“Sahara Marroquí más allá del Sahara Occidental” (II) SEGUNDA PARTE Por Hassan Achahbar

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Presentación

A continuación publicamos el Prólogo del colega Hassan Achahbar (*) a la excelente investigación del escritor y periodista paraguayo Luis Agüero Wagner sobre el conflicto artificial del Sahara marroquí.

 Lo damos en cuatro partes: Un valioso aporte del autor, Marruecos y las ingratitudes, El despertar de América Latina y Terrorismo polisarista.

La obra “Sahara Marroquí más allá del Sahara Occidental” Luis Agüero Wagner salió en 2016 editada en Paraguay y Chile.

  Por Hassan Achahbar

 Marruecos fue Imperio Jerifiano hasta el día en que perdió su aura militar en la batalla de Isli, la primera librada contra el ejército francés en 1844, cerca de la frontera con Argelia. La causa fue el apoyo marroquí a la resistencia argelina encabezada por el Emir Abdelkader.

La batalla duró poco tiempo pero sus consecuencias han sido dramáticas para el país. Ahí, el ejército marroquí, mal pertrechado y sin preparación, perdió por primera vez en la historia su invencibilidad ante un invasor y, poco a poco, las potencias europeas fueron sacando provecho de su debilidad. Los primeros, no podían ser otros que unos vecinos del Estrecho de Gibraltar.

España atacó y ocupó la ciudad norteña de Tetuán en 1859-60 con todo lo que significó para Marruecos esa nueva derrota en cuanto a pérdida de soberanía sobre una parte de su territorio por la ocupación, años más tarde, de varios bolsones en el litoral atlántico, inclusive el Sahara.

Sin duda, el “León del Atlas” fue herido a muerte en ambas batallas, Isli en 1844 y Tetuán en 1860, pero a pesar de sus dolorosas heridas y su flaqueza militar, Marruecos resistió la intervención extranjera por casi un siglo después de la ocupación francesa de Argelia en 1830.

Los ingleses fueron más cautos pero no se quedaron atrás. Intervinieron, sin arriesgarse militarmente, a través del comercio, intercambiando sus productos industriales y los de sus colonias en Asia, contra materias primas marroquíes sobre todo los granos y las lanas.

También rusos, austriacos, alemanes, italianos, americanos y otros, alegaban cuidar intereses inexistentes en el Imperio Jerifiano. Todas las potencias acudían a conferencias sobre Marruecos, como en Tánger, Berlín y Madrid, antes de la firma del acta del Protectorado en 1912.

Fue así como Francia se quedaba con el llamado “Marruecos útil” y España, que no era ni imperio ni potencia mundial, tuvo su consuelo en el Norte de Marruecos, ampliando además, su expansión territorial en el Sahara, en cuanto la ciudad de Tánger quedó bajo control de un consorcio multinacional integrado nada menos que por 13 potencias extranjeras.

La ingratitud


No hay nada más inhumano y deplorable que la ingratitud en las relaciones entre individuos y sociedades. Marruecos acogió a todos los movimientos de resistencia anticolonial en África, desde la ocupación francesa de Argelia en 1830 hasta la eliminación del apartheid en Sudáfrica. Lo hizo en silencio pero con la satisfacción de haber cumplido con el deber. Lo mismo había hecho durante las Cruzadas, enviando una flotilla naval en apoyo a los ejércitos de Salah alDin al-Ayyubi (Saladino) y aún pervive la memoria de los marroquíes en el “Barrio” y la “Puerta” de los “Magrebíes” en Jerusalén. También en tiempos más cercanos, queda como testigo mudo de esta solidaridad marroquí el cementerio de aquellos caídos en el Golán sirio.

Lo más doloroso, sin embargo, es la terrible traición de los gobernantes de muchos de esos países. Duele comprobar sobre todo que la perfidia de los militares argelinos no tiene límites. Éstos se negaron a negociar con Marruecos el trazado fronterizo, ilegal y arbitrariamente modificado por los franceses en 1952 para agrandar el territorio de su “Provincia de Argelia”.

 Peor todavía. Ahmed Ben Bella, primer presidente de Argelia, marroquí de nacimiento al igual que el actual jefe de Estado, Abdelaziz Bouteflika, provocó una absurda guerra fronteriza con el intrascendente respaldo cubano y egipcio.

Nuevamente, en 1975, y al compás de la Guerra Fría, la cúpula militar de Argel usó cuantos medios financieros, militares, diplomáticos y propagandísticos posibles para oponerse a la recuperación por Marruecos de sus provincias saharianas. Armó y apoyó militarmente a las bandas terroristas del separatista Frente Polisario y sigue hasta la fecha, destinando gran parte de sus ingresos en petrodólares a promover su “república saharaui” en África y América Latina.

La verdad, no le fue nada mal a Argelia en su búsqueda de apoyos entre países africanos y latinoamericanos, sobre todo aquellos dirigidos por militares golpistas y por líderes corruptos. ¿Acaso Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia o Belice son mejor informados sobre el conflicto del Sahara que Inglaterra, Alemania, Francia, Japón, Rusia, Estados Unidos o China?

La compra de votos para el reconocimiento de la “república Saharaui” le cuesta a Argelia, en el mejor de los casos, el equivalente al precio de 50 vehículos de gama media. Además, Argel estuvo siempre dispuesto para más, sobre todo en vísperas de las Cumbres de la Organización para la Unidad Africana (OUA).

Para acorralar a Marruecos se valió de todos los medios lícitos e ilícitos, inclusive el pago por los servicios de personas de mala conducta social y moral para influir en las decisiones de ciertos delegados en organismos regionales africanos. Fue así como obtuvo en la OUA los votos necesarios para la admisión de su “república saharaui” en 1982. Jamás se llegó a enmendar ese grave error que quedó patente cuando la Organización quiso llevar a tal ente virtual a las reuniones multilaterales con bloques como la Unión Europea, la Unasur y la Liga Árabe o con economías del peso y tamaño de China o India.

Aquí, fallaron los estrategas de la ilegalidad panafricana porque tanto la Unión Europea, como la Unasur, la Liga Árabe, China e India se negaron a revalidar la incongruente e injusta decisión de la OUA de admitir en su seno a una república fantasma, en menoscabo de los intereses de Marruecos.

En América latina, la torpeza de la OUA quedó al descubierto cuando intentó discutir en Santiago de Chile y en Brasilia, de la representatividad en la I Cumbre América del Sur-África (ASA) de 2006 en Abuja, Nigeria. Argelia se creía con suficiente peso como para sacar a Marruecos del juego e imponer a su “república saharaui”. La Unión de naciones sudamericanas (Unasur) desestimó, sin embargo, la maniobra argelina y lo mismo hizo tres años más tarde durante la II Cumbre birregional de 2009 en Isla Margarita, Venezuela.

 (*) Periodista especializado en temas iberoamericanos