JAVIER VALENZUELA “LA ÍNSULA BARATARIA” ESTAMPAS DE UNA ESPAÑA DESNORTADA

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Javier Valenzuela

CAPÍTULO 42

EL OXÍGENO DE LAS AMÉRICAS

 

 En  estos  tiempos  en  que  miles  de  españoles  viajan  a América Latina en busca de trabajo, recuerdo con tristeza los mezquinos comentarios con que algunos de nuestros compatriotas –pocos, ciertamente, pero vocingleros y mal encarados- estigmatizaban hace apenas un lustro a los extranjeros que llegaban aquí a hacer exactamente lo mismo. Ecuatorianos y dominicanos, rumanos y marroquíes, decían esos tipejos, desembarcaban en España para robarle el empleo a los nativos y abusar de sus servicios escolares y sanitarios. Pues bien, ¿nos gustaría que hoy se tratara así a aquellos de nuestros hijos o hermanos que van a México, Chile o Ecuador para intentar encontrar el ganapán mínimamente digno que España no puede asegurarles? Sin duda no nos gustaría.

América Latina es tan generosa que, afortunadamente, no se escuchan allí esos reproches de taberna facha. Contamos con numerosos testimonios de españoles que informan de la naturalidad y simpatía con que mexicanos, chilenos, ecuatorianos, colombianos o venezolanos reciben a los nuevos  emigrantes  españoles.  Tendrán  o  no  trabajo que ofrecerles, que en esos países tampoco se atan los perros con longanizas, pero la recepción es, desde luego, fraternal.  Como en tantos otros momentos de la historia de la América Latina independiente.

  En este número de tintaLibre, Héctor Abad Faciolince publica la maravillosa carta de amor a la relación hispanoamericana que leyó hace tres años en Madrid, con motivo del festival Viva América. Lamentaba entonces el periodista colombiano ese aire de nuevo conquistador jactancioso que cierta España había adoptado en relación a América Latina, y recordaba que un sentimiento semejante jamás se había hecho camino en la otra orilla del Atlántico. Esas reflexiones son aún más vigentes con la caída de España en una profunda crisis, uno de cuyos corolarios es que América Latina vuelve a ser tierra de promisión.

 Es curioso: mi generación trabajó muy duramente para incorporar España a Europa, pero ahora una Europa crecientemente germanizada se está convirtiendo en un  corsé insufrible. De ahí nos vienen reproches no siempre justificados y exigencias despiadadas. En cambio, el oxígeno nos llega mayormente de las Américas. De un Estados Unidos que propone políticas económicas expansivas, políticas que promuevan el crecimiento y el empleo y no ahoguen al enfermo con una austeridad fundamentalista. Y de una América Latina que mantiene sus puertas abiertas a nuestros emigrantes jóvenes o veteranos… y a nuestros artistas, como narra magníficamente El símbolo y el cuate, el documental de Francesc Relea sobre la última gira latinoamericana de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina.

Entrevisté en París a François Mitterrand poco antes de su muerte. Se me quedó grabado un comentario que hizo al final del encuentro, ya en las despedidas. Hablando de los muchos esfuerzos que tenía que hacer Francia para intentar seguir manteniendo su influencia política, cultural y lingüística en el mundo, Mitterrand concluyó suspirando esta frase: “Ah, si nosotros pudiéramos contar con una América Latina…” El presidente francés envidiaba la relación privilegiada de España con América Latina, era consciente de que eso le da al viejo tronco ibérico un espacio inmenso donde expandir sus ramas, algo de lo que carece Francia.

Amor América fue el título que Maruja Torres le puso a un gran libro periodístico. Me encanta esa fórmula, y pienso que no estaría de más que los españoles no nos limitáramos a recibir el amor de nuestros parientes americanos, sino que también se lo expresáramos. Cosa que, por cierto, hicieron Serrat y Sabina en su gira.

 (tintaLibre, octubre de 2013)