó el difunto rey.

En efecto, todos sus hijos y sus hijas hablan el español, algunos como el actual rey, Mohamed VI y su hermano el príncipe Moulay Rachid, perfectamente… y no fue casualidad que casi todos los ministros de Asuntos exteriores en su época hablaran el español.

Total: excelentes escritores, según propios y extraños, más extraños que propios que se convierten en simples y casi irracionales traductores, poetas que optan por el árabe y muchos grandes talentos “hispanistas” que optan por la reconversión al francés. Tampoco faltan los que rechazan estas “soluciones” aferrándose a “su” español… aunque poco…muy poco rentable en este país y en su cuna. En vez de esto prefieren el no mans-land cultural y ante la indiferencia que roza la ingratitud de unos y otros pasan su vida exiliándose en “patrias-madres”… lingüísticas. Testarudos franco-tiradores del castellano que hacen de él una razón para su forma de ser y su manera de actuar. Muchos de ellos consideran que, por no merecerlo,  el español no debe pertenecer a España.

Y tienen razón… o casi.

Con 2, 3, 4 millones nadie sabe. Pero al escuchar a los propios españoles en los Cervantes del país, no superan la decena. Extraña aritmética que ilustra la fobia de quien difícilmente puede admitir que hay “moros” que saben más español que ellos.

Y si la lengua española ha resistido en Marruecos no fue gracias a los Cervantes, sino a los propios hispanistas marroquíes, auténticos francotiradores que no se cansan… no se cansarán porque saben que sin, ni uno ni otro… pasarán.