Españoles en Marruecos, todas las mafias en una  Por Hassan Achahbar Fuente: Agencia Notilamar

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Cuentan que un joven recluta español, salvado del “Desastre de Anual” de julio de 1921, gritó al desembarcar en Málaga “Viva el mar”. Y a quienes le preguntaron ¿por qué?, respondió: “sin el mar los moros ya estarían llegando a Madrid”.
  Un siglo después de aquel doloroso episodio, otras escaramuzas como la de 2002 demuestran que los españoles solo entienden del garrote y que un poco de historia no vendría mal para advertir a sus ejércitos de cruzados y al coro de sus petulantes periodistas anti-moro, magistrados de pacotilla y a cuanto agentes más.
 También allá por los años 70, llegaba a Tánger un novel corresponsal de prensa oficial española, quien, maravillado, exclamó: ¡qué bello país, lástima que sea de los moros”. Hemos aquí el típico pensamiento residual de la inquisición que todavía anida en la mente colectiva de los inadaptados.
  Hoy, nadie se traga el sapo de la libertad de prensa española cuyas peores hienas son sin lugar a duda unos amargados corresponsales o excorresponsales, algunos hasta unidos por lazos de sangre al país. A ellos también les sugerimos que vuelvan a repasar la Historia.
 El destino lo quiso y los vecinos de ambas orillas del Estrecho deben estar agradecidos por ello. Gracias a este charco, ambos se han mantenido a raya durante muchos siglos, salvo en ocasión de las temerarias aventuras militares españolas que por lo demás costaron carísimo.
 Durante los años previos a la “Batalla de los Tres Reyes”, de agosto de 1578 en Alcazarquivir, el rey de España Felipe II, a pesar del poderío de sus ejércitos, se abstuvo de intervenir militarmente, aunque apoyó logística, material y financieramente la empresa de su intrépido sobrino portugués, Dom Sebastián. Salió ganando. Hizo valer luego sus derechos sucesorios al trono de Portugal para unificar bajo su corona a toda la Península ibérica, manteniendo siempre una relación de respeto con el Sultán de Marruecos, Ahmed Al-Mansur.
 Hay otra lección que deben sacar del atrevimiento de Dom Sebastian, quienes hoy incurren en el irrespeto de Marruecos. La derrota del rey portugués en Alcazarquivir también lo fue del clero jesuita que había influido tanto en el joven monarca inculcándole el espíritu cruzado, ese mismo espíritu que, paradójicamente, vuelve a manifestarse en ciertas parroquias españolas.
 Desde la Marcha Verde en 1975, el juego macabro de los pandilleros españoles ha sido siempre el de todas las mafias. Los grupos españoles, llámense como se llamen, actúan como insaciables hienas, gruñendo y chasqueando los dientes esperando ver caer a la presa.
  De hecho, no existe otro país en el mundo que enciende tanto las pasiones de los españoles. Desde autoridades, políticos, jueces, fiscales, diputados y diputaciones, hasta eclesiásticos y cuantos más agentes, todas las mafias en una, se quieren ensañar con Marruecos. El conflicto del Sahara sirve a/y para todos los gustos.