Marruecos,  Los morófobos y la falsa dicotomía española   Por Hassan Achahbar

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   Parece que a cierta clase de españoles le cuesta mucho asumir el pasado y aprender de la suma de errores históricos. A muchos les pesa más el desastre, su desastre, de Anual de 1921 que los ocho siglos de presencia árabe.

   Desde esta otra orilla del mediterráneo, reiteramos que Marruecos no tiene porqué cargar con las frustraciones que atormentan a España ni con la mala consciencia y los complejos de culpabilidad de estos opinadores y escribidores, producto de una triste fatalidad histórica.
Aquí, al igual que en las excolonias de América Latina, ninguna razón asiste a España para reclamar y mucho mensos reprochar nada a nadie. En esto, los vecinos de enfrente deben estar seguros. Basta con que uno repase los errores de este pasado colonial para darse cuenta.

   El 6 de marzo, la agencia EFE descubrió que por fin el idioma español regresa, después de 40 años, a las aulas de Dajla. La agencia franquista se cuida de remarcar que se trata de una ciudad del “Sahara Occidental”.

   Los que tenemos memoria, y no somos pocos, nos hierve la sangre cada vez que recordamos el mísero estado en el cual los españoles dejaron las escuelas, las que hubo, al retirarse en 1956 de la zona Norte. Esa misma rabia debieron experimentar los marroquíes del Sur.

   Lo de la agencia EFE y de otros escribientes españoles es como una obsesión enfermiza por defender lo indefendible. La agencia se sorprende de que el “Sahara Occidental” tiene un sitio académico creado por un voluntarioso saharaui, Brahim Hameyada, con la finalidad de “detener el retroceso del español en el Sáhara”.

   Los españoles solo pueden soñar con su “Dorado”. Ni se atreven a reconocer que en 1975, cuando España se retiró del Sahara, Dajla era un humilde pueblecito y que gracias al esfuerzo patriótico marroquí el pequeño conglomerado se ha convertido en una verdadera City moderna, pujante y prospera.

   ¿Acaso se le debe recordar a EFE que los ejércitos españoles se fueron del Norte y también del Sur como vulgares piratas sin dejar una mínima huella cultural, más allá del chapuceo legionario? ¿No son ellos los que arrearon la bandera arrancando el mástil y el césped?

   ¿Y qué hay de Alhucemas? No ven el estado de abandono en que quedó el Colegio Español de la ciudad, sin equipamientos básicos, sin profesorado cualificado y casi sin alumnado. ¿A quién quieren castigar? ¿Por qué tanto alboroto para promover el español en el Sur, y hasta en los campamentos de Tinduf, y tanto desprecio por el Norte?

Los españoles dejaron a ambas zonas desamparadas y sumidas en una miseria igual o peor de como las encontraron. Luego se quejan de que el francés suplantó al español en las escuelas. ¿Por qué no se acepta que siempre fueron cortos de vista, más bien miopes y sin ambición?

   También pregunto, y que conste, no tengo nada en contra de que España les devuelva a los sefaradís su nacionalidad primaria y repare una injusticia de siglos, ¿por qué unos sí y otros no? ¿Por qué no se extiende el gesto hacia los “andalusíes” de Marruecos? Y lo mismo pregunto respecto de esa falsa dicotomía entre Norte y Sur, ese malsano registro zonal. ¿Por qué la nacionalidad para el Sur y no para el Norte?

   ¿A quién quiere engañar EFE con su tramposa afirmación de “afortunadamente, hoy los tiempos han cambiado; en la época del anterior rey, Hasán II, abrir una academia de español en el Sáhara Occidental estaba lisa y llanamente prohibido” o que “a su modo, Hasán II combatía así esa peculiaridad étnica o histórica, que explica que hoy en día los estudiantes de español sean saharauis, mucho menos numerosos que los que optan por el francés o el inglés, que en su mayor parte son marroquíes llegados del norte”.

   El voluntarioso Brahim Hameyada, promotor del proyecto de “Academia Unamuno” en la ciudad de Dajla, reconoce que los principales motivos por los que un saharaui se anima a aprender español son para comerciar en Canarias o para acceder a la nacionalidad española.

   Con esto está todo dicho y no hay nada que añadir. Que EFE se trague la crónica enviada desde “Dajla, Sahara Occidental” y también los complejos de sus escribientes. Marruecos, a pesar de sus defectos, incluido el ser habitado por los Moros, seguirá siendo ese hueso duro de roer para los morófobos de la prensa peninsular.

   ¿Se habría equivocado el exsecretario de Estado norteamericano Henry Kissinger cuando en 1982 atribuyó todos los males que padece América Latina a la desastrosa herencia de la colonia española? Nada de sermones. Comparen, sino, el estado de las excolonias británicas.