Cañada o canallada   Desde Madrid Tarik El Mouhajjir

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Como viene habitual, en víspera de cada año nuevo se desea prosperidad, alegría y bla, bla bla .sin embargo este año 2017 va a ser un calvario para casi 2000 familias marroquíes habitantes de la cañada real de Rivas  Vaciamadrid, una población  de más de 70.000 almas. Localidad situada a unos 18 km de Madrid capital.

Corrían los años sesenta, cuando los primeros inmigrantes españoles se instalaron en esta ciudad. Lo que venía a ser un basurero a las afueras se convirtió en un pueblo. Con franco en el poder, se les permitió cultivar pequeñas huertas y se les concedió el permiso de construir casetas para las herramientas, en un terreno de pastoreo, frecuentado por cabras, chivos y vacas. Con el paso del tiempo, las casetas se transformaron en chalet y los huertos en parcelas con piscinas y hamacas. No fue hasta los años 2000, con el boom de la construcción y los precios inalcanzables para gran mayoría de los habitantes de Madrid, que los inmigrantes marroquíes se interesaron por esta zona. Empezó pues el regateo con quienes regentaban los terrenos que rápidamente vieron una ocasión de ingresar dinero vendiendo terreno que ante el silencio administrativo alegaban que no era de nadie. Y de ahí se junta el hambre con las ganas de comer. Unos buscando lo barato, y otros convertirse en burgueses. Unos y otros se forraron a costa de la miseria y la necesidad de cobijo para gran mayoría de los de ahí instalados. Marroquíes desalmados, compraron parcelas de 4000 metros cuadrados a españoles avispados y luego los revendieron en parcelas de 80 m a 8000€ cada una. El silencio y dejar hacer por parte de las administraciones implicadas en la zona reinaba por sus anchas. Interesaba en su momento por los presupuestos que administraban. Cuanto más habitantes, más dinero de dotación se exigía al estado.  Luz, agua gratis y no pagar impuestos era un reclamo más que ventajoso para que todo aquel supiera del tema se instalara ahí. Actualmente  la cañada se divide en sectores, ahí viven gitanos, rumanos, yunques, españoles y marroquíes. Y la casualidad ha hecho que justamente el sector de estos últimos tiene que sufrir derrumbe. Bien es verdad que pasa por el centro de Rivas, de ahí el terreno es muy goloso y ansiado por las constructoras. En su mayoría afines a los intereses de siempre. Aquí no salta ni la Gurtel, ni se airea las alfombras.!!!!!!      

Y era a finales del 2016 y casi en secreto, se firma un acuerdo de desalojo de casi el 80% de las casas. En su casi totalidad afectan a los marroquíes. Se da la paradoja que el ayuntamiento de Rivas, gobernado por Izquierda Unida desde los primeros comicios allá por los años ochenta, es, según las asociaciones de afectados, que más ha insistido en ello. Por todos los medios posibles ha hecho que la nueva ordenación afecte a esa inmensa  mayoría de habitantes. Se puede afirmar dicen los entendidos que el acuerdo se ha firmado paulatinamente según las exigencias del alcalde que siempre ha paralizado cualquier iniciativa. Se derrumbarán las casuchas y se mantendrán los chalets. Ni falta hace preguntarse a quién pertenece cada cual. No hay que olvidar que el ayuntamiento de Rivas, en su peculiaridad gran  parte de sus habitantes son de aquella izquierda  que apoya a los separatistas del pueblo Saharaui. Aún ansiosa de sacar la espina por la participación de aquellos engañados marroquíes en la guerra civil española. Se ve que la ley de la memoria histórica que ha impulsado el gobierno de la nación aún no ha llegado a Rivas o simplemente no afecta a los marroquíes. Sería bueno que alguien de aquí o de allí se lo acordara al alcalde y su equipo y se los  exigiera cumplir. La derecha rivense  sin embargo brilla por su ausencia. Ahogada en su lucha interna afirmamos que este problema afecta únicamente a quien lo padece. Ahora y en pleno frío casi 10.000 marroquíes- familias con niños escolarizados y todo- están con los nervios a flor de piel, no saben nada, nadie les dice nada, en cualquier momento escucharán el ruido de las máquinas y el derrumbe del ladrillo. No es la primera vez que se ha hecho. El marido en el trabajo y la mujer con los niños y algunos enseres en la calle viendo el derrumbe de su casa. La vida sigue y esta canallada continuará….