Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Argelia/Tortura moral y expulsión de prensa: Deber de denunciar

Manu militari

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de argelinos de Tinduf y víctima de laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

Seis largas y penosas horas de interrogatorio, confiscación del material periodístico, mal trato y… como colofón, expulsión.

Estamos hablando de la manera con que los agentes de la junta militar han tratado a un equipo de la televisión marroquí (SNRT) en el aeropuerto de Argel, después de hacer un desvío hacia Paris y de allí a la capital argelina.

Evidentemente, el deber y la responsabilidad de denunciar exige que todo el mundo lo sepa porque nadie trata a “civiles” tan cruelmente, sobre todo, en el momento de la celebración de una Cumbre antes de la cual, durante la cual y seguramente después de esta Cumbre árabe seguirá repitiendo la cantinela de “la unidad árabe” y bla…  bla…bla.

Un acto que nunca se ha visto en tiempos de paz ni, a menudo, de guerra. Un acto que ilustra la naturaleza polpotiana del régimen militar argelino y sus estalinianos métodos que desmienten cabal y elocuentemente todo lo que afirma y pretende.

Un acto, finalmente, que ni se puede perdonar ni se debe tolerar.

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