En voz alta De la “Comuna de París” a la “Comuna de Tarfaya”: Marcha verde: Una  lección de historia

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No era solo 350 000 marroquíes, grandes y pequeños, mujeres y hombres, ricos y pobres, fuertes y débiles, poderosos e impotentes, sino una lección de historia que pocos se han atrevido a leer o a aprender.

La Marcha verde era esto: ni primera clase, ni platos a diferentes precios ni alojamientos de estrellas. Era la igualdad… la solidaridad… el amor y la esperanza, marchando y haciendo camino, pensando en mil cosas: en el hoy, en el mañana en lo que debimos ser y no somos… en los partidos políticos que se disolvieron en el océano patriótico y en un día, añorado que nunca llegó.

Marchamos y marcharemos, porque somos así, y siempre seremos así: a fieles a la cita de la historia y a los imperativos de la nación.

La marcha verde se ha concebido para liberar territorios, pero también y sobre todo personas, en las provincias del sur y en las del norte. En todo Marruecos. Unir y orientar. Liberar y emancipar. Saludar y querer. La Marcha verde era todo… especialmente el amor al prójimo, la cultura de solidaridad y el verdadero amor a la patria y no a sus privilegios.

Por ello marchamos… confiados en el futuro que nos defraudó y en los hombres que nos decepcionaron. Queríamos ser mejor… más grandes y más aptos a emprender las aventuras de la mundialización y de la globalización… queríamos defender a nuestro país y decir al mundo entero que la Marcha verde no se hizo en vano. Se ha hecho para que sus resultados sean una lección y un ejemplo.

Los que ven las imágenes hoy de aquella epopeya, porque lo fue real y meritoriamente, piensan, como yo… como miles de marroquíes, que este pueblo merece más y mejor.