Guerguerat  Parto del monte Nabil Loukili

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nabil

Patética y a la par chocarrera fue la tolvanera que levantó el Polisario y los detentadores del poder en Argelia tras los incidentes de Guergarat.

 La reacción de los separatistas y la campaña propagandísticaque montaron,incitados y respaldados a ultranza por nuestros medios hermanos del este y su maquinaria mediática, denota una crasa ineptitud tanto política como estratégica en la gestión del conflicto con Marruecos. Después de las sucesivas estacadas diplomáticas que asestó el Rey Mohammed VI al Polisario al reincorporar a Marruecosa la Unión Africana y la gira que dio por muchos países subsaharianos en un claro y certero intento de recabar apoyo a la causa marroquí y la lucha por la integridad territorial del país, los separatistas precisaban de cualquier incidente por nimio e irrisorio que fuera para sacarse la espinita que les había clavado Marruecos. Los acontecimientos de Guergarat les vinieron como agua de mayo (aunque en el Sáhara es insólito que llueva en este mes del año) a los secesionistas anunciando a los cuatro vientos una inexistente batalla contra el ejército marroquí y una clara y arrolladora victoria de sus huestes mercedarias. Cuando en realidad la retirada de las tropas marroquíes de aquella zona conflictiva, que era en puridad un barril de explosivos a dos dedos de detonarse, por orden del monarca marroquí revela otra vez más la clarividencia y altura de miras con las que procede este en el manejo del litigio por la soberanía sobre el Sáhara marroquí. Este proceder, en sumo grado suspicaz, puso en berlina al frente del Polisario y a su enclenque padrino convirtiéndoles en el blanco de críticas y mofas no sólo a escala nacional sino también internacional. Diplomáticamente hablando, Marruecos ha conseguido otra victoria sobre los separatistas y ha dado otro paso en su largo recorrido por solventar el contencioso. Imaginémonos el escenario de los hechos si el monarca hubiera dado orden a sus tropas de arrasar a las mesnadas del Polisario. Nada más fácil y rápido que acabar con esos cuatro gatos en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo las consecuencias que de ello hubieran resultado ningún analista los podría prever. El conflicto hubiera tomado un derrotero que degeneraría en una posible guerra con la misma Argelia. Cosa que los militares, con el títere Boutaflika a la cabeza, venían deseando ansiosamente desde la deshonrosa derrota que les infligió el ejército del difunto Hassan II en las postrimerías de los años sesenta. Los generales argelinos se muerden las manos por cualquier roce con el ejército marroquí que les permita vengarse su honra mancillada por Marruecos en aquellas calendas. El tiro, afortunadamente, les salió por la culata a los generales de Argel y de paso a sus monigotes mercedarios y el monarca marroquí actuó con premura y eficacia cortándoles el paso a los apóstoles de la guerra y los amantes del derramamiento de sangre. Ojalá esta vez los estólidos vecinos y hermanos nuestros aprendan la lección y dejen de hacer el ganso porque al fin y al acabo todo el follón mediático que armaron acabó siendo parto del monte…