La hipocresía del doble discurso para justificar a Maduro Por Horacio Raña *

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“No se pueden cortar las calles, hay que garantizar la libre circulación”. Esta frase, muy simple de entender, puede ser susceptible a dos interpretaciones dispares si la dice el gobierno argentino o si la pronuncia el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Al respecto opinó el periodista argentino, Horacio Raña.

“No se pueden cortar las calles, hay que garantizar la libre circulación”. Esta frase, muy simple de entender, puede ser susceptible a dos interpretaciones dispares si la dice el gobierno argentino o si la pronuncia el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
Si tal advertencia es del (presidente argentino) Mauricio Macri u Horacio Rodríguez Larreta (alcalde de la Ciudad de Buenos Aires), se tratará de un “ataque a la libertad de manifestación del pueblo”, mientras que en boca del mandatario venezolano será un capítulo más de la justa lucha contra “la oligarquía y la derecha golpista” y estará más que justificada.
Así de absurdo -y peligroso- es el discurso que tienen siempre a flor de labios aquellos sectores que defienden a cualquier costo un régimen que aplica censura, prohibiciones, represión y militarización de las calles que acá serían absolutamente intolerables. Pero la hipocresía parece ser la mejor receta cuando se quiere ver apenas una porción de la realidad.
Ejemplos sobran. Veamos algunas de las interpretaciones que nos regalan los que defienden -a más de siete mil kilómetros de distancia- un modo de gobierno impracticable en la Argentina.
Los jubilados en Venezuela se mueren por falta de medicamentos y eso, explican, se debe a un boicot internacional impulsado por el imperialismo. En Argentina se cometen serios errores como con las pensiones por discapacidad o con las farmacias del Programa de Atención Médica Integral (Pami) y se trata de un “genocidio”, tal como vociferó con más cuerda vocal que conocimiento histórico el sindicalista Leonardo Fabré.
A los desacuerdos internacionales se los presenta con insultos y amenazas, como sucedió cuando Maduro le dijo públicamente al presidente de Perú, Pedro Kuczynski, que “cuide lo que hace porque mis fuerzas superiores a lo que está haciendo se levantarán en su contra”.
A los que defienden al mandatario venezolano como el exégeta interpreta la Biblia, habría que preguntarles qué quedó de aquella Patria Grande de la que hablaba Simón Bolívar y que Hugo Chávez utilizaba casi como un rezo. ¿O es válido amenazar a un gobierno por pensar diferente pero si esa crítica es contra el chavismo se transforma mágicamente en golpismo?
Claro que para estos dirigentes no se trató de golpismo cuando el fiscal federal de Córdoba y referente de Justicia Legítima, Enrique Senestrari, apoyó la idea de que “terminen de caer” los gobiernos de Michel Temer y Mauricio Macri, para lo que pidió a “la gente que reaccione y se plante”.
La hipocresía o el doble rasero para el análisis se pudo ver también frente a un acto de censura a la prensa como fue la expulsión de una cadena televisiva estadounidense. Maduro, exaltado hasta el paroxismo como si bajara de Sierra Maestra, gritó en una de sus cientos de cadenas nacionales: “Fuera CNN de Venezuela! ¡Bien lejos de nosotros!”.
Sus seguidores argentinos, por supuesto, festejaron ese acto de “liberación”, pero calificaron de “censura” la decisión del gobierno argentino de abandonar la relación societaria en la cadena televisiva Telesur, para la que debía abonar su cuota pero no tenía poder de decisión en sus contenidos que eran manejados por el régimen venezolano.
Tantas contradicciones no son explicables desde lo racional ya que bordean lo dogmático y, como se sabe, nadie puede discutir la fe. Por eso el ejercicio de contrastar similares situaciones para distintas explicaciones puede servir para clarificar algo. Como por ejemplo, el inicio de la campaña política en las calles de la Ciudad de Buenos Aires y los reclamos políticos en Venezuela.
Acá la ocupación diaria de las calles, planificada y organizada mucho mejor que el fixture de nuestro fútbol, es por reclamos tan “legítimos” que incluyen horas de corte, destrozos varios, quema de neumáticos y, por supuesto, cualquier intervención de las fuerzas de seguridad es “represión” de la derecha.
Pero esos mismos sectores aplauden cuando Maduro carga contra los opositores sacando a los militares a las calles “en repudio a los traidores a la Patria”, amenazando con “desmembrar a esos terroristas” o directamente advirtiendo que si provocan disturbios “van presos compadres, les pueden meter hasta diez años y no los va a salvar nadie”. ¿Y la coherencia?
Nunca faltan argumentos cuando la intención es justificar todo, pero cuesta imaginar por qué intrincados senderos circularán las palabras de apoyo para la última amenaza de Maduro: “Lo que no logre con los votos lo conseguiré con las armas”. ¿Revolucionario o dictatorial?
* Periodista de la Agencia Télam, jefe de la Sección Internacionales.
http://www.notilamar.com/2017/07/03/la-hipocresia-del-doble-discurso-para-justificar-a-maduro/

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