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LOS NIÑOS SOLDADOS DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL, Dr. Adalberto C. Agozino -II-

Ponencia

Dr. Adalberto Agozino
Periodista y escritor
Argentina

Ponencia presentada por el Dr. Adalberto C. Agozino en el Congreso Internacional de Psicología Social, Buenos Aires, 5 al 8 de octubre de 2022.

INTRODUCCIÓN

La utilización de niños soldados es el grado más extremo de explotación infantil. Las víctimas no solo pierden su infancia (y a veces hasta la vida), sino que a lo largo de su existencia arrastran horrendas cicatrices físicas y psíquicas.

Sin embargo, en el mundo trescientos mil niños, en al menos treinta países, han sido reclutados como soldados, milicias, grupos terroristas y bandas del crimen organizado

  1. Reclutamiento

Los niños soldados son reclutados mediante los más diversos procedimientos. En algunos países africanos son secuestrados por grupos armados de sus viviendas en las aldeas por las noches.

El grupo yihadista nigeriano Boko Haram, por ejemplo, alcanzó celebridad por sus ataques a centros educativos cristianos donde asesinaba o secuestraba a los estudiantes. En abril de 2014, secuestró en la localidad de Chibok a 279 alumnas de un colegio de niñas. Algunas fueron incorporadas al grupo como cargadoras, cocineras o esposas de los líderes, otras fueron vendidas como esposas en aldeas musulmanas, unas pocas murieron de agotamiento durante las marchas, fueron ejecutadas por negarse a caminar o intentar fugarse. Solo un puñado de esas infortunadas niñas lograron ser rescatadas y retornar a sus hogares.

En algunas regiones en conflicto o en áreas de extrema pobreza muchos niños pierden a sus padres, o se interrumpe el contacto con ellos, huyen de sus hogares por maltratos, se convierten en refugiados, en migrantes irregulares o simplemente están en situación de calle. Cuando una sociedad atraviesa por una fuerte crisis socioeconómica los niños, que son los más vulnerables, no encuentran otra estructura de contención que la aparentemente ofrecida por las milicias o las bandas criminales.

Algunos niños se unen a estos grupos porque parecen constituir la única alternativa para sobrevivir. Otros para formar parte de una causa que de sentido a su vida, en especial porque un arma puede brindar un falso sentimiento de seguridad y omnipotencia.

En algunas ocasiones los niños se incorporan a un grupo armado buscando vengar alguna atrocidad cometida contra su familia o su aldea.

Por último, están los niños que se dejan tentar por el dinero fácil que ofrecen ciertos ejércitos irregulares y especialmente los grupos de narcotráfico.

En México, las organizaciones criminales reclutan a niños desde los nueve años para que sirvan como vigilantes, informantes y dealer de drogas. A los doce años, los emplean como custodios de los escondites de drogas, y a los dieciséis se los incorpora como “soldados” plenos, listos para llevar a cabo operaciones violentas tales como ejecuciones, robos y secuestros, según un estudio de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM). A las niñas se las destina al envasado y transporte de drogas. Entre ellas el abuso sexual es moneda corriente.

El director de la REDIM, Juan Martín Pérez García señaló que “el reclutamiento forzoso de niños que vemos en México es similar al que se aprecia en África y Colombia”.[i]

Una vez incorporados a una milicia u organización criminal los niños descubren que después de ser reclutados solo pueden salir del grupo con la muerte. El castigo por intentar desertar suele ser extremadamente severo y puede llegar a la ejecución a manos de sus antiguos camaradas.

La FARC, por ejemplo, solían castigar con la pena de muerte los intentos de deserción en especial si el fugitivo al escapar se llevaba un arma.

Los desertores en el caso de ser capturados enfrentan un “consejo de guerra” donde son juzgados por sus compañeros. Finalmente, la suerte del frustrado fugitivo es resuelta en una votación pública donde sus antiguos camaradas resuelven su destino simplemente alzando la mano para determinar la imposición de la pena de muerte o de un castigo menos severo.

En esos grupos, las penas más severas se aplicaban a faltas graves como quedarse dormidos o distraerse durante una guardia, extraviar un arma, cometer alguna infidencia o traición. Incluso el consumo excesivo de alcohol o drogas puede acarrear la muerte.

Habitualmente, los niños que habían dudado, intentado defender al acusado o tenían amistad con él eran designados para integrar el pelotón de ejecución.

Es necesario recordar que la vida de niño soldado no es fácil. La formación militar es agotadora, con largas horas de entrenamiento físico, adoctrinamiento político o religioso, prácticas de tiro, a veces sin suficiente comida o descanso. Por lo general, a los niños pequeños y mal alimentados les resulta muy difícil superar las exigencias del entrenamiento.

Los niños descubren enseguida que, una vez reclutados, no pueden cambiar de idea sin más o dejarlo.

  1. LAS NIÑAS: COMBATIENTES Y ESPOSAS

Los padecimientos de las niñas soldados son aún mayores que el de sus similares masculinos. Además, de portar armas e intervenir en los combates las niñas son obligadas a cumplir tareas como cocineras y explotadas sexualmente. Las estimaciones de Naciones Unidas indican que como mínimo el 40% de todos los menores reclutados y utilizados por grupos armados son niñas.

En la mayoría de los conflictos y en grupos terroristas como Boko Haram o los yihadistas del Estado Islámico las niñas secuestradas o incluso aquellas que adolescentes conversas y radicalizadas son entregadas a los combatientes adultos como “esposas”. Muchas veces sufren violaciones colectivas, se ven expuestas a enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados.

Cuando un yihadista del Estado Islámico muere en combate su esposa e hijos son entregados a otro combatiente como nueva esposa.

  1. LAS CONSECUENCIAS

Los padecimientos que arrastran los jóvenes que han dejado de ser niños soldados son profundos. A menudo los niños son separados de sus familias durante largos períodos o para siempre, por lo cual carecen de una adecuada socialización familiar y comunitaria. El trato brutal que reciben de sus jefes y la exposición a la violencia les provocan dificultades emocionales y psicológicas. Los psicólogos y médicos que los han tratado refieren que los ex niños soldados padecen una forma aguda de estrés postraumático con trastornos de sueño, problemas alimenticios, ansiedad, temor por el futuro y por sí mismos. Muchos de ellos tienen pesadillas recurrentes sobre las experiencias traumáticas sufridas.

Además de los sufrimientos emocionales los niños soldados pueden padecer las secuelas causadas por su actividad como combatientes. Muchos niños resultan mutilados, sufren desnutrición o contraen enfermedades que arrastran por el resto de su vida.

En general, los niños soldados han interrumpido o nunca recibieron educación. Tras perder años de escolaridad, afrontan problemas para retornar a la escuela después de dejar la vida militar y problemas con la autoridad. Sin preparación para la vida civil, sin educación y arrastrando un pasado de violencia, el desafío más importante después de dejar las armas es cómo ganarse la vida. Este problema es aún más agudo en el caso de las niñas que a menudo son madres solteras rechazadas por sus comunidades y sin medios para sobrevivir.

  1. SEGUNDA PARTE: ESTUDIO DE CASO

  1. LOS NIÑOS SOLDADOS RECLUTADOS POR EL FRENTE POLISARIO

  2. EL CONFLICTO DEL SÁHARA

  3. EL DIFERENDO DEL SÁHARA

  4. Descolonización

Marruecos logra su independencia política en 1956, finalizando los protectorados ejercidos por Francia y España sobre su territorio. Pero, la recuperación de algunos territorios controlados por España se realizó en sucesivas etapas: el norte en 1956, las zonas de Tarfaya en 1958 y Sidi Ifni en 1969. Por lo tanto, Marruecos siguió reclamando ante las Naciones Unidas la recuperación de las provincias de Río de Oro y la Saguia el Hamra (las provincias del Sur).

  1. La Guerra de las Arenas

La presencia colonial de Francia en Argelia fue un obstáculo para la delimitación territorial entre este Estado y Marruecos. A partir de la década de 1930, aprovechando la existencia del Protectorado, Francia anexo las regiones marroquíes de Tinduf y Béchar a lo que en esa época se denominaba Departamento de Ultramar de la Argelia Francesa.

Al recuperar su independencia, en 1956, el Reino de Marruecos inmediatamente reclamó a Francia la restitución de su territorio. El tambaleante gobierno de la IV República propuso al rey Mohamed V reintegrar el territorio ilegalmente anexado y acordar un tratado definitivo de límites muy favorable a Marruecos a cambio de que el gobierno marroquí cesara en su apoyo al movimiento independentista argelino. La respuesta de Mohamed V fue categórica. El monarca marroquí se negó terminantemente a establecer cualquier acuerdo diplomático con la potencia colonial a espaldas de sus “hermanos de Argelia”.

Sin embargo, una vez producida la independencia, el líder radical argelino Ahmed Ben Bella se negó a reconocer los reclamos territoriales de Marruecos. Pronto se generaron incidentes en la desértica zona fronteriza en disputa de Hassi Bayda. En octubre de 1963 comenzó el enfrentamiento militar abierto. El Ejército de Liberación Nacional de Argelia estaba formado por los antiguos combatientes que habían enfrentado a las fuerzas coloniales franceses en una guerra de guerrillas que se prolongó por más de ocho años. Además, contaba con armamento y entrenamiento suministrado por la Unión Soviética –en especial, blindados T-55) y con la asistencia de novecientos combatientes cubanos enviados por Fidel Castro.

No obstante, las fuerzas armadas de Hassan II, equipadas con moderno armamento occidental y contando con la discreta asistencia de los Estados Unidos y Francia se impusieron sobre el terreno. Los combates más sangrientos se produjeron en los pueblos de Figuig y M. Hamid. Finalmente, la intervención de la Organización para la Unidad Africana logró el establecimiento de un alto al fuego, el 4 de noviembre de 1963. El acuerdo fue firmado en Bamako por Hassan II y Ben Bella, merced a los buenos oficios del emperador etíope Haile Selassie I.

Las tensiones entre Marruecos y Argelia se redujeron gracias al establecimiento de una zona desmilitarizada en el tramo en disputa de la frontera común y el conflicto territorial quedó en manos de una comisión africana de arbitraje. Posteriormente, el 17 de julio de 1964, durante la Conferencia de El Cairo, una reunión entre Hassan II, Ahmed Ben Bella y el presidente tunecino Habib Boruguiba, sirvió para estabilizar la región del Magreb.

En 1965, un golpe militar derrocó a Ben Bella, con su sucesor el coronel Hourari Boumedián, las relaciones entre Marruecos y Argelia mejoraron transitoriamente. La catedrática de Historia de la Universidad de California opina al respecto de este conflicto que “fraguó una hostilidad permanente y una amarga animosidad envenenó el ambiente entre los dos vecinos, que desembocó directamente en la crisis del Sáhara Occidental en 1975”.[ii]

Continuara

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