Las cosas lo que son: Acuerdo agrícola Marruecos/UE Sobre “la expresión del consentimiento popular”

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El letrado Saad Sahli del Colegio de abogados de Rabat

 Letrado Saad Sahli

Del Colegio de abogados de Rabat

 En algunas partes y entre algunos medios, especialmente en España, hemos constatado una infantil tergiversación de la sentencia del Tribunal europeo de Justicia sobre el acuerdo agrícola entre Marruecos y la Unión europea, particularmente en su mención sobre el Sahara marroquí. 
 Deliberadamente y de manera muy poco acorde con la deontología política, de unos y los principios éticos de la prensa de otros, se ha tratado de sacar la referencia al “consentimiento de los habitantes locales” para incluir las provincias del sur de Marruecos en este acuerdo.
Aclarémoslo pues para el interés general:
Para comenzar preguntemos ¿Cuáles son los instrumentos jurídicos y legales que permiten la expresión de un “consentimiento popular” y más concretamente en el caso del Sahara Occidental marroquí?
Antes de responder reflexionemos objetivamente donde se encuentra esta “población local” que debe expresar su consentimiento o no. ¿En la localidad argelina de Tinduf, sin censo de su población y con administración argelina?
La respuesta es obvia, cabal y elocuente: en el territorio del Sahara Occidental Marroquí y su legado y bagaje democrático que es la participación plena y entusiasta en todas las elecciones desde hace 41 años: comunales, regionales y legislativas y Marruecos, en virtud del artículo 73 de la carta de la ONU, que considera a Marruecos administrador ha instaurado una democracia representativa. Los electos de esta región son, en este caso, los indicados en la sentencia del tribunal europeo de Justicia para trasmitir los votos y las opciones de la población que representan a las instancias internacionales y nadie más.
Este es, pues, el sentido jurídico y legal de la parte sobre la inclusión del Sahara Occidental marroquí en el acuerdo agrícola y de pesca entre nuestro país y la Unión europea, que dicho sea de paso, ha rechazado Francia y que, habida cuenta de su carácter anacrónico, poco realista e irrealizable, la inmensa mayoría de los países europeos ven de reojo.