Campamentos de Tindouf Crece el interés por Marruecos y sus avances Khalil R’Guibi

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Atados a la vida mientras que sus hermanos viven su vida en Marruecos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

Nunca antes hubo tanto interés por las “cosas” de Marruecos, su rey y sus avances en todos los dominios. Tanto que las milicias del Polisario han tenido que reforzar con todos los medios en su poder, especialmente la represión, la amenaza y la coacción, desde hace semanas, sus dispositivos de chivatos y de delatores.
La gente pregunta por cosa, casos y “dónde estamos”. De tal modo que, como antes dicho, desde hace semanas, una simple frase de elogios a Marruecos puede conducir, con el beneplácito argelino a las mazmorras de Rabouni.
A pesar de lo cual la gente pregunta, se interesa y se preocupa por lo que se hace por allí” y lo que se hace “por aquí”.
Argelia y su Polisario temen el abismo y, como lo calificó un dirigente del Polisario “comparaciones atentatorias” alusión a la enorme diferencia en las marchas de Marruecos y de Argelia, “incomoda con la banda del Polisario en sus hombros”.
“No puede ir más lejos” comentaba un anciano para quien las “cargas inútiles como el Polisario” suelen causar la ruina de los que las hayan creado.
Marruecos, su presente, su futuro y su destino vuelve, pues, a acaparar la atenvcion en estos campamentos, donde la desconfianza, la desesperanza y la parquedad cunden de manera mortal.