Presentada en el Instituto Cervantes de Tánger la novela “La escritura de la arena” de Santiago De Luca

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Presentada en el Instituto Cervantes de Tánger la novela “La escritura de la arena” de Santiago De Luca

Redacción de Tánger.-

Infomarruecos/Conacentomarroqui

Presentación, M.Gharbi.-

 El Instituto Cervantes de Tánger, organizó ayer, martes 5 de diciembre, en colaboración con la Embajada de la República de Argentina en Marruecos, un encuentro cultural para presentar el libro “La escritura de la arena” del ensayista, escritor y novelista Santiago De Luca.

    El acto tuvo lugar en la Biblioteca Juan Goytisolo del instituto, con la participación de Randa Jebrouni, profesora e investigadora y la Sra. Cynthia Mulville, Cónsul de Argentina.
     La escritura de la arena es un homenaje a la letra manuscrita y a la belleza del trazo sobre el papel y los muros. Los personajes, a lo largo de estas páginas, escriben sobre las servilletas de los cafés y, con ese gesto, despiertan una historia escondida. Esta novela, con una trama compleja, transcurre en dos tiempos y en dos países.
Randa Jebrouni es de Marruecos (Tánger), es doctora en Letras por la Universidad Abdelmalek Essaâdi, es hispanista e investigadora. Es profesora de español desde 1998. Actualmente trabaja en el Centro de talleres artísticos y literarios del Ministerio de Educación y Enseñanza Superior de Marruecos
     A continuación la intervención de la profesora Randa Jebrouni en su presentación de la novela:
Por Randa Jebrouni (*)
     Esta novela es una representación afectiva del encuentro entre dos culturas: la marroquí y la argentina.
     Narra la historia de un argentino que se llama Sebastián Maggio, prófugo, viajero y lector. Cuando viene a Marruecos la huida se vuelve búsqueda de escrituras, esos jardines de letras mágicas en las que sólo se hallan aquéllos pensamientos íntimos.
      Viene en busca de una misión que desconoce hasta que Carmen, directora de un centro de investigación en Tetuán, le explica qué es, y emprenden el viaje a Marrakech. Carmen lo cita para un texto aljamiado del siglo XV que busca el enigma de La busca de Averroes. Viajan a Marrakech para encontrarse con Juan, Karim al kitab que le enseña el manuscrito anónimo cuyo contenido son diálogos de un amigo de Averroes en un jardín y sus impresiones de las traducciones del filósofo. El manuscrito estaba en los fondos de la biblioteca de Tetuán.
     Sebastián vive en un mundo que concilia entre realidad y ficción, verdad y mentira.  Es un personaje que se nos anticipa ya desde el principio derrotado por la arena que borra. Tiene dos enigmas: uno literario (el manuscrito) y otro real (Shahira) que parece estar tomada ya para siempre por la fuerza de este lenguaje de arena:
Sobre todo me digo que no me voy a dejar intimidar y no voy a renunciar, no voy a escapar hasta armar una teoría que me convenza sobre el manuscrito y obtener las pruebas que me permitan sostenerla. Tampoco voy a renunciar a Shahira. Después la suerte dirá. La baraka. Voy a tirar la taba y a esperar para saber de qué lado cae el hueso de vaca.”
      Debe enhebrar los hechos y comprender por qué no se conoció este texto. Por qué permaneció escondido.
     El protagonista no tiene acceso a la verdad, ésta se le oculta. ¿Cómo se piensa la verdad de este manuscrito a lo largo de la novela?
     De un manuscrito físico y real, Sebastián Maggio va relativizando la existencia del mismo, la idea del manuscrito adquiere mayor simbolismo y relevancia. ¿Se encuentra la verdad en ese manuscrito o es producto de quién lo escribió? ¿La copia fue fiel? Entre todas estas divagaciones, la lectura nos va revelando un desplazamiento poético de escrituras: Todos los personajes escriben en papel y envían cartas unos a otros. La verdad es siempre una relación entre ambas dimensiones, entre el manuscrito y lo que los personajes dicen de él. Si “Verdadero” es una afirmación sobre las cosas, todos tienen sus verdades.
     Por lo tanto, Sebastián cuando piensa en el manuscrito aljamiado no lo relaciona con el objeto solo, sino también lo piensa desde una relación interna entre los dichos que va oyendo de otros personajes. Simultáneamente, va creciendo en él una acuciante necesidad de relatar una historia que brota como un sueño, una historia tejida paralelamente a la historia de la novela, dos tiempos, uno real y otro ficticio elaborados a partir de una recreación y dentro de ésta hay sobre todo coherencia. Y por más que objetivamente se muestra que sus sensaciones no tienen sentido o no corresponden con la realidad, él los siente y son por tanto verdaderos.
      Es una novela que elogia la lentitud de la mano sobre el papel frente a la velocidad de los teléfonos móviles: Los personajes envían mensajes en papel al protagonista.
El manuscrito:
     Si todo lo pasado se vuelve irreal. ¿Cómo conservarlo? El manuscrito es la solución.
     Los viajes silenciosos de la caligrafía, de las traducciones, de los robos y pérdidas…es un texto desconcertante porque  habla de cosas que no se queman con el  fuego del tiempo según Averroes, y que Sebastián intenta descifrar,  por ello, se encuentra frente a varias pistas:
     “Hay un jardín en la Córdoba Española, una conversación que se prolonga en el tiempo y hay una mujer. Hay un refugio en un monasterio jesuita de la Córdoba Argentina. Hay una historia de traición en Tánger.”
 
La escritura:
     El elogio a la escritura en esta novela es tan denso que el protagonista teoriza sobre el tema. La escritura permite construir virtudes y legados, lo escrito no desaparece. La escritura es infinita, la escritura es el remedio más eficaz contra el olvido, la escritura es memoria:
“A las virtudes hay que construirlas para poder heredarlas, como la escritura. Llenar cuadernos una y otra vez hasta que las letras entran en la memoria de los dedos.”
      Sebastián es un personaje adicto a la escritura, garabatea siempre en servilletas, cuadernos.
Abdel es otro personaje amante de la escritura:
Él se dedica a construir un mundo manuscrito que no tiene ningún tipo de copias. Un mundo de ejemplares únicos. A su vez él quiere poseer todo lo escrito a mano, sin copia, y saber de qué van las cosas alrededor de los manuscritos. Esa ambición es su pecado. »
 “Para preservar su preciosa letra de los ojos no formados”, la escritura desde tiempos remotos ha sido  restringida a pocos, que eran los privilegiados. La principal contribución para construir la historia de las sociedades son las fuentes escritas.
       También es sabido que el dominio del lenguaje escrito estaba reservado para los poderosos, acceder a la escritura les otorgaba prestigio social y es una forma de preservar ese poder. El oficio de escriba se transmitía de padre a hijo, para los sumerios la figura de escriba fue muy respetada y hasta venerada. Los palacios y los templos, núcleos de poder en las primeras ciudades, fueron el principal centro de trabajo de este grupo social, los escribas pertenecían a un sector privilegiado de la sociedad. Eran hombres ricos, poderosos y conocedores de un saber reservado a una minoría. Hoy, la escritura es la fuente para reconstruir nuestro pasado. Es una representación gráfica del conocimiento. Hoy en día todos tenemos derecho a leer, a escribir y a conocer.
     La escritura es reconstruir esta huella (que borra la arena) e imaginarla. Shahira, otro personaje protagonista, que representa a la mujer marroquí culta que domina varias lenguas, juega al juego de la letra manuscrita: “Un escrito lleva a otro escrito”. Borrada la huella de la arena, queda la letra sola. Shahira y Sebastián encarnan la unión de dos culturas la marroquí y la argentina, que cuando se abrazan se funden como las mismas letras de lam y alif: لا; y cuya negación representa un “no” a la separación, en el abrazo no está el adiós.
       Igual que el personaje central estuvo atado en contra de una de las estanterías de la biblioteca, el buen lector se quedará atado a esta novela hasta que la acabe, y tras la lectura siempre queda algo; algo que “no se quema con el fuego del tiempo”.
 (*) Randa Jebrouni es de Marruecos (Tánger), es doctora en Letras por la Universidad Abdelmalek Essaâdi, es hispanista e investigadora. Es profesora de español desde 1998. Actualmente trabaja en el Centro de talleres artísticos y literarios del Ministerio de Educación y Enseñanza Superior de Marruecos.
La escritura de la arena. Santiago de Luca. Editorial Lápices de luna. Granada, 2017
 

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