DEL LOCO/SABIO EN LA LITERATURA MARROQUI EN LENGUA ESPANOLA por Abdellatif LIMAMI Facultad de Letras Dhar El Mahraz (Fez) II

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Mohamed Chakor el embajador del hispmanismo marroqui en Espana y en el mundo
Las peroratas de Sidi Alal Chupira de Mohamed Chakor 1 empieza con una nota muy sugerente sobre la locura, sacada de la obra de Unamuno:
“La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del  sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio” 2
En el mismo sentido, el filósofo y pensador francés Pascal define así la relación tan natural que relaciona todo ser humano con la locura en la vida cotidiana:
“Les hommes sont si nécessairement”
por Abdellatif LIMAMI
Facultad de Letras Dhar El Mahraz (Fez)
Analizando la figura del loco Moncada  en El zorro de arriba y el zorro de abajo de J.M. Arguedas, el crítico peruano Antonio Cornejo Polar afirma que los insólitos discursos de este personaje, que la gente escucha con humor o con indignación y casi siempre con la inquietud propia del enfrentamiento a una verdad profunda , representran una “suerte de espejo” en el que la realidad queda reflejada de la única manera posible: “paralógicamente”.10. Estos discursos , sintetiza el crítico, representan la “verbalizada conciencia” del puerto de Chimbote.11
En este artículo, procuraremos tratar este tema del loco/sabio partiendo de unos relatos muy representativos de la literatura marroquí en lengua española. Así, analizaremos, con más o menos detalles -según la naturaleza del tema y su extensión en estos  relatos: Las peroratas de Sidi Alal Chupira y La mujer que se escapó de la muerte de Mohamed Chakor; La proscrita de Abdul-latif Jatib y Zuleija o la historia del loco del cabo de Mohammed Temsamani.
Estos relatos aparecieron  respectivamente en Antología de relatos marroquíes de Mohamed Chakor y Jacinto López Gorgé, obra publicada en Granada en l985 con “casi” un prólogo de Antonio Gala y La llave y otros relato12 de Mohamed Chakor, obra publicada en l992 con un prólogo de Manuel Ruiz Lagos de la Universidad de Sevilla.
Volviendo al relato de Mohamed Chakor (Las peroratas de Sidi Alal Chupira), notamos desde el principio que el nombre completo del personaje es muy significativo y revelador. Está compuesto por tres partículas: “Sidi” (título honorífico), “Alal ” (nombre propio) y “Chupira ” (un remoquete).
El aspecto algo especial y específico del personaje queda así puesto de relieve a partir de la identidad que el personaje lleva en el relato y cuyas características son las siguientes:
  1. Ausencia de un apellido que hace de él un vagabundo y un ser desprovisto de una identidad familiar, y por consiguiente social.
  2. Utilización del nombre propio pegado siempre al título “Sidi” que se da -en las sociedades árabes- a personas que descienden de la familia del profeta, a miembros de familias cuyo linaje es distinguido y muy selecto, a gente adinerada o a personas que inspiran mucho respeto (por su sabiduría, por su edad…)13
3 Utilización de términos como “loco”, “santo disfrazado”, “Meydub” , “Charlatán inofensivo” l4 o del remoquete “chupira” que implican casi todos la identidad de un ser que sale de lo normal, con características algo ambiguas que oscilan entre la santidad y la “locura”.
El aspecto exterior del personaje pone todavía más de relieve esta naturaleza pintoresca, exhuberante y fuera de lo común: un caftán verde “símbolo de santidad”dice el narrador-15; “un chamir albura enrrollado alrededor de un gorro rojo16; “una babucha amarilla”;” ; ” un estuche plateado de rape”7 en las manos.Además, el personaje “se pintaba los ojos con cohol” y ” se teñía la barba  con la asfa”17
Este aspecto coloreado (el blanco, el rojo, el amarillo,el negro…) y los casi cuarenta años de edad que tiene el personaje le dan -según el narrador- el aspecto de un profeta y hacen de él un ser muy atractivo y muy llamativo:
“Todo lo dicho -señala el narrador refiriéndose a este aspecto exterior del personaje- le daba un aire distinguido y respetable”18
  1. La impresión final que deja para unos como para otros es la de un loco de atar”, de “un santo disfrazado” o de “un extraño personaje quien debido a sus incongruencias atrajo la atención de todos19.
Al origen de estas incongruencias, se habla en el relato de las brujerías de una adúltera y de una historia de un amor no correspondido. Pero también -y sobre todo- de la tragedia de Palestina donde -según Sidi Alal Chupira- “prostituyen nuestros sacrosantos valores”20. Era -dirá  el narrador- una época de crisis que dio lugar a una “infinidad de agoreros, casandras y meyedubes vaticinando los más aciagos eventos 21.
Así pasamos del “mozo apuesto, inteligente, trabajador y piadoso” que era antes, a un personaje “carnavalesco” y “misterioso” que desarrolla un discurso muy particular en el presente de la narración.
En otro relato del mismo autor (La mujer que se escapó de la muerte), reaparece este tipo de personajes encarnado por Hayat (o vida); una mujer cuya existencia parte de una suma de espacios y tiempos inimaginables que hacen de ella un personaje mítico:
“Hayat -dice el narrador- vivió muchísimos años, durante un período inimaginable, libre de la servidumbre del tiempo y del espacio. En ese fantástico oasis sideral, donde reina una eterna primavera, no se conocen vejez ni muerte, ni miseria ni opulencia, ni infelicidad ni desamor”22
El espacio mítico en cuestión es “Biolandia”; un lugar que rompe con la linealidad temporal ( considerada como espejismo ) y que está situado en “los confines del cielo y de la tierra, no muy lejos de la encrucijada de la luz y de las tinieblas”23.
De los pocos aspectos que sobresalen de su retrato, Hayat aparece como una “mujer inteligente, culta y guapa” con una “voz dulce”, un “tono persuasivo”, y un “estilo poético y sentencioso”. El personaje aparece vestido con una túnica verde y un velo de gasa blanco que le cubre el rostro24. Esta descripción trae al recuerdo el aspecto profético y la santidad de Sidi Alal Chupira.
Boicoteada por los medios de comunicación por el discurso poco ortodoxo que protagoniza y por ser una “peligrosa agitadora profesional“25, será considerada como “mediobruja o semidiosa”. Pero, su infinita sabiduría, su habilidad y su clarividencia la colocan -como lo afirma el narrador- “por encima de las mentes más privilegiadas de nuestra especie”26
 A la misma categoría de personajes pertenece Rahma en el relato de Abdul-latif Jatib titulado La proscrita.
El nombre del personaje -afirma el narrador- “suena como el sofocado grito desesperado que implora clemencia al Sumo Hacedor”27; y su belleza juvenil contrasta en el presente de la narración con su vejez, su estado inválido y su condición de ser que vive de la caridad de los viadantes y romeros28. El propio título del relato (La proscrita),  hace hincapié sobre su marginalidad y exclusión de la sociedad. Su mayor pecado no era más que su extrema belleza que le costó el odio de los hombres y la envidia de la mujeres que le atribuían un maléfico influjo:
(Continuara)

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