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Campamentos argelinos de Tinduf: ¡Intolerable!

Crimen sin castigo

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Durante los debates en el marco de la 47 sesión del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, el embajador, representante permanente de Marruecos ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, Omar Zniber, recordó ayer la responsabilidad directa de Argelia en la persistencia del calvario que padecen los habitantes de los campamentos de Tinduf, privados de sus derechos más elementales, y que son utilizados por las autoridades de este país como fondo de comercio.

Zniber no es el único en denunciar tan degradante situación y tan impune violación de los derechos humanos. Muchas organizaciones internacionales lo hicieron/lo hacen muy a menudo sin que sus nobles iniciativas encontrasen eco debido a obvias razones de diversa índole, especialmente estrechos intereses geopolíticos.

A las condenas y a las repulsas internacionales se suman censuras de amantes de la paz y de la justicia no solo al mentor argelino y sus milicias del Polisario, sino, y quizás, sobre todo a los países que, conociendo perfecta y suficientemente el calvario de los rehenes del gulag argelino de Tinduf persisten en dudosas posiciones que evitan un feliz desenlace.

Fondo de comercio que, por no haber desaprobado por algunos como España, se extiende a sectores impotentes de la población de los campamentos argelinos de Tinduf como los menores reclutados y destinados al manejo de armas y explosivos en el que muchos no pudieron sobrevivir.

Dentro, incluso de los campamentos, donde el terror y la represión eclipsan la expresión de los dolores y de los sufrimientos, la mayoría de las madres, desafiando el miedo de los padres denuncian la militarización de sus hijos o su deportación a Cuba para una criminal instrucción militar.

Escuela del odio y de la violencia, los campamentos argelinos de Tinduf parecen servir los intereses de quienes, en 45 años no se han enterado de que, ante la unanimidad del pueblo marroquí sobre su integridad territorial, sus viles proyectos son irrealizables. Pero persisten y, persistiendo, provocan una de las situaciones más impunemente dramáticas de una población-rehén del Polisario y de sus complices.

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