« 11-M: Madrid 1425 » De Said Jedidi (*) NOTA DEL AUTOR (2)

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 «Frente a esta encarnizada guerra, la OCI y todos los Estados musulmanes, unos más que otros… todos continuaron a disfrutar de su calidad de «países de interés estratégico» de EE.UU. unos, poco proclives a su interés nacional, aspirante a las benevolencias geopolítica o financiera estadounidenses, otros… todos en una frenética carrera contra-reloj hacia el liderazgo en la poco democrática guerra contra el misterioso terrorismo islamista o islamizado».

  Se quedó mudo un instante, tratando de leer el impacto de sus ideas en mi rostro y remató con la sonrisa de quien conoce un secreto y no quiere divulgarlo.

  «Una repentina erección moral e ideológica sin orgasmo recompensable hasta ahora a pesar de una atroz injusticia cometida a ultranzas».

   «La autoría, tanto del 11-S como del 11-M – concluyó su sermón- se debe buscar fuera del Islam y los musulmanes».

   Buscaba la verdad y no encontraba más que incertidumbre.

«La realidad no se puede cambiar con balas, sino con palabras», profetizaba Abdelkader poco seguro de su evidencia.

Sabía por qué lo dijo:

«Que nos devuelvan nuestra propia historia».

¿Pero, quién os la arrebató?

Algo o alguien impedían a estos jóvenes vencer su timidez y hacer prosperar su singularidad saludable.

 A todas luces, lo que deseaban era excesivo, pero no exagerado.

También era evidencia inaudita  que algunos y no todos rascaban donde creían poder hacer daño.

La indulgencia atravesada por palabras, a menudo mal aprendidas y peor expresadas.

Iniciativas intempestivas. Ninguno de ellos era conciente de que siempre es peligroso decir «tengo razón».

¿Siempre?

Esta vez fue infinitamente más que peligroso y por ello yo estaba allí.

Vi cosas. Mi providencial guía me enseñó otras. Al final, como un elogio supremo o simplemente como un método de compromiso, le prometí «ocuparme» decentemente del asunto «porque en un reportaje de un minuto o dos sería imposible describir fielmente este océano de cálculos imbéciles».

Prometí hacerlo después de una investigación personal y una minuciosa verificación y desglose de la impresionante cantidad de imágenes y sonidos gravados en mi mente y en mis aparatos.

  • ¿Por qué no escribes un libro?

  • Buena idea. A mi regreso a Rabat lo pensaré… porque si lo hago, prefiero ser prudente y tenaz, exigente e imparcial. Tú sabes Abdelkader que aquí se mezclan los míos y los que no me son extranjeros…

  • Te refieres a Marruecos y España

  • De cierta manera

Con Abdelkader, en Lavapiés o en otros puntos cálidos de Madrid descubrí problemas planteados de manera urgente y cuya solución fue mil veces postergada…

Por razones de Estado o de contextos y coyunturas geopolíticas, todo el mundo estaba convencido de que nunca es oportuno hablar de derechos de los extranjeros.

Los errores de análisis conducen ineluctablemente a graves incoherencias. Para ellos Lavapiés era una especie de “verfügbar[1]  en el que escucharon mil veces que contaminaban la raza por lo que decidieron refugiarse en una concha de indomables visiones con, a veces, gestos extremos y un cinismo social a toda prueba.

Humor macabro. Pero lo suyo era, a todas luces, una negrura infinita…un combate contra la propia conciencia.

¡Alucinante! Ni querían irse ni querían quedarse.

Y uno de los resultados era, como me decía Abdelkader, que «esta gente aprendió a rezar cínicamente cada oración, como si fuera, a la vez, la primera y la última».

Era, como lo calificaba atinadamente uno de los hijastros del barrio, su manera de concebir la contracultura.      

¡Espantoso!

Gente sincera (el terrorista suele ser ingenuamente sincero) que por abnegación a la realidad o porque nadie hizo nada para buscarles pretextos que les sirvieran a desligarse de su juramento, se pasa el día tratando de plegar a su falsa visión del mundo… a menudo con cinturones explosivos o argumentos todavía más inverosímiles en torno a la indiferencia ante la muerte.

Sin embargo en su Tánger, Tetuán, Larache o cualquier otra ciudad natal, se permitían el lujo de soñar en español. Algunos de ellos elogian ahora una barbarie mediocre.

Para Marruecos se trataba de una irónica función clorofílica: respiraba divisas y desprendía parados y ahora desprende a ambiciosos y absorbe presuntos terroristas.

Desde entonces comencé a acariciar la posibilidad de poner manos a la obra y a…contribuir a canalizar tanta rabia para transformarla en energía creadora.

Volví a Madrid,  en otras tareas profesionales en la televisión marroquí o en el marco de mis ocupaciones literarias como conferenciante o para presentar mis novelas. Pero nunca volví a ver a Abdelkader aunque sí me encontré con muchos otros Abdelkaderes.

En Marruecos nadie podía prever aún la globalización de la fe…perversa.

Tuve que esperar y esperando acaricié, mas de una vez la extraña duda de que alguien me había manipulado para escribir este libro. ¿Por qué no escribes un libro? Me lo preguntó Abdelkader. Nunca volvió a contactarme para averiguar el estado de su «sugerencia». En cambio yo, una vez terminado el 11-M: Madrid 1425 si, me pregunté más de una vez quién era realmente Abdelkader por qué me «sugirió» escribir este libro y finalmente, por qué acepté.

    No importa. La curiosidad puede matar al gato pero nunca a un escritor.

Hoy tengo tiempo, ganas y sobre todo, voluntad de contar, a mi manera, lo que creo que fue-es una mezcla de futurismo, situacionismo y terrorismo…hasta ahora, afortunadamente en ciernes aunque ya ha causado y puede causar muchos estragos.

             ([1])  Disponible en alemán, adjetivo que designaba, durante la época nazi, a los deportados que estaban afectados a un trabajo no preciso.

 (*)Said Jedidi, Periodista y escritor marroquí. Director y jefe de redacción de Infomarruecos y Conacentomarroqui