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Tiempo de lectura: Grito primal de Said Jedidi (la versión árabe por el profesor Ahmed Elamraoui en conacentomarroqui.blogspot)

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                                   CAPITULO VI

                                        DILEMA

 

Algo le decía que aquella era la ultima vez que veía el mar. No le gustaba aquella intuición. Tenia alma de marinero y solo la muerte le podía alejar del mar. Se sentía poco inspirado, pero no le inquietaba mucho. Sabía que no era más que la incertidumbre en torno a lo que sucedía y podía seguir sucediendo. Lo sabia y nunca dudó de que aquél momento llegaría cuando menos lo esperaría. Ahora que había llegado le parecía que las lejanas luces de los pesqueros que atracaban o atravesaban las costas de Martil dejaron de bailar como antes.

  • Debe ser una sensación, pensó

Desde lo alto de “mar y sol” donde le gustaba tomar su te de las tardes todo le parecía postrado.

  • Con este te de la tarde, estoy hecho todo un inglés, comentó irónicamente, sin dejar de “inspeccionar” el inevitable “paseo”, auténtico patrimonio veraniego tetuaní, que parecía comenzar a dar signos de un cansancio mortal. No parecía dispuesto a seguir luchando con la “Cornisa” que le arrebataba, poco a poco, el protagonismo nocturno entre los veraneantes. Una música popular provenía de una de las improvisadas tiendas de bocadillos que proliferaban ahora en el legendario “paseo”, hasta hacia poco la única avenida marítima de la localidad.

  • ¡Qué horror! Exclamó antes de cerrar los oídos con las mangas de su chilaba.

En frente, extendidas en la fina arena del magnifico litoral, cual bandadas de palomas, en un impecable orden y casi disciplina, decenas de familias tetuaníes solían tomar su te de la tarde con pastelitos caseros, envueltos primorosamente en pañuelos artesanales de seda,  mientras que sus hijos y sus hijas recorrían el “paseo” de punta a punta, luciendo la ropa que acababan de comprar o los peinados que acababan de descubrir en los espacios publicitarios de la primera de la televisión española.

  • ¿Cuántos se casaron desde aquí? Se acordó

Abajo, dejaron de brillar con fuerza los “históricos” faroles, aunque él, seguía tratando de recordar los gritos de los vendedores ambulantes: “caramelos, chile, chocolate Maruja” pipas…” antes de despertarse con la cruda realidad: abajo había un zafarrancho, los vendedores ahora son de caracoles, churros marroquíes y hasta patatas fritas y salchichas. La intensa capa de humo era insoportable, pero nadie se quejaba.

  • O esto o la mendicidad, reconoció Ali ben Ahmed.

El panorama era otro, otro el paisaje y el paisanaje… distintos y muy distantes.

  • Señor. Era el camarero

  • Un zumo de naranja y mi te habitual.

Antes de que se vaya el camarero, Ali ben Ahmed le dijo: “y si no te molesta dile a Si Mohamed que aquí está Ali ben Ahmed.

  • de acuerdo, señor. ¿Otra cosa?

  • No gracias, caballero

Desplegaba un enorme esfuerzo para n o aparecer anormal. Saco un pañuelo de su bolsillo y se seco el sudor que comenzaba a correr generosamente sobre su frente y mejilla. Sentía que le temblaban las piernas.

  • ¡Dios mío, es ella! Soltó esforzándose en aparecer normal. “¡Y qué!” dijo como si buscara consolación.

De repente, 40 años pasaron veloz y desordenadamente por su nublada mente. Se sintió a punto de desplomarse. En un enorme esfuerzo, volvió a reunir sus fueras y sus energías para soportar vivir una escena de su infancia cuando, tumbado en esta misma arena con  sus amigos escuchó a Omar decir:

  • Son el grupo de Valencia

  • Todos serán, dentro de poco, Incha’a lah, ingenieros agrónomos, le respondió Abdellah, medio admirador, medio envidioso por no haber terminado él, la enseñanza primaria, observando a unos 4 jóvenes, vestidos “ultimo grito” español avanzando cantando alegremente.

  • Ingenieros agrónomos… éstos lo serán dentro de un siglo. Que no tienen pinta ¡coño! Grito Omar

  • ¿Por qué lo dices, Omar? Te digo que volverán en un cerrar y abrir los ojos. Son vacaciones y se divierten… durante los estudios deben ser otros. Ya verás, Omar, volverán a Tetuán ingenieros agrónomos y nos encontrarán quizás aquí contando aun tonterías de los demás. Otros han vuelto ya y eran como ellos. Los conozco unos por uno. Mi primo Jaled figura entre ellos y ya es todo un doctor en el hospital militar del barrio Málaga.

  • Resulta que tu siempre has tenido una especia de complejo de inferioridad para con los que logran atravesar este charco, corto Omar enseñando con su dedo el Mediterráneo.

  • ¿pero, qué complejo de inferioridad ni que niño muerto, interrumpió Abdelah enfadado como si tratara de rectificar lo que creía ser un insulto gratuito de su amigo. Te lo voy a explicar, ¡burro! Han pasado 4 jóvenes, 3 de los cuales no son de Tetuán. 2 son de la vecina Chapen y el tercero de Larache. Solo uno es de Tetuán. Los 4 han estudiado en el Cadi Ayad[1], alojándose en su internado. Es decir, estudiaron a base del rancho, con ganas de comer un poco más y mejor pero también con tremendas ganas de estudiar. Al final estudiaron y lograron lo que querían y a lo que anhelaban. Y aquí los tenemos bien vestidos, bien educados, no se meten en cosas de otros y derribando clases sociales. No importa el nombre de su familia ni cuantos anos han estado en Tetuán. Son el orgullo de esta ciudad y de este país. ¿Sabes, Omar? hoy por hoy solo existen los que estudian mucho y los que estudian menos o nada, como tú

  • Y también como tú, corrigió Omar

  • Hoy los hijos de fulano y mengano se matan para ser amigos de Brahim o de Yussef ¿Sabes por qué, Omar? Porque estudian a pesar de ser hijos de Fetuma y de un padre soldado[2]

  • Estas alucinando, Abdelah.

  • Se lo que digo. Ya verás como mañana volverán a Tetuán, ocupando altos cargos y casándose con las hijas de las mejores familias de la ciudad.

  • ¡Será posible! ¿pero sabes lo que dices, tío?

  • Son otros tiempos, otros modales, otros usos y otras costumbres.

  • Escúchame, Abdellah…

  • De acuerdo, pero déjame terminar

  • Sigue, sigue…

  • Aquí en Tetuán, nunca ha habido, no hay y nunca habrá ningún tipo de aristocracia. Solo Zra’a Kuon[3] se imagina ser uno y ya sabes no es un equilibrado mental. Los demás que se lo imaginan tampoco son normales. Si es verdad. Nadie lo ignora. Aquí en Tetuán en todo el mundo muchos han heredado inmensas fortunas, enormes casas, casi palacios, fincas etc., pero, como tu y todo el mundo sabe, sus hijos estudiaron en colegios públicos. Del Estado, gratis y además con el rancho y bollos de harina blanca. Es decir, apuntándose con los pobres para conseguir una plaza en los comedores escolares. Después pasaron días y semanas de idas y vueltas a Rabat para conseguir una beca para sus estudios universitarios. En esto, si que todos somos iguales, pobres y ricos.

  • ¿Sabes Abdelah? Con este discurso estoy seguro de que ganarías el concurso de Radio Dersa y te llevaras un montón de caramelos Caparros y galletas Roíz. Solo tendrás que responder a la pregunta de quién construyo la ciudad de Tetuán.

  • Responderé que nadie. Tetuán aun no está construida. Espera que la construyan.

Esta última respuesta de Abdelah relajó relativamente el clima.

[1] Único colegio de enseñanza secundaria en Tetuán en aquella época

[2] Refrán tetuaní que hace alusión a una clase social ordinaria

[3]

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