Reflexión para empezar el día La nacionalidad española:   Entre el dicho y el hecho. Desde Madrid

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Hay un  estrecho. Así acaba el refrán y así lo plasmo. Luego se le puede añadir el calificativo que cada cual vea conveniente.

10 años de residencia continua es lo que se exige a la Comunidad Marroquí para solicitar la nacionalidad española, sin contar el tiempo de demora que suele oscilar entre 4 y 5 años más. En total aproximadamente unos 15 años y casi 600€ de gastos .Los nervios, la espera y el cabreo no cuentan, se pagan a parte. Todo con tal de tener la ansiada nacionalidad. Un mes y unos días fuera de España por vacaciones o por compromiso familiar  al año, hacen perder los años de instancia y obliga empezar de cero. Escondite inglés o el juego de la oca porque me toca. Sin embargo, a otros colectivos sobre todo el latino se reduce a dos, eso sí la demora suele ser la misma. Convenios bilaterales, patria madre es lo que se alega. No quiero entrar a debatir los motivos históricos o religiosos futuribles de tal aparente discriminación, por más que el cuerpo me incita a ello. Simplemente me tranquiliza respetar la decisión política del país. Al fin y al cabo, España nos está acogiendo y las reglas son las que son. Independientemente del partido que gobierna. Por tanto, despreocúpense  de echar la culpa solamente al partido actual. En eso tanto PP como PSOE son igualitos. Más espina lleva  la rosa que el picotazo de la gaviota.

La verdad, éste no es un tema que me atañe personalmente. Después de casi dos décadas viviendo en España, aún me estoy planteando la posibilidad de solicitar la dichosa nacionalidad. Tarea que me acarea un sin fin de  explicaciones  para convencer a mis paisanos  de tal decisión .Evidentemente les cuesta entender  mis razones y a mí de buscar las justificaciones. No me veo aún en la cola del Registro Civil a las 6 de la mañana haciendo cola kilométrica  con 2 kg de papeles en la mano y un frío que mata. Vuelva usted mañana a intentarlo suele ser una respuesta sibilina del guardia o de los funcionarios, hartos de tanta gente y hartos  de trabajar en condiciones deplorables. Quizás me lo plantearé en serio cuando en España no quede ningún solicitante, o simplemente alguien se diera cuenta que soy ciudadano de derecho, de mis obligaciones ya me encargué de cumplirlos desde el primer día que puse pié en España.   No me extraña que luego no se  sienten los colores, porque nadie se preocupa de evitar tal  bochornosa imagen.  Bien es verdad que el pasaporte rojo da infinitamente más ventajas que el verde a la hora de viajar, más barato de renovar, menos tiempo de espera, más cercanía de trato y de  oficinas…. Pero de nada sirve si no se cambia la mente, tanto de aquellos que la llevan, como de aquellos que la dan. A unos por seguir en las andadas, a otros por considerarlos ciudadanos de relleno. En mi retina aún  conservo la imagen de aquellos  que exhibían el  documento en el bolsillo de la camisa, buscando la ventanilla en el Tarajal. Con notoriedad y no sin cierta superioridad, caminaban entre sus “semejantes” y con reojo mirando a los que hasta hace poco éramos  compatriotas. Nuevos  aristócratas europeos  que vuelven a su tierra africana. En mis oídos aún retumban algunas noticias desgraciadas cuya autoría se atribuye  con maldad al origen del infractor  a pesar  del relevo generacional. De nada vale haber  nacido en España, si luego se evoca al país de los ancestros. Siempre imploro a mis hijos, a pesar de su cortísima edad, a cuidar sus fechorías para que nadie me eche la culpa por ser un papa  marroquí, estando seguro que dan por sentado que su buena educación es gracias a su mama española. La realidad es otra ya que para educar se necesita a los dos. Ecuación fácil de entender pero difícil de practicar.

Con la crisis en medio y con el afán de poseer la nacionalidad para salir corriendo hacia otros países europeos, la administración insular descubrió una fuente de ingresos  que la sirve a paliar cierta deficiencia económica. Con los juzgados a tope, los notarios casi  haciendo cola en el Inem  y Centros Cervantinos  con el Quijote en paro, el gobierno impuso mediante un acuerdo con el Consejo General del Notariado el juramento a la bandera española ante  notario. Obligó la celebración y la aprobación  de un examen de  conocimiento constitucional y sociocultural de España a todos los solicitantes. Responder correctamente a 15 preguntas de 25 en 45 min es la prueba de integración necesaria para ser español. 7412 marroquíes incluso cambiaron de nacionalidad en el 2013, otros se contentaron únicamente por cambiar de nombre.

– Quién fue nombrado primer presidente de Gobierno después de la aprobación de la Constitución española de 1978?

A   Adolfo Suárez       B   Felipe González        C    Leopoldo Calvo Sotelo 

– ¿En qué año conquistaron Granada los Reyes Católicos?

A    En 1452                B   En 1472                     C     En 1492

 – Las normas sobre derechos fundamentales y libertades reconocidas por la Constitución se interpretan de acuerdo con los tratados internacionales que haya firmado España al respecto y con…

A  la Declaración Universal de Derechos Humanos.

B  la Conferencia de Derecho Internacional Privado.

C  el Tratado de la Unión Europea.

Algunas preguntas, difíciles incluso para los propios españoles, llevan dardos incluidos. En un país con muchos ni nis, donde incluso algunos maestros se confunden de mamíferos, donde falta un modelo de integración propio, dificultar el proceso, sobre todo para aquellos que llevan un lustro viviendo entre nosotros dando lo mejor de sí para sacar adelante el país  no es de recibo. Nadie  les puede ni les debe marginar.