Crónica desde Tinduf Guerguerat: Otra marcha atrás del Polisario y la risa disimulada en los campamentos Khalil R’Guibi

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Atados a la vida, mientras que otros viven. Siervos en tier'ra de los demàs cuando ellos tienen tierra, familia, pais y amor de su pueblo en Marruecos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 mese en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

En los campamentos se comenta con un fino sentido de humor, casi sin sonrisa pero con muecas, la reciente marcha atrás del Polisario que, después de jurar “no abandonar nunca Guerguierat” amanece con las orejas agachadas y para el consumo local afirma “querer cooperar con Naciones Unidas”. Lo cierto es que afirma casi murmurando que “está depuesto a cooperar con la ONU y va a retirar sus hordas de la zona.
El Hazmereir de todos…
En los campamentos, aunque la cúpula de la banda no lo cree, nadie es tonto. Los comentarios son para todos los gustos “Ahora deben jurar no abandonar nunca estos campamentos”, comentaba un anciano.
En todo caso, la gente se pregunta por las mentiras que hiz circular el Polisario durante la estancia de su “presidente” argelinizado, Brahim El Ghali a Nueva York. Ahora parece que le han tirado las orejas y le han advertido que de dejar sus hordas en la zona la va a ver con el organismo mundial.
Total, según los rumores en los campamentos basto una breve consulta con los amos argelinos para que éstos les respondieran: “nosotros también tenemos nuestros problemas. ¿Todo lo debemos resolver nosotros?
Ya conocen la respuesta de un siervo a su señor: “Si señor…” en voz baja y en minúscula. Ante el Señor no se eleva la voz, ni siquiera se habla de manera normal.
Ahora… otro cuento…otra historia, que en los campamentos no tienen nada que hacer que escuchar estas pesadillas con gusto polisarista.