JAVIER VALENZUELA “LA ÍNSULA BARATARIA” Novena parte DISCULPEN QUE DISCREPE

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Javier Valenzuela

 

 Debo ser de los pocos que no están demasiado sorprendidos por los resultados de las elecciones del 26 de junio. Aquí mismo escribí antes de su celebración que lo previsible era que el voto de derechas se mantuviera y el de izquierdas descendiera. El voto conservador es disciplinado, inasequible al desaliento, poco crítico con sus dirigentes; el progresista, volátil, crítico, propenso a la melancolía. Para ilustrarlo, cité  la repetición de las elecciones autonómicas madrileñas  de 2003, las del tamayazo, cuando Esperanza Aguirre ganó en la segunda vuelta tras haber perdido en la primera.

Tampoco me extraña la tolerancia con la corrupción del núcleo duro del electorado derechista español, ni la amplitud de ese núcleo duro. Viví el franquismo en mis primeros veintiún de vida y recuerdo que tenía apoyo social. Que robara y reprimiera era permisible para millones de compatriotas mientras les garantizara seguridad ciudadana, la sagrada unidad de España –el nacionalismo españolista existe, amigos– y la posibilidad de comprarse un piso y un coche utilitario. Una intensa presión  mediática  –ayer  monopolística, hoy mayoritaria– machacaba y machaca esos sentimientos hasta el lavado de cerebro.

En cuanto a Unidos Podemos, no comparto la idea general de que ha sufrido un desplome. Un frenazo, sí; un desplome, no. Que tenga los mismos escaños –71– que tenían por separado IU y Podemos en la breve legislatura anterior casi me parece un éxito. Era obvio que la abstención en la segunda vuelta iba a afectar principalmente a los jóvenes, progresistas o antisistema entre los que Unidos Podemos tiene sus caladeros.

Ya sé que los sondeos decían otra cosa, pero ¿cuándo se va a dar cuenta la gente de que los españoles mienten ante los encuestadores más que otros pueblos? Ya sé que las expectativas de los dirigentes de Unidos Podemos eran superiores, pero ¿no deberían esos dirigentes ser menos arrogantes y endogámicos, y, además, tener menos prisas? Su deseo de formar parte de un Gobierno a la primera de cambio siempre me ha parecido poco realista. Construir una fuerza que impulse la regeneración democrática y social de España no es cuestión de cuatro tertulias, tres asambleas y un par de comicios.

Por último, encuentro alucinante el entusiasmo del PSOE tras el 26-J. Ha perdido 100.000 votos y 5  escaños  y  casi brinda con champán porque Unidos Podemos ha quedado por debajo. La obsesión con Pablo Iglesias ha sido el único eje de campaña de los socialistas y parece haberse convertido en su principal razón de ser. ¿Está seguro el PSOE de que el españolismo, el casticismo y el conservadurismo político, económico e institucional de Susana Díaz resultaría irresistiblemente seductor fuera de Despeñaperros para esos millones de progresistas que han dejado de votarle?

 

(infoLibre, 30 de junio de 2016)