Crónica desde Tinduf Assa-Zag: Khalil Rguibi Polisario: Exilio voluntario

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Atados a la vida, mientras que otros viven. Siervos en tier'ra de los demàs cuando ellos tienen tierra, familia, pais y amor de su pueblo en Marruecos

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 mese en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

 La frase “la patria es clemente y misericordiosa” había tenido el efecto de un seísmo en los campamentos, más concretamente entre la dirección del Frente.

Desde aquél día,  esta dirección impuso una campaña de intoxicación dentro y fuera, destinada a contrarrestar los valores de la frase pronunciada por el difunto rey Hassan II y a la que, dicho sea de paso, en menos de tres meses una decena de altos cargos del Frente regresaron a Marruecos.

Se trataba de desviar el contenido de aquella frase real en una especie de tergiversación del carácter de un exilio absolutamente voluntario a otro forzoso y forzado. Las puertas de la patria (Marruecos) estaban abiertas y ello constituía la más mortal de las inquietudes para el sueno separatista del Polisario.

En España el Polisario casi no tuvo rival en la campana de tergiversación al respecto ya que Marruecos nunca hizo el menor esfuerzo para explicar la noble frase real. De tal manera que las asociaciones pro Polisario pusieron manos a la obra, comenzando a propagar la tesis polisarista en el sentido de que la población en los campamentos de Tinduf era perseguida y a la que estaba proscrito el retomo a su tierra y a su familia. La clemencia y la misericordia de la patria derribaban el sentido de tal propaganda y se extendía hasta a los que hayan incurrido en errores contra esta patria. El perdón era general y comenzaba a encontrar oídos receptivos entre miles de familias en los campamentos.

Pero, desgraciadamente, como siempre fue el caso, Marruecos comenzaba una estrategia y nunca la seguía ni la profundizaba. Si volvemos a las estadísticas de la época, encontramos que más de 700 familias con todos sus miembros abandonaron, a veces, de manera espectacular, los campamentos regresando o bien a Marruecos o instalándose en territorio mauritano en espera dela buena ocasión para regresar a su país.