Cronica desde TindufCrónicasFeatured

43 años de impostura Tiempo de cambiar

Callejón sin salida

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

Extraña la situación-pesadilla que vivimos en los campamentos argelinos de Tinduf y nunca mejor utilizado el término de “argelinos” porque, desde hace semanas, Argelia administra, aunque discreta, directamente su gulag de Tinduf.

Las miradas de la población convergen hacia la Iniciativa saharaui para el cambio más pragmática, más realista y a la postre, más saharaui.

En anos de “investigación” de los servicios secretos argelinos no ha encontrado lo que podía servirles de escándalo de los jefes de la ISC.

Los deben inventar…

Los piones de su Polisario se limitan a cobrar y a cerrar el pico. “Bastantes patas han metido”, explica un fiel servidor de la secretaria general. “Esto iba a la deriva y casi llegaba al fondo”, explica otro. La cúpula del Polisario con su “presidente” impuesto por Argel, no sirve, en los ojos de la inteligencia militar argelina, a absolutamente nada. “Igual estarían buscando el medio de una solución negociada con Marruecos”, duda la mayoría.

Los intermitentes cierres del grifo argelino y la interrupción de los huevos de oro han acabado con el “entusiasmo” de muchos, que, pese a todos los medios de presión y represión, la palabra “Marruecos” está a flor de boca hasta en el seno de la cúpula.

Como en todo naufragio, las ratas son las primeras en subir a bordo.

 

 

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