Política y psicología popular Mi peluquero y yo Derecho a la información, pero no “su” derecho

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Un peluquero exageradamente politizado
 Sin olvidar quién es ni a qué se dedica, mi peluquero me obsequió este mediodía con una excelente ponencia sobre el derecho a la información, digna de  un buen catedrático.
–      A menudo, no pocos ignoran el sentido de este derecho, creyendo que es exclusivamente suyo
–      ¿De que estás hablando?
–      Del derecho de la o a la información
–      Y Tu ¿Qué crees?
–      Yo creo que este derecho es para, nosotros los lectores, telespectadores o oyentes, más que para los informadores
–      ¿Y por qué lo evocas ahora?
–      Porque esta mañana leí por allí que los ministros antes de entrar a un consejo de gobierno por la mañana y de ministros por la tarde tiemblan de miedo
–      ¿Por qué?
–      Según el artículo por los informes sobre Huceima
–      Y…
–      Y nada, que los ministros y los marroquíes en general no tememos del rey, sino le respetamos, le consideramos y le queremos. Se puede temer, pero de otra cosa
–      Escriben lo que sea
–      A mi, personalmente esto, no me molesta
–      ¿Y qué es lo que te molesta?
–      Me molesta que se me usurpe mi derecho a la información
–      Es decir
–      Que me informen debidamente o que se callen y que me dejen tranquilo
–      Es verdad
–      En vez de informarnos nos desinforman, introduciéndonos en el error
–      Su error
–      Efectivamente, por ello no deben tener acceso a cosas públicas como las páginas de los diarios, las pequeñas o grandes pantallas o las antenas de la radio
–      O las redes sociales
–      O a las redes sociales
–      El derecho a la información es sagrado
–      En otros cielos, no aquí.