“vela en la obscuridad” Brahim Ghali, un tindufiano con oficio de presidente Por Hassan Achahbar

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A mí, me lo cuenta el sabio y buen amigo tindufiano, Hasana Buybih. Me confía, y le creo, que su señor presidente, Brahim Ghali, es el mejor, el emérito (no el inmérito como dicen los envidiosos) y el más grande que jamás tuvo la República de Tinduflandia.

Brahim El Ghali

También piensa, aunque por modestia el sabio Hasana se abstiene de añadir: el “más grande entre los líderes de nuestro mundo”.
Pregunta si no, me apura en forma picara. Pregunta a los socios argelinos, sudafricanos, cubanos, venezolanos, bolivianos, nicaragüenses, ecuatorianos, mozambiqueños, norcoreanos, timorenses y otros. Pregúntales por qué nadie puso pega a que Mohamed Abdelaziz, su mentor y predecesor, sea homenajeado junto con Fidel Castro y el “Che” en el XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (FMJE) que se abre el próximo sábado en Sochi, Rusia.
Ghali, del árabe “Caro”, es sin duda el gran estadista de nuestra Tinduflandia. Un hombre con mucho talento y responsabilidades. Abre cualquier página de los grandes diarios del mundo, de los medios de comunicación social de nuestra república, sobre todo su agencia nacional de prensa, para convencerte de que nuestro Ghali trabaja denodadamente, y disfruta trabajando, sobre todo la representación de la patria tindufiana, una responsabilidad exclusivamente suya, personal e intransferible.
La rutina presidencial, así me lo explica mi amigo Hasana, quien además de gran patriota, es un muy cercano confidente de su señor presidente. La tarea del “Caro” Ghali se resume, según el grado de gravedad de la actualidad, en buscar el adecuado equilibrio, y eso se logra a través de largas horas de reflexión y meditación al aire libre o a la sombra de una de esas tiendas de campaña que unos tindufianos ex-colaboradores del Coronel Gadafi salvaron de los bombardeos aliados en Libia, sustrajeron y se llevaron como botín de guerra y regalo para su señor.
La agenda de trabajo de Ghali es como una réplica de su enorme cerebro, que por fortuna, se divide en dos partes más o menos iguales. A él, no le gusta mucho estar en los asuntos nacionales, que por lo general suelen ser muy aburridos. Prefiere delegarlos en ayudantes llamados convencionalmente ministros.
Total, suele repetir el amigo Hasana: “gran cosa nunca pasa en nuestra casa”. Fuera de las habituales peleas entre hermanos, esencialmente por llevarse las mejores piezas de la caza en el desierto, y de los pleitos entre vecinos, nada perturba la serenidad dentro de las fronteras nacionales, ya que en nuestra Tinduflandia no existen disidencias políticas, ni los dramáticos conflictos sindicales y de interés capitalista que se conocen en las sociedades de consumo vecinas.
“En tinduflandia solo se trabaja por deporte y no por necesidad”, afirma con autoridad y mucho orgullo el amigo Hasana. “En nuestra república no sucede nada de aquellos horribles males que aquejan a los países vecinos. Es verdad que, a veces, nos enfrentamos a grandes tormentas de arena que no nos asustan y muy esporádicamente ocurre un desastre natural como el diluvio de hace un año pero rápidamente nos reponemos. Además, para eso contamos con buena cobertura en la póliza de seguro internacional”, agrega.
Volviendo a las responsabilidades de su señor presidente, mi amigo insiste en que la política internacional encabeza todas sus prioridades y consume la mayor parte de sus energías. Es la más gratificante, y mucho cuidado, porque aquí no se anda con rodeos. El señor presidente felicita por igual a todos sus homólogos en el mundo entero y si le sobra un poco de tiempo, esto sucede en contadas ocasiones, se ofrece para transmitir sus condolencias pero solo a los grandes amigos.
Invariablemente, antes del desayuno, el señor presidente recibe detallados informes sobre el estado de las envidiosas naciones vecinas, ya que en la suya, lo aclaramos, reina la seguridad absoluta y su estado no ha sufrido alteraciones en varias décadas. Además, en esto están trabajando y para eso cobran las Sociedades Anónimas cubanas y los prestadores de servicios y demás colaboracionistas en la Madre Patria.
El señor presidente se entusiasma mucho ante la llegada de los cumpleaños de sus homólogos, acontecimientos estos que él vive, desde la lejanía de su paraíso tindufiano, con intensidad, pasión, emoción y devoción. Él, es el único que se sabe casi de memoria todas las fechas de nacimiento de sus pares en el mundo entero, incluso de aquellos que le caen gordo. También se acuerda con puntualidad de todas las fiestas nacionales y analiza con detenimiento, juicio, lucidez y perspicacia los resultados de todos los comicios generales en el mundo por si tiene que estar presente en alguna ceremonia de investidura.
“Como quien dice”, el señor presidente ya es un gran experto en “sociales”, que es su fuerte. Una vez superado el periodo de rodaje en la jefatura del estado, puede manejar mejor sus tiempos sin cambiar su rutina, trabajar en lo que más le apasiona sin gastar energías buscando fórmulas elaboradas y apropiadas para exteriorizar y transmitir a sus homólogos, conforme las circunstancias y los acontecimientos, sus sinceros sentimientos de alegría y felicidad, tristeza y solidaridad. 
El mayor desafío al que se enfrenta el presidente, y eso lo saben muy pocos allegados como el amigo Hasana, es cuando tiene que desplazarse personalmente para representar a la república, especialmente asistir, en solitario, a las aburridas ceremonias de casamiento o a las investidura en las lejanas repúblicas bananeras.
Además, continúa detallando el amigo Hasana, son muy escasas las grandes oportunidades en las que su señor puede lucir su figura y la incomparable belleza tindufiana de su Primera dama, porque procura no despertar más envidias. Por eso, el “Caro” Ghali declina las invitaciones a banquetes regionales e internacionales, salvo cuando ve que algún intruso intenta aprovechar su ausencia para ocupar indigna e inmerecidamente su puesto.
De hecho, los modistas al servicio de su república se quejan mucho, porque hartos de tantos esfuerzos para confeccionarle vistosos trajes que son verdaderas piezas de museo pero que él nunca estrena.
Finalmente, Hasana respira hondo y suelta: si el “Caro” Ghali no va a los entierros no es porque los aborrece. Al contrario, le encanta todo lo macabro. Quiere y desea tanto asistir, pero no conviene. No entiende y ningún cercano a él, ha logrado darle una buena explicación por qué se le invita a las bodas y no a los entierros. Será, según el amigo Hasana, porque trae mucha tela por donde cortar.
 
 

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