Crónica desde Tinduf Campamentos de Tindouf: 41 años de soledad Khalil R’guibi 

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Crece el descontento y la crispacion en los campamentos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 mese en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

Durante mis últimas semanas en los campamentos de Tindouf me preguntaba y volvía a atormentarme con preguntas si estos son los saharauis que yo conocía y que mis padres y abuelos me habían contado.
¿Tantos estragos ha causado la represión, el totalitarismo y la coacción  argelinas con procuración a unos verdugos polisaristas?
Resulta que no pocas familias han perdido a sus miembros de manera más que sospechosa en las mazmorras y en las prisiones que proliferan en Tindouf, unas conocidas, la mayoría secretas. Pero resulta que casi nadie ha dicho esta boca es mía. Y yo me preguntaba si era aquella mi gente que en su lengua (Al hassania) no existe el término de señor. Madres que lloran en silencio, padres que padecen fingiendo y la casi totalidad de los pocos que son realmente oriundos del ex Sahara español viviendo en una enorme prisión en la que algunos de los guardianes les habían dicho que eran sus hermanos.
Lo contaron a las mil y una asociación española de “solidaridad con el pueblo saharaui”, lo volvieron a contar a quien era rubio y con ojos azules. Parecía como si su indiferencia y su desprecio eran impermeables a las lagrimas y al sudor de sufrimiento de aquellos pobres “refugiadizados” a pesar de ellos que van sirviendo de muestras para la mendicidad y para el robo de la ayuda humanitaria internacional cuando eran señores en su Layun, Smara o Dakhla.
Pero ellos se cansaron esperando el despertar de una conciencia agonizante que no parece capaz de despertarse. Pero ellos saben que su tierra natal les espera y que a su país (Marruecos) nada les gustaría más que su vuelta a la patria madre. Pero ellos se cansaron de…. Ver a otros contar sus ingresos de su drama y repartirlos con otros verdugos con uniforme del Ejército popular argelino.
Pero ellos… ellos… a ellos se les ha acabado el aliento. Solo tienen ojos para llorar y lengua para repetir La haula ua la kuata ilabillah (No hay fuerza y potencia màs que de Dios).