¿Por qué Marruecos debe priorizar las relaciones con Brasil? Por Hassan Achahbar (*)

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   El 21 de febrero, víspera de la renuncia del ministro brasileño de relaciones exteriores, José Serra, alertamos, en Infomarruecos, que se esperaban grandes cambios en Brasil, el gigante sudamericano que se empeñaba en salir de una crisis multiforme y grave, para recuperar el liderazgo regional perdido durante los dos últimos años.

   Dijimos que la clase política brasileña “ha empezado a deshojar la margarita en espera de finalizar el receso vacacional y el carnaval de este año para animarse a fijar posturas respecto de los grandes temas nacionales con miras a los comicios generales de octubre 2018”.

   También subrayamos que, si bien las mayores mudanzas políticas se esperan en el país para el inicio del invierno austral (en julio), “el mes de febrero ha sido prodigo en señales esperanzadoras y en gestos urgiendo a recuperar el liderazgo perdido” en América Latina, con los ojos puestos en “México como la pareja más deseada”.

   Entretanto, al gobierno de centroderecha, del presidente Michel Temer, le seguirán lloviendo los dardos envenenados desde la extrema derecha como desde la izquierda. Por ahora, la rentrée política, tras el receso vacacional y el carnavalesco (el 1° de marzo) se anuncia tranquila. Se inauguró con una ligera remodelación del gabinete del presidente Michel Temer, reemplazando los titulares de relaciones exteriores y justica, dos puestos claves en la actual disyuntiva brasileña.

   Para el cargo de ministro de relaciones exteriores, Temer escogió en reemplazo de José Serra, renunciante el 22 de febrero por “motivos de salud”, a otro socialdemócrata, Aloysio Nunes, senador sin carrera diplomática pero con suficiente experiencia adquirida durante los últimos años.

   Éste, afirmó en el anuncio de su aceptación del cargo que “Brasil es un país grande que tiene influencia en la política internacional a partir de los valores que le son propios a su pueblo, que están explícitos en la constitución y que son las directrices permanentes de nuestra política exterior: defensa de la paz, de la justicia, del medioambiente, de los derechos humanos”.

   Dijo asimismo, que aceptaba el cargo “consciente de la responsabilidad y también de las oportunidades que una buen política exterior” puede ofrecer al Brasil que “empieza a salir de una profunda crisis” en cuanto a “contribución especialmente en el área económica, de comercio internacional, de inversiones”.

   Nunes señaló como “desafíos enormes” para su gestión “dar nueva vida al Mercosur” (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y la suspendida Venezuela), aproximar este bloque a los países de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) y el entendimiento comercial con la Unión Europea.

   Es el tercer canciller brasileño en diez meses, cosa poco común en un país donde el personal diplomático está acostumbrado, desde el restauración de la democracia en 1985, a largos periodos de estabilidad, en particular la gestión de Celso Amorim que repitió en el cargo durante los dos mandatos de Luiz Iacio Lula da Silva (2003-2010) y en el primer gabinete de Dilma Rousseff (2011).

   No obstante, en opinión de los analistas políticos, Aloysio Nunes, de 71 años, inspira continuidad en el sentido que debería mantener el rumbo fijado por su antecesor, José Serra, en cuanto a distanciamiento de los regímenes populistas y radicales del bloque bolivariano y acercamiento a países de la Alianza del pacífico.

   Por tanto, su selección fue vista con alivio por los diplomáticos de carrera, a pesar de la discrepancia por el “tono agresivo y poco diplomático” del nuevo canciller y de sus manifestaciones públicas durante su presidencia de la Comisión de relaciones exteriores del Senado y su “temperamento explosivo” considerado un “foco de potenciales problemas”.

   De hecho, el nuevo inquilino del Palacio de Itamaraty se había convertido en acérrimo crítico del régimen chavista de Venezuela, aunque también lo ha sido de la política migratoria de la nueva administración de Estados Unidos. Debe haber lamentado un tweet del 9 de noviembre 2016 en el que se dice que el electo presidente norteamericano Donald Trump “es lo que hay de peor, de más controlado, de más exacerbado entre los integrantes de su partido”.

   Se espera pues, que en sus nuevas funciones como canciller de la República, modere su carácter impulsivo y su estilo frontal, directo y hasta agresivo. Paralelamente, deberá afrontar una acusación en el marco de la operación Lava Jato, el gran escándalo de corrupción que salpica a la mayoría de los políticos, diplomáticos y empresarios brasileños.

   La prensa local recuerda que Nunes fue citado en 2015 en la Lava Jato por Ricardo Pessoa, empresario dueño de la constructora UTC, y por el exdirector financiero de la misma empresa, Walmir Pinheiro. Ambos lo acusan de recibir unos 500.000 reales por fuera del sistema legal para financiar su primera elección como senador en 2010 por lo cual el Supremo Tribunal autorizó la apertura de una indagación para dilucidar las presuntas responsabilidades.

   Pero un hombre con su dilatada experiencia, ha aprendido a lidiar con toda suerte de dificultades. Su ventaja en relación a José Serra es que él, no se juega tanto el prestigio personal porque no tiene el imperativo de su predecesor de cuidar las formas para poder aspirar a disputar la candidatura del Partido de la Socialdemocracia Brasileña para la presidencial de 2018.

    Nunes se ha forjado en la ideología comunista de los años 60, antes de transitar hacia posiciones socialdemócrata en lo político y liberal en lo económico. Ha sido tres veces diputado, vicegobernador del Estado de Sao Paulo, senador desde 2010 y candidato a vicepresidente de la República en 2014.

    También fue militante en las filas del grupo guerrillero Alianza Libertadora Nacional (ALN) que luchó contra la dictadura militar de 1964-1985, aunque se arrepintió de haber participado de la lucha armada y se distanció de la izquierda radical. Vivió en Paris como exiliado entre 1968 y1979. Entre 1995 y 2002 integró el gabinete ministerial del presidente Fernando Henrique Cardoso como secretario general de la Presidencia y ministro de justicia.

   Le sobraban motivos para ser, durante el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, un ferviente defensor de la destitución. Su Partido, el Socialdemócrata Brasileño (PSDB) acusa al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de irregularidades en el proceso electoral de 2014.

   Luego de la destitución parlamentaria de Rousseff, ocurrida el 31 de agosto de 2016, Nunes colaboró en la articulación de la alianza entre su partido, el PSDB, y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) del presidente Michel Temer.

(*)Periodista especializado en temas iberoamericanos.