Fin de Trayecto DONALD TRUMP:¡Sálvese quien pueda¡ Imrani El Idrissi Hamid

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El Imrani El Idrissi Hamid

Si renombrados psiqmiduiatras y profesionales de la salud mental no pueden hacer juicios de valor sobre las personas que no han sido tratadas directa y profesionalmente, o si aún haciéndolo, responden a juramentos hipocráticos de no develarlos públicamente, no seré yo quien opine sobre la posible alteración mental del presidente americano.

Lo que sí puedo opinar es que cuando un sujeto se encumbra en un cargo, el ser humano que queda por debajo es imposible que permanezca siendo el mismo. La “locura” del poder, empezará a transformarle bajo los focos, el protagonismo y sus incondicionales seguidores. La mayoría de sus conciudadanos han ubicado a Trump en lo alto del pedestal, igual que ocurrió con Hitler.  Sólo cuando el sujeto se sienta cómodo en esta situación, llegará a pensar que está ahí por méritos propios y empezará  a tomar decisiones desde su megalomanía  y el “insustituible”  o “el elegido” no permitirá críticas de sus detractores, e incluso de sus asesores, pues siempre pensará que sus decisiones son las correctas.

Este breve análisis es extensible a toda aquella persona que alcanza poder y no es capaz de manejarlo. Pero cuando las consecuencias de los actos no se limitan a una empresa, o a un grupo asociativo, sino que sus “hazañas” repercutirán al resto de los habitantes del planeta, sin duda hay que considerar, muy seriamente, las consecuencias.

Las “bravuconadas” de Donald Trump  hacia Kim Jong-un, presidente de Corea del Norte, otro megalómano, podría haber traído consigo graves consecuencias mundiales. La decisión de “judializar” Jerusalén, otro reto a la cordura y otro desafío a la estabilidad- inestable de la situación.

Desde su ´sentirse por encima de los demás´ muchas veces ha tenido que desmentir su racismo y su xenofobia, porque no son buenos argumentos de campaña, mas no puede evitar que emerjan automáticamente ante su agitación, imprudencia e impulsividad.

El tema ha resurgido en los últimos días tras la publicación del controvertido libro del periodista  Michael Wofff, “Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump” y donde se pone en tela de juicio la salud mental del presidente, planteándose un posible deterioro cognitivo del mismo. Repite las mismas frases mecánicamente cada diez minutos, con intención de no olvidarlas.

Como antecedentes, Ronald Reagan (Presidente de EEUU del  1981 a 1989) que murió cinco años después de ser diagnosticado de Alzheimer. En España, el presidente en la transición, Adolfo Suárez (1976-1981), tuvo que mantenerse fuera del ámbito político y después de la vida pública, tras el mismo diagnóstico.

“En virtud de la enmienda 25 de la Constitución de Estados Unidos, si se considera que el presidente es “incapaz de ejercer los derechos y obligaciones de su cargo”, el vicepresidente tomaría el puesto”.  Este artículo nunca ha tenido que aplicarse, pero lo curioso, analizo, es que tendrían que responder a graves trastornos conductuales del tipo brotes psicóticos o manifestaciones alteradas de la conducta,  pero que no responderían a graves decisiones políticas por parte del presidente.

Y en esto nos encontramos.

Las personalidades de los líderes políticos muchas veces caracterizadas por el fanatismo, la ambición y la intolerancia, no son causa justificable para su destitución.

¿¡ El líder ideal ¡? Terreno farragoso donde los haya. Los líderes además son referentes a nivel social, y su ética o falta de la misma es trasladada a la población.

En estos momentos, lo triste es decir que la inmensa mayoría de la dirigencia política adolece de criterios éticos, con desprecio y violación a los derechos de los demás, con engaño y manipulación como recursos más frecuentes para obtener sus deseos, su placer o su provecho. Conductas juzgadas por ellos como necesarias, inevitables y supeditadas a un plan previsto, que terminan, como la historia nos demuestra, convirtiéndose en la peor de las decisiones. Podemos poner como ejemplo la invasión militar a Irak, con la excusa de su posesión de armas de destrucción masiva, mantra repetido hasta la saciedad por los gobernantes de EEUU, con W. Bush comandando,  Gran Bretaña de Blair  y España de Aznar, y que lejos de solucionar ha dejado tras de sí miles de muertes y millones de dólares gastados. Claro que en estos conflictos siempre salen enriquecidos otros en la sombra…

Otra característica que lamentablemente se repite en la clase política es poder arrimarse sin pudor alguno hacia lo que interese, aceptando colaborar con fórmulas antidemocráticas si “el fin justifica los medios”

Donald Trump personifica muchas de las características de lo que NO debe ser un dirigente, pero ahí lo tenemos, elegido democráticamente y presidiendo una de las más poderosas potencias mundiales, con el poder en sus manos de hacer y deshacer a antojo cuestiones que pueden competer a la misma humanidad. 

Solo me queda gritar: ¡Sálvese quien pueda¡