ONU/Sahara Argelia y su pólvora mojada Khalil R’Guibi

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Atados a la vida mientras que sus hermanos viven su vida en Marruecos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis. 

A pesar de los dos muertos y decenas de heridos en extremadamente desproporcionadas  cargas de sus fuerzas de represión en Ain Beida y lo que ello pueda degenerar, el régimen argelino apuesta por el espejismo en el organismo mundial.
Con una falsa ilusión de volver a acariciar el éxito frente a marruecos en la cuestión del Sahara, después de un ciclo de fracasos y frustraciones, las ultimas de las cuales en la tribuna de la Asamblea general y en su marco en la Cuarta Comisión, Argel insiste en su contrasentido y su sinrazón.
En este contexto, en estos campamentos se habla de “una deliberada voluntad argelina de descartar toda iniciativa del Polisario” confiando exclusivamente este expediente a sus diplomáticos y a sus milicias diplomáticas en Nueva York.
De esta forma, para Argel siempre hay un día siguiente. Desde hace semanas, esboza el día siguiente “en que…” exportándolo a estos campamentos donde ya nadie o casi nadie lo cree aun.
En los campamentos comienzan a circular exquisitas anécdotas sobre el antinatural matrimonio Argelia/Polisario en el que, la “primera busca una poligamia después de constatar fehacientemente la inutilidad y la incapacidad del segundo”. “Es la primera vez en que la hembra oprime al macho”, comentaba sin sonreír un anciano en la puerta de su tienda de campaña de anecdótico nombre de “Wilaya de Smara”.
“Desde hace casi 42 años nos obligan a vivir de espejismos”. Conocedor de las prácticas polisaristas, el anciano no dijo más, escupiendo el tabaco que aun tenía en su boca y entro a la tienda de campaña.