“Antes de olvidar” Venezuela, el Polisario y el terrorismo   Richard J. Vargas (*)

0
Richard J. Vargas es Presidente de la ONG “Observatorio de la Democracia” (Venezolano en el exilio en Argentina)

 La comunidad internacional ve con asombro mediático cada vez que se produce una oleada de ataques de grupos radicales contra la población civil indefensa, muchas veces ajena y hasta distante del territorio o tema objeto de la disputa, discusión, negociación o conflicto.

Ahora también los países históricamente seguros y hasta tutelares reciben su cupo de terrorismo y miedo, dando luces claras de que el calentamiento no es el único mal global. En el siglo XX se gestó poco a poco la falsa, interesada y oportunista visión de que el mundo sólo podía ser analizado, visto o gobernado por una visión a la vez: o de derecha o de izquierda, haciendo alusión a la posición ideológica marxista-leninista en contraposición a la visión liberal. Este mal atajo analítico, cuya nomenclatura tuvo su origen en un hecho azaroso que se desarrolló en una convención por el año de 1789, ha servido de excusa para infinitos discursos, proyectos, regímenes y experimentos que no hacen más que socavar su propio espíritu o intención, pues ese maniqueísmo no tiene asidero en la vida real, menos aún en la lógica natural. Aunque el reconocimiento de Venezuela a la llamada RASD data del gobierno de Luis Herrera Campins y se hace efectiva el 3 de agosto de 1982, el activismo militante por la causa del Polisario se hace evidente con la llegada al poder, luego de liderar dos sangrientos golpes de estado fallidos, del Teniente Coronel Hugo Chávez en 1999, quien adopta la causa a título personal, incluso sirviendo como patrocinante político y financiero, donando entre otras curiosidades, una lujosa casa para el llamado representante diplomático de esta entidad en la ciudad de Caracas, amén ingentes cantidades de petrodólares para promover la propaganda y la subversión internacional a favor de la independencia de esta provincia del Sur de Marruecos. Esta situación tuvo su punto máximo en el 2009, cuando el embajador de Venezuela en Argelia Héctor Mújica, viajó a los campamentos de refugiados en el suroeste de este país magrebí para presentar sus cartas credenciales diplomáticas al que era para ese entonces el líder del Polisario, Mohamed Abdelaziz, quien también era presidente de la denominada RASD, ante lo cual el Reino de Marruecos decidió cerrar su Embajada en Caracas, aunque Venezuela la mantuvo y la mantiene abierta en Rabat aún. Esta línea de gobierno ha sido continuada luego de la muerte de Chávez por su heredero ideológico Nicolás Maduro y encabezada ahora a cuatro manos con el polifacético Tareck El Aissami, hombre fuerte del régimen que se encarga de los lazos con los grupos narco radicales y extremistas del mundo. Toda esta situación pudiera resultar a primera vista inocua y un asunto de mera coincidencia ideológica entre personajes que apelan a la violencia con discursos populistas de izquierda, que solo persiguen la conquista o permanencia en el poder por cualquier vía y por cualquier tiempo, pero no es así. Alimentar estas aspiraciones secesionistas en cualquier parte del mundo supone en la actualidad crear un nuevo espacio fértil para la siembra de peligrosos focos terroristas, pues al pretender fracturar la unidad nacional se generan grietas sociales que son ocupadas rápidamente por estos radicales, de allí la importancia que tiene para el mundo sostener un firme criterio jurídico y geoestratégico que permita contener estas nuevas, potenciales y potentes oleadas de terror y miedo. Principalmente desde la 4ta Comisión para la Descolonización de la ONU se promueve e insiste en mantener esta pretensión de secesión viva aunque la mayor parte de la comunidad internacional la desconoce y/o repudia, y más aún, cuando el tema por reglamento ya debería haber salido de esa instancia y estar bajo agenda exclusiva del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Como dato infeliz, la reunión de este año en New York contó con la batuta del ingeniero Rafael Ramírez (Presidente de 2004 a 2014 de la expoliada PDVSA) en su papel de Embajador de Venezuela ante la ONU y presidente por un año de esta Comisión. Cierro entonces estas líneas recalcando lo que el título infiere claramente: existe una evidente y peligrosa relación entre la posición doctrinaria de Venezuela y el grupo Polisario frente a la resolución del conflicto del Sahara Occidental y el terrorismo mundial y esto debe ser denunciado y contenido por la civilidad mundial.
(*)Presidente de la ONG “Observatorio de la Democracia” (Venezolano en el exilio en Argentina)