LA ÍNSULA BARATARIA ESTAMPAS DE UNA ESPAÑA DESNORTADA   JAVIER VALENZUELA TERCERA PARTE

0
Javier Valenzuela

 

 

DESNUDEZ ANAFRODISÍACA

 

     Estoy muy de acuerdo con lo que ha escrito en Twitter el

periodista y escritor José Manuel Fajardo: “La investidura de Rajoy ha sido un auténtico striptease de los poderes fácticos en España. Han caído las máscaras”. Cabe añadir que este striptease ha sido un espectáculo anafrodisíaco: debajo del rostro arrugado y satisfecho de sí mismo del sistema, hemos podido ver que hay un cuerpo de piel enfermiza, carnes flácidas, redondeces esculpidas con vino y chuletón.

     Esa poco atractiva desnudez ha quedado asociada con la

imagen de un Felipe González en bañador y fumándose un

puro al borde de un yate. Pero, sí, Fajardo tiene razón: los poderes fácticos se han visto obligados a salir de las sombras para defender sus intereses a la cruda luz del día. Nada de intento serio de reforma del régimen de 1978. Continuidad de las políticas que aumenten sus beneficios a costa del empobrecimiento de las clases populares y medias.

     Mantenimiento del modelo territorial establecido desde Felipe V. Vasallaje ante Berlín, Bruselas y Wall Street. Tejido de algún tipo de Gran Coalición entre el PP, el PSOE y Ciudadanos que impida que se materialicen los ideales del 15-M. Campaña de propaganda por tierra, mar y aire que asuste, confunda o desanime a la mayoría de la gente.

     Pedro Sánchez acaba de reconocer que el juego en este

casino llamado España se desarrolla con cartas marcadas por

los patronos del establecimiento. Pero resulta tristemente

significativo que lo haya hecho tan solo después de que él

hubiera sido añadido a las numerosas víctimas del juego. Tras

su triunfo en las primarias del PSOE, Sánchez aceptó el padrinazgo de Felipe, Cebrián y Susana Díaz, y se situó en

primera línea de las campañas de satanización de Podemos,

los soberanistas catalanes o cualquier otro que dijera que el

problema no son solo Rajoy y la corrupción del PP, sino también, y sobre todo, un sistema que deja mucho que desear

en materia de democracia, limpieza y justicia. Cuando por

tales o cuales razones –incluido tal vez su interés personal-,

Sánchez hizo amago de rectificar, lo derrocaron en un chusco

golpe palaciego que todos contemplamos en vivo y en directo.

     No obstante, la verdad es la verdad la digan Agamenón o

su porquero. Y Sánchez le dijo unas cuantas verdades a Jordi

Évole en su entrevista del pasado domingo. No todas, solo

algunas, las más evidentes. Que el PSOE se equivoca al no

reconocer el legítimo anhelo de un cambio progresista que

anima a los líderes, militantes y votantes de Podemos. Que

España es una nación de naciones por mucho que les pese a

los barones castizos. Que recibió presiones de empresarios y

periódicos para no formar un Gobierno de izquierdas… Desde

entonces, Sánchez sufre el mismo tipo de campaña de desprestigio que Podemos conoce desde su nacimiento. El

pecado de desvelar las trampas del casino lleva aparejado una

penitencia de infamia. Empiezan con Venezuela, siguen con

Irán y Corea del Norte, llegan a ETA, incluyen al ISIS si es

menester y pueden terminar asociándote con Godzilla, la

invasión de los marcianos o el mismísimo Satán.

     Que los poderes fácticos se hayan quitado las máscaras es,

en todo caso, una de las dos o tres cosas buenas aportadas por el sainete que ha terminado con la continuidad de Rajoy en La Moncloa. Ahora resulta difícil pretextar una beata ingenuidad ante la línea editorial de tal periódico o cual emisora de radio que se pretende progresista. Ahora no puede ignorarse que en el PSOE siempre han cohabitado una militancia de izquierdas con una mayoría de la dirigencia muy agradecida por ser invitada a los saraos de la familia Botín. Ahora es evidente que el seguir disfrutando de un ganapán les importa a bastantes Señorías mucho más que su conciencia y su reputación. Ahora es obvio que los que mandan de verdad son los de siempre.

(infoLibre, 2 de noviembre de 2016)