CrónicasFeaturedLas Cosas lo que son

6 de noviembre Por Dr. Mohamed Bouissef Rekab

Reflexiones

 

Dr. Mohamed Bouissef Rekab
Escritor/Analista

“La esencia de la convivencia es realmente sencilla: vive y respeta como otros viven”, nos aconseja Eraldo Banovac (1955), gran ingeniero y profesor croata, que ha conocido en sus carnes los impactos de la Guerra croata de independencia (1991 –  1995).

Nosotros añadimos que es necesario estimular y provocar  gestiones sólidas y comprometidas que lleven a soluciones pacíficas ante las posibles diferencias y conflictos; trámites estos indispensables para la cimentación de una paz equilibrada y duradera.

Esta reflexión nos lleva a esperar lo siguiente: hay que tener una educación muy profunda para entender bien qué es la convivencia y por ello los países del universo deben plantear esta sublime capacidad de coexistencia como un objetivo que todos deben alcanzar y respetar, poniendo como base principal el diálogo. Las demás fórmulas (violencia verbal, romper relaciones, cerrar fronteras, amenazas, etc.) sólo llevan al derrumbe social y –Dios no lo quiera- a enfrentamientos bélicos, a odios que marcan a las jóvenes generaciones.

Ahora pasamos a situarnos en Marruecos y su histórica Marcha Verde.

Este evento marca la recuperación de Marruecos de su Sahara que estaba colonizado por España. El acontecimiento ocurre en noviembre de 1975 (06.11.1975), cuando el llorado soberano marroquí Hassan II organiza esta multitudinaria marcha pacífica para recuperar sus territorios del Sur: fueron 350.000 civiles marroquíes, hombres y mujeres del pueblo, con el Corán en la mano, los que traspasaron las fronteras ficticias delineadas por el colonialista.

España negocia en los Acuerdos Tripartitos de Madrid su salida del Sahara para dejarlo en manos de mauritanos y marroquíes  (El New York Times del 31 de octubre de 1975 habla de que el tema del Sahara se resolvería en ese convenio tripartita); los primeros –los mauritanos- se vieron incapaces de mantener el territorio que se les asignó y terminaron abandonando la zona para que Marruecos se hiciera cargo de la entera recuperación de sus regiones saharauis en su totalidad.

Mientras esto ocurría, algunos saharauis separatistas (que no aceptaron este gran hecho histórico y que fueron arengados por los argelinos –que acoge y financia a estos segregacionistas-  para que la oposición a Marruecos fuera armada), se llevaron a cientos de correligionarios –casi todos ellos engañados- a tierras argelinas, donde siguen hasta el presente, hundidos en la más profunda de las miserias. Las bellas promesas que les hicieron los separatistas y los argelinos, que serían ricos y que vivirían en la opulencia, fueron meras palabras hueras, cuyos resultados quedan patentes en esas “barracas de la vergüenza” que, en definitiva, ilustran el “buen sentido de los separatistas” al instalarse en esos campamentos de Tinduf.

¿Acaso no tienen ojos para ver la diferencia de estado vivencial de sus hermanos en el Sahara marroquí?

Con el interminable “tira y afloja” que se está viviendo en la región del Sahara marroquí, Marruecos se mantiene firme en sus tierras, a pesar de la subida de tensión en toda la región: el Polisario ha roto el alto el fuego, de manera unilateral, y que fue firmado en 1991 bajo los auspicios de la Minurso (ONU); también hay tensiones que se han generado entre las diplomacias española y marroquí por aceptar España en su territorio al líder separatista sin consultarlo ni avisar a Marruecos del hecho; y lo más peligroso y menos deseado es el nerviosismo entre Argel y Rabat que ha subido de grados después de que los argelinos acusaran –sin tener fundamentos para ello- a Marruecos de perpetrar ataques de toda índole contra la estabilidad de Argelia.

Todo el mundo sabe que las relaciones entre los dos países fueron tumultuosas ya desde la independencia de ambos del colonialismo francés (años sesenta del siglo pasado). Los enfrentamientos han sido nada deseables entre dos países hermanados por la lengua, la religión y sobre todo, por lazos de sangre (muchos argelinos tienen familia marroquí y viceversa).

¿No sería deseable vivir tranquilamente y dejar que los marroquíes vivan a sus anchas, sin molestarles?

La Marcha Verde es un tema marroquí, Argelia debe respetar esta realidad y dedicarse a sus problemas, que son mucho.

Argelia se niega a reabrir las fronteras entre las dos Naciones a pesar de que SM el Rey Mohamed VI tendiera la mano para que ese contencioso finalizara y que los dos pueblos hermanos pudieran volver a visitarse sin cortapisas diplomáticas y políticas. Los responsables argelinos se niegan a aceptar el hecho consumado: autonomía de toda la región del Sahara bajo soberanía marroquí.

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page