Tocando las puertas de América Latina Tercera parte Uruguay, Sahara y una comedia en dos actos   Por: Hassan Achahbar (*)

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La historia jamás contada de la piratería diplomática argelina en relación al conflicto del Sahara encuentra su epilogo en la República Oriental del Uruguay, último país latinoamericano en subirse al carro de los reconocimientos de la autoproclamada “república saharaui”.

Los directores y actores de la comedia uruguaya son los exministros de relaciones exteriores, Reinaldo Gargano y Luis Almagro. El relato en dos actos, en el cual la defensa de los principios del derecho internacional pasa a ser un mero cuento para llenar las tertulias de café, entretener a los exguerrilleros tupamaros, a los fanáticos del “Frente Amplio” (FA) y a cierta intelectualidad.

El canciller Garano pertenecía al llamado grupo de los “argelinos” que, para deleite de Argelia y de su republiquita saharaui, fueron promovidos a altos cargos en el primer gabinete ministerial del presidente Tabaré Vázquez (2005-2010). En el prólogo del libro “Sahara Marroquí más allá del Sahara Occidental” del escritor paraguayo Luis Agüero Wagner, recuerdo que “Veinte años atrás, los “argelinos” en el primer gabinete del presidente Tabaré Vázquez: Reinaldo Gargano (exteriores), José Mujica (ganadería) y José Díaz (interior) se lo habían prometido a Argelia y cumplieron, pagando así su deuda por el tiempo que vivieron en Argel durante la dictadura militar”.

Los tres mosqueteros acudieron a la reunión del último consejo de ministros del año, con una carpeta bajo la manga y un proyecto cuya discusión no estaba en la agenda y tampoco estuvo al tanto el Jefe de Estado. Había que actuar rápido y, en efecto, el fraude se consumió faltando tres semanas para la llegada a Montevideo del canciller Benaïssa con el objeto de tratar, entre otros temas, de una próxima visita del presidente Vázquez a Rabat.

Hasta el mes de diciembre de 2005, el Uruguay, el país más pequeño de Sudamérica pero que goza de una imagen positiva envidiable, sin conflictos con ningún país en el mundo, mantenía con Marruecos buenas relaciones políticas y económicas, marcadas por un intenso intercambio de visitas de alto nivel.

En tan solo seis meses, a partir de la asunción del presidente Vázquez, el 1° de marzo de 2005, viajó a Rabat el canciller Gargano y llegaron a Montevideo tres marroquíes de alta jerarquía ministerial, además de presidentes de sus respectivos partidos políticos, el nacionalista Abbas El Fassi, el socialista Mohamed El Yazghi y el popular Mohand Laensar.

También se esperaba para el 16 de enero de 2006, la visita del canciller Mohamed Benaissa para seguir profundizando las relaciones bilaterales y para afinar detalles del viaje del presidente Vázquez a Rabat. Pero sorpresivamente, las autoridades uruguayas decidieron, casi a escondidas, desandar todo el recorrido reconociendo la “república saharaui”.

Con modales que ruborizan y en tono de un energúmeno consumado, el autor material de tal acto de piratería, Reinaldo Gargano, manifestó que él y otros camaradas habían empeñado la palabra y tenían que cumplir la promesa hecha a los argelinos durante los años de exilio en tiempos de la dictadura. Fue así como los tres jinetes del apocalipsis lograron sabotear el entendimiento entre Marruecos y Uruguay, su regalón de navidad para Argelia.

La dirigente del FA, Belela Herrera, aun siendo viceministra de relaciones exteriores, no estaba al tanto del proyecto. Escandalizada ante lo sucedido, reveló que el canciller puso el tema sobre la mesa y el asunte se zanjó sin discusión y sin que nadie reclame. El timing fue perfecto. En días de fiestas navideñas y de fin de año y los ministros con maletas preparadas para las grandes vacaciones de verano, no quedaban ni fuerzas, ni ganas de polemizar.

En los hechos, se trató de un verdadero acto de piratería. Una “decisión de una persona y no de un gobierno”, comentó un funcionario del ministerio de exteriores. El presidente Tabaré Vázquez ha guardado el silencio durante el resto de su primer mandato y aun lo sigue guardando desde el inicio del segundo (2015-2020).

En mazo de 2008, Reinaldo Gargano fue desplazado de la cancillería y sustituido por su correligionario, Gonzalo Fernández, y ocho meses después, se produjo la primera visita a Montevideo de una delegación marroquí encabezada por Ahmed Herzenni, presidente del Consejo consultivo de derechos humanos.

Además del canciller Fernández, la delegación fue recibida por el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa (hoy canciller), el ministro de defensa, José Bayardi, el presidente del FA, Jorge Brovetto, y la presidenta de la comisión de asuntos internacionales del Frente, Belela Herrera.

Las conversaciones vertieron sobre tres temas puntuales relacionados con los avances alcanzados en Marruecos en materia de derechos humanas y las reformas tendientes a afianzar el Estado de Derecho, garantizar la igualdad de género, fomentar el desarrollo social y luchar contra la pobreza et la marginación.

También se abordó la cuestión del Sahara y los interlocutores uruguayos reaccionaron positivamente a la iniciativa marroquí de otorgar una amplia autonomía y de hallar una solución negociada y consensuada al conflicto, comprometiéndose a acompañar los esfuerzos de Marruecos en este sentido.

Es más, el vicepresidente Nin Novoa expresó su apoyo abierto a la soberanía de los pueblos “comprometiendo todos los esfuerzos necesarios” en este sentido, porque, dijo el hoy canciller, “entendimos que la solución pasa por el dialogo en base a la propuesta de autonomía”.

“Nos alegra mucho que la solución venga del propio pueblo de Marruecos” y “estamos en la mejor disposición a apoyar la iniciativa” marroquí de autonomía para el Sahara, aseguró a su vez la presidenta de la Comisión de relaciones exteriores del FA, Belela Herrera, recalcando que “a pesar de todo, creemos que se puede seguir luchando por estrechar los lazos de amistad entre los pueblos” uruguayo y marroquí.

“Nosotros admiramos a Marruecos. Sabemos que Marruecos se sintió ofendido por la decisión uruguaya. Lamentamos ese hecho. Queremos que se llegue a un entendimiento y creemos que el proyecto de autonomía puede ser la solución” al conflicto en la región, añadió.

También se expresó sobre el particular el nuevo ministro de relaciones exteriores, Gonzalo Fernández, quien dijo que, “si bien se produjo ese reconocimiento, no hubo nada más, porque no se autorizó ni la abertura de una representación diplomática, ni la acreditación de un embajador en Montevideo”.

Fernández evitó la polémica al referirse a la decisión de su antecesor en el cargo a la que calificó de “gesto simbólico”. Insistió, no obstante, sobre la necesidad de “salir de la equivocación” y de “enmendar el error, pero sin afectar la imagen del gobierno, ese mismo gobierno que tomo la decisión aunque los personajes son otros”.

Prometió asimismo, reflexionar sobre el tema e informar al presidente, pero descartó la posibilidad de que “este gobierno revoque el reconocimiento (porque) deja en evidencia un error que tendrá costo político a solo diez meses” de las elecciones generales del año 2009.

Según afirmó, “dar marcha atrás en una decisión que se tomó hace menos de dos años y en un año electoral tendrá un alto costo político”. Añadió que “Uruguay, sin dar marcha atrás, puede apoyar fervientemente el proceso de negociación en la ONU” y ese “apoyo en la ONU es un reconocimiento de cierta manera de este error”.

El acercamiento entre los dos países se enfrió por falta de seguimiento y porque Luis Almagro, canciller en el gobierno del nuevo presidente José “Pepe” Mujica desde el 1° de marzo de 2010, hizo todo cuanto pudo para abortarlo.

Convencido por un aventurera lobista sevillano, Emiliano Gómez López, autoproclamado “represente” del pueblo saharaui en Uruguay, Luis Almagro, desautorizó en los hechos al exministro Fernández y permitió la apertura de una representación saharaui. El primer “embajador” separatista, Chibani Abbas, le entregó sus cartas el 18 de febrero de 2011. Todo un acontecimiento que el equipo de Almagro debía celebrar: una primera “embajada” residente en Montevideo de un “país” árabe, un “país” africano, un “país” musulmán.

Valió la pena pues, sacrificar la relación con Marruecos. Así iniciado, el segundo acto de la comedia uruguaya ha durado hasta después de la postulación de Almagro para la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (0EA) en 2014 y su elección en marzo de 2015 como candidato de consenso.

Ya en febrero de 2014, el muy austero gobierno de “Pepe” Mujica envió una importante delegación a Tinduf para el festejo de un nuevo aniversario de la “Rasd”. Integraban dicha comitiva, entre otros, los directores generales de cooperación internacional del ministerio de relaciones exteriores, Gustavo Pacheco, y del ministerio de educación, Pablo Álvarez así como el infaltable Gómez López.

En ese mismo 2014, Almagro recibió en su despacho en al menos tres ocasiones al “diplomático” saharaui, siempre en presencia del español, para tratar de “los últimos acontecimientos relacionados con la situación del Sahara”.

A la sombra de su jefe, el tupamaro José “Pepe” Mujica, y empañado en la esfera de un falso progresismo, Luis Almagro trabajó su ascenso con gran oportunismo, acercándose al régimen chavista de Venezuela y restableciendo relaciones con Cuba, hasta coronarse secretario general de la OEA.
El pasado mes de julio, “Pepe” Mujica hizo llegar a los medios de Montevideo una nota en la cual lamentaba su “equivocación” y se arrepentía de haber confiado en la sinceridad del cuestionado personaje, asegurando sentirse defraudado por la posición de su ex-ministro en relación al gobierno del venezolano Nicolás Maduro.

“Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible”, le dice a Almagro el fundador y expresidente del partido de ambos, el “Movimiento de Participación Popular” (MPP). “Sabes que siempre te apoyé y promoví. Sabes, que tácitamente respaldé tu candidatura para la OEA. Lamento que los hechos reiteradamente me demuestren que estaba equivocado”, escribe.

Motivos hay y de sobra para dudar de la honestidad del diplomático uruguayo. Tras la confesión de “Pepe” Mujica se debe abrir una seria investigación. Le cabe a la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep) del Uruguay pero también le corresponde a la propia OEA, cuya “Convención Interamericana contra la Corrupción” establece en su preámbulo que los Estados miembros se declaran “decididos a hacer todos los esfuerzos para prevenir, detectar, sancionar y erradicar la corrupción en el ejercicio de las funciones públicas y en los actos de corrupción específicamente vinculados con tal ejercicio”.

 (*) Periodista especializado en temas iberoamericanos