JAVIER VALENZUELA “LA ÍNSULA BARATARIA” ESTAMPAS DE UNA ESPAÑA DESNORTADA Octava parte

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Javier Valenzuela

 AYUDO A MI SEÑOR

 

  Ni   quito   ni   pongo   rey   pero   ayudo   a   mi   Señor”.   ¿No   les parece que esta frase, atribuida al pérfido Du Guesclin y su intervención en una querella dinástica castellana del  siglo XIV, bien podría ser el lema de Albert Rivera? ¿Para qué otra cosa que servir a su Señor fue lanzado Ciudadanos al mercado político español el pasado año? ¿Qué esperan de ese grupo sus padrinos sino que apuntale el statu quo donde, cuando y como sea menester?

Lo hizo ayer vvotando a la candidata del PP, Ana Pastor, a la presidencia del Congreso, a cambio de dos poltronas en la mesa de ese organismo. Y volverá a hacerlo este mismo verano facilitando de uno u otro modo que Mariano Rajoy no tenga que mudarse de La Moncloa. Las dos cosas en aras de la gobernabilidad, la razón de Estado, la sagrada unidad de España, la tranquilidad de los mercados financieros y todas esas cosas que preocupan a su Señor.

No me parece mal que exista en España un centroderecha aseado, un nuevo grupo que quiebre el monopolio de la derecha españolista que ha ejercido el PP en los últimos lustros. Lo que me parece fatal es que me tomen por tonto e intenten vendérmelo como regeneración, cambio, progreso y modernidad indiscutibles. Esto último es lo que hizo Pedro Sánchez en la pasada y breve legislatura con tal de no girar a la izquierda y entenderse con Podemos.

Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, lo dijo alto y claro en junio de 2014. Los grandes empresarios y financieros necesitaban “una especie de Podemos de derechas”, un  grupo que defendiera sus intereses pero que pudiera ser presentado como una novedad. Con dirigentes jóvenes, guapitos y, a ser posible, no embadurnados de corrupción.

La palabrería huera ensayada por Rivera en el ámbito catalán bien podía extenderse al español: en el centro está la virtud, si todos remamos unidos llegaremos más lejos, lo más importante es la paz mundial, si no te gusta España vete a Venezuela… Con un tono naranja, siempre alegre  y  veraniego, y una buena campaña de propaganda,  la  cosa podía funcionar.

Funcionó, aunque peor que lo que preveía el Señor. Ciudadanos rascó menos que lo soñado por Metroscopia en las municipales, autonómicas y generales de 2015. El “viaje al centro del oportunismo” con el que titulaba tintaLibre su edición de noviembre, era demasiado evidente. Ciudadanos servía de muleta allí donde el sistema lo necesitaba: igual afianzaba al PSOE de Susana Díaz en Andalucía que al PP de Cristina Cifuentes en Madrid. Luego, ya en 2016, su matrimonio con Sánchez desilusionó a bastantes de sus votantes conservadores, que regresaron al hogar del PP.

El desenfadado Rivera sólo tiene una verdadera “línea roja”, aquella para cuya defensa fue promovido a bombo y platillo: que no avancen los que proponen una reforma a fondo del edificio. El resto es negociable. Dos poltronas pueden servir para iniciar una gran amistad.

 

(infoLibre, 20 de julio de 2016)