Cinco razones por las que Daesh no ataca a Israel  Ana Garralda

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Un soldado israelí sobre un tanque situado en la frontera con Líbano. (Jack Guez/AFP/Getty Images)

¿Cuáles son las causas que hacen que un ataque del Estado Islámico a Israel sea improbable?

Desde que miembros de Daesh en Irak y Siria proclamaran el Califato en junio de 2014, miles de personas han sido asesinadas en estos dos países aprovechándose de su condición de Estados fallidos o en descomposición.

Tras controlar una parte importante de su territorio y del incremento de la campaña militar a partir de bombardeos aéreos por parte de Estados Unidos, Francia, Turquía y Rusia, el grupo yihadista ha modificado su estrategia: la ofensiva ahora también es exterior.

En un lapso de apenas dos semanas han logrado perpetrar tres atentados de gran magnitud. El primero, introduciendo un artefacto explosivo en un avión civil ruso que sobrevolaba la Península del Sinaí, matando a 224 turistas que volvían a San Petersburgo. El segundo, infiltrando a dos terroristas suicidas en un barrio del sur de Beirut –feudo tradicional del movimiento chií radical Hezbolá, que lucha junto al régimen de Bashar al Asad– matando a 42 personas. Y el tercero, llevando a cabo un sofisticado atentado múltiple contra objetivos civiles en París, acabando con la vida de 130 personas e hiriendo de diversa consideración a casi un millar.

En el marco de este nuevo modus operandi cabría pensar que uno de los objetivos prioritarios de Daesh dentro de la región fuera perpetrar algún tipo de ataque o atentado contra Israel, algo que sin duda le proporcionaría prestigio entre sus militantes y simpatizantes. Sin embargo, no parece que el ejecutivo de Benjamín Netanyahu conceda una especial relevancia a esta amenaza. Al menos hay cinco razones que apuntan a que se trata de un escenario improbable:

Daesh tiene otras prioridades

Cuando alguna vez se ha preguntado a milicianos del grupo yihadista por qué no han atacado a Israel en vez de matar a otros musulmanes en Siria e Irak, sus portavoces han señalado que se trata de una cuestión táctica. Es decir, el objetivo no es evitar la confrontación con el país vecino, sino postergarla en el tiempo. Para ello proporcionan argumentaciones teológicas –el Corán les conmina a luchar contra los hipócritas, porque éstos son mucho más peligrosos que aquellos que ya de por sí son herejes– así como ejemplos históricos. Enfatizan cómo el primer Califa Abu Baker combatió primero contra aquellos que se rebelaban contra la fe verdadera, y cómo Saladino acabó con los chiíes de Egipto antes de emprender la conquista de Jerusalén.

Igualmente, según su interpretación escatológica de la historia, Daesh se enfrentará primero a los ejércitos de “Roma” (entendida como Occidente), que serán derrotados en “Dabiq” (enclave cercano a Aleppo de gran simbolismo apocalíptico, que además da nombre a su publicación mensual en inglés). La llegada del “Mahdi” (figura mesiánica que comandará a los musulmanes hasta la victoria, coincidiendo con el final de los tiempos) hará que la batalla de Dabiq se convierta en el Waterloo de Occidente y tras la posterior conquista de Estambul llegará un último enfrentamiento contra el enemigo liderado por “Dayal” (dirigente alegórico procedente del este de Irán) que se librará en Jerusalén.

Israel ha optado por la contención

A pesar de los gestos de solidaridad por parte del primer ministro israelí hacia los presidentes Vladímir Putin y Francois Hollande después de que tuvieran lugar los últimos atentados –para Netanyahu Israel es el último bastión de Occidente en Oriente y único muro de contención frente al islamismo radical– parece poco probable que la coalición internacional que está intentado vertebrar Francia vaya a desear la incorporación de Israel. Pues una eventual participación israelí podría alienar a algunos de los aliados árabes –como Jordania, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Catar– que podrían verse obligados a escindirse de la coalición debido a la presión de sus respectivas opiniones públicas.

Así, de la misma forma que durante la guerra del Golfo en 1991 las potencias occidentales pidieron a Israel que se mantuviera al margen –a pesar de convertirse en objetivo de una treintena de cohetes Scud– ahora igualmente prefieren que no intervenga en la actual coyuntura. Asimismo, parece que la cúpula política y militar israelí está cómoda viendo cómo suníes y chiíes se desgastan mutuamente, limitándose a efectuar algún ataque aéreo “quirúrgico” contra supuestos envíos de armas sofisticadas a la milicia libanesa Hezbolá, así como a responder con artillería ante la caída esporádica de algún proyectil errático en los Altos del Golán (en este caso atacando posiciones del Ejército regular sirio al que responsabilizan de la seguridad transfronteriza).

Asimetría de capacidades militares

A los milicianos de la filial de Daesh en la Península del Sinaí, Wilayat Sinai (organización sucesora de Ansar Beit Al Madis) les gustaría probablemente disponer de cohetes antitanque o sistemas antiaéreos con los que atacar alguno de los blindados o helicópteros israelíes que patrullan su frontera con Egipto. De momento, no es el caso. Aunque en Irak el grupo yihadista ¨madre¨ pueda haberse hecho con alguna pieza de artillería e incluso con carros de combate requisados al Ejército regular iraquí, en el caso del Sinaí los terroristas cuentan con unas capacidades militares mucho más limitadas (a pesar del armamento conseguido gracias al tráfico de armas desde la caótica Libia) que dentro del territorio gestionado por el autoproclamado Califato, siendo además constantemente acosados por el Ejército egipcio.

Del otro lado, además están las Fuerzas Armadas de Israel (Tsahal), el Ejército mejor equipado de la región que cuenta con tecnología mucho más avanzada, ya sea a la hora de poder interceptar en el aire algún cohete tierra-tierra del tipo de los que lanza Hamás desde la Franja de Gaza o de utilizar aviones no tripulados para neutralizar cualquier tipo de amenaza transfronteriza. Además, no es descabellado pensar que hoy Israel incluso podría obtener el permiso necesario para entrar en el espacio aéreo egipcio con sus cazabombarderos, dadas las buenas relaciones con el actual régimen militar de El Cairo, liderado por el general  Abdel Fatah al Sisi.

Mejor servicio de inteligencia

Además de multiplicar con creces sus capacidades militares, Israel dispone también de unos servicios de información –tanto civiles (Mossad) como militares (Aman)– que le confieren una amplia ventaja comparativa frente a su potencial enemigo. El sofisticado aparato de inteligencia israelí cuenta con un amplio elenco de medios humanos y tecnológicos como los drones -con gran autonomía de vuelo- o los globos aerostáticos – con cámaras de alta resolución- en puntos estratégicos de la frontera a través de los cuales pueden detectar las posibles amenazas, sean diurnas o nocturnas.

Por su parte, los efectivos de Daesh carecen, de momento, de este tipo de tecnología. Además su principal herramienta de comunicación son las redes sociales, donde tantos los servicios de inteligencia interior (Shabak) como algunas empresas privadas especializadas en ciberseguridad (Terrogence, entre otras) realizan un monitoreo constante de todos los mensajes que por ellas circulan de cara a actuar con anticipación.

El principio de los enemigos comunes

La quinta razón, quizás la más importante, sería la aplicación del aforismo que dice que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. En este sentido tanto Daesh como Israel comparten una serie de enemigos comunes –el principal de ellos la República Islámica de Irán-,  pero también otros como el régimen de Asad en Siria, el movimiento chií Hezbolá en Líbano, las milicias chiíes en Irak o la Hermandad Musulmana en Egipto– que desincentiva el enfrentamiento directo, al menos en el actual contexto.

No obstante, los mandos militares israelíes advierten a menudo de que el país no puede bajar la guardia dado que Daesh ha señalado “al Estado de los judíos” en alguno de sus comunicados (en ocasiones también metiendo en el mismo saco a los palestinos de Fatah e incluso a los afiliados a Hamás como ocurriera en el vídeo difundido el pasado 11 de noviembre).

Por otra parte, los políticos israelíes de derechas saben que el grupo yihadista es un enemigo difuso ideal tanto para argumentar que si hubieran devuelto el Golán a Siria en estos momentos estarían directamente amenazados por Daesh, como para justificar que no pueden retirarse de Cisjordania en cuanto que ese movimiento provocaría un vacío de poder que sería ocupado por los terroristas (lo que, por otro lado, sería improbable dado que no lo permitirían ni la Autoridad Nacional Palestina ni tampoco la milicia islamista Hamás).