Yo soy lo que tú no eres Nabil Loukili   

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    Tras asistir a dos conferencias dadas por una escritora  de origen sirio y de habla hispana llamada Sirin Sibai y la doctora y profesora del departamento de lengua y literatura hispánicas Fedoua el Hiziti sobre la decolonialidad y el feminismo en el seno de la facultad de letras y ciencias humanas de Ain Chok en Casablanca, me quedó un peregrino sabor de boca y una díscola y escurridiza volatería merodeando por la cabeza sobre los temas tratados en dichas charlas.

“Yo soy lo que tú no eres”, es la frase clave en torno a la que giraba toda la conferencia y que yace en el magín del conquistador y colonizador desde los albores del colonialismo. Un principio que sigue vigente hasta los tiempos que corren y que se aplica a ratos sin rebozo y otras disimuladamente en la política adoptada por las potencias colonizadoras. Subrayan las conferenciantes que el concepto de modernidad, acuñado en el viejo continente, es indisociable de la colonización y subyugación de pueblos considerados inferiores, incivilizados, salvajes e incapaces de tomar las riendas de su propia existencia y de valerse por sí mismos. En efecto, según el pensamiento colonial, para modernizarse cualquier nación ha de conquistar necesaria e inexorablemente a otra, someterla a una especie de tutela y explotar sus potenciales tanto naturales como humanos. Caso de que las gentes moradoras de esas tierras colonizadas opusieran cualquier tipo de resistencia que pudiera poner en peligro la buena marcha del proceso de domesticación y expoliación de sus riquezas cualquier medio por exterminador que sea sería susceptible de utilizarse con el fin de lograr los objetivos que se persiguen. La modernidad con que nuestros medios de comunicación llevan años y años dándonos la tabarra y que quieren implantar en nuestras sociedades ya está caduca e inválida ya que va en contra de nuestros ideales, de nuestra escala de valores y de nuestras creencias religiosas. Nuestra ética, nuestro credo y nuestros principios nos prohíben bajo ningún concepto menospreciar, sojuzgar ni aniquilar al otro con tal de usurpar sus riquezas y subalternizarlo perpetuamente. Somos moralmente más civilizados que el europeo cristiano-céntrico, más humanos que el antropófago occidental sediento de sangre y carne tercemundista…seríamos todo lo atrasados que ustedes quisiesen científica y tecnológicamente… pero somos lo que vosotros no sois…