Crónica desde Tinduf  Khalil R’Guibi España: La quinta columna polisarista

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Atados a la vida, mientras que otros viven. Siervos en tier'ra de los demàs cuando ellos tienen tierra, familia, pais y amor de su pueblo en Marruecos

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 mese en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

El titulo de nuestra crónica de hoy puede parecer un poco exagerado o cuando menos estereotipado. No. Así figuran en los ficheros españoles los “militantes” del Polisario en España, tanto los saharauis como sus asalariados españoles, especialmente de la izquierda española.
Las autoridades españolas nunca se sintieron cómodas con la presencia argelino-polisarista en territorio español, de donde en 41 anos nunca un gobierno español de la ideología que fuera haya cambiado un ápice la postura del país respecto a la cuestión del Sahara.
Los constantes contactos que rozan la complicidad del Polisario con sus homólogos, los movimientos separatistas en el país Vasco, Cataluña y hasta en Canarias no solo inquietan a las autoridades locales, sino irritan a muchas de ellas. En La Moncloa, aunque nunca se revelará, nadie ignora que el separatismo es uno e indivisible y la banda del Polisario no es justamente lo que le pueda inspirar confianza. De esta manera a cambio de las amenazas económicas de Argelia ( especialmente Repsol), la Moncloa enarbola la posibilidad de publicar los documentos que relatan la realidad de la cuestión del Sahara y su retroceso a Marruecos, que como, diría Hassan Alauí, con la muerte de Franco, Marruecos recuperó su Sahara y España la democracia.