Marruecos y España: Puentes frágiles Por: Mokhtar Gharbi Periodista.libre46@gmail.com

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A pesar del espacio geográfico común que comparten, Marruecos y España viven de espaldas y con memorias distintas, debido a la falta de voluntad social y política para superar los prejuicios y problemas que reinan entre los dos países y a pesar de la vecindad, con un legado rico y diversificado que alcanzó en una etapa de la historia a formar una entidad común en varios áreas como la lectura, arquitectura, gastronomía, música, caligrafía y otras actividades científicas y humanas, además de compartir un mismo espacio, cada uno ha ido adquiriendo por separado su propia memoria.

La historia nos enseña que ambos pueblos, marroquí y español, han tenido largos y profundos  contactos, intercambios, influencias, e incluso costumbres.

En realidad, hay una ambigüedad casi cierta en estas trastornadas relaciones entre los dos pueblos. Para  España, pese a algunos indicios superficiales engañosos, Marruecos sólo existe en la agenda española como un tema político. En Marruecos, el caso o el tema, es que España es un pais vecino. Aquí está la diferencia, de un sentimiento muerto, el del político, por parte de España, a un sentimiento vivo y humano, el de la vecindad, por parte de Marruecos. Esto va por casi todos los temas que constituyen la agenda de las relaciones bilaterales. Además, la visión de las dos partes, cara a un entendimiento mutuo, no coincide siempre en algunos temas que requieren la atención en lo referente a lo que se denomina “socios”, especialmente en lo cultural.

En la actualidad, España es el segundo socio comercial y económico de Marruecos, después de que fue en el duodécimo lugar en 1976, incluso hace tres años llegó a ser el primero, antes de Francia, en la lista de los socios de Marruecos.

En este contexto, es importante recordar la historia, en este caso el difunto Mohamed Larbi Messari, escritor, periodista y ex ministro e ex embajador, lo describía asi: “Desde 1912, hasta la visita se Sarkozy (Noviembre 2007) España se ha quejado a menudo de la prioridad adquirida por el país galo. Dicha prioridad puede parecer casi un privilegio cuando la verdad es otra. Es interesante recordar que el presidente francés, cuando se reunió con los empresarios de su país, les recordó que Marruecos no debía ser considerado como un territorio reservado para sus intereses. También insistió en que Francia había perdido ciertas oportunidades (se refería al asunto de los aviones Rafal 3) por motivos que debían ser tenidos en cuenta para prevenir nuevas pérdidas de pactos u oportunidades políticas y económicas con este país”, se refería a Marruecos.

Es verdad que las relaciones bilaterales han ido cobrando cada vez más racionalidad entre España y Marruecos, pero, siempre existen algunas voces sociales o políticas en España que no les gusta este proceso, y experimentan algunos juegos infantiles para entorpecerle. O sea, “existe el hecho de que ciertas fuerzas políticas españolas emplean el tema marroquí para fomentar las intrigas partidistas, con el objetivo de crear conflictos políticos por ambas partes”.

Por parte de la sociedad española, es otro tema de preocupación para Marruecos, estado y pueblo, sobre todo cuando es sabido de que hay injerencias extranjeras relacionadas con los asuntos vitales de Marruecos, como es el caso de integridad territorial.  

En el ámbito cultural, una vez, el difunto Messari dijo lo siguiente:

“Se ha comprobado que para Madrid Marruecos no se considera aun un socio digno de respeto. En el ámbito económico quizá, pero en lo cultural no se considera que esté a la altura para poder montar con España, desde la igualdad, un proyecto cultural común”.