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II- El eco-socialismo-feminista frente a la crisis civilizatoria Iñaki Barcena Catedrático departamento de Ciencias Políticas y de la Administración UPV-EHU

Estudio

 

Los seres humanos construyen su historia, ellos solos, pero sujetos tanto a las condiciones que vienen del pasado como a las existentes en el presente“. F. Engels

3)    Eco-socialismo-feminista: compleja fusión de tres macro-ideologías dotadas de una gran diversidad interna.

El eco-socialismo-feminista surge de la necesaria y complicada fusión de tres macro-ideologías dotadas de una gran diversidad interna y asume la extraordinaria tarea de realizar la hibridación y amalgama coherente de tres potentes corrientes ideológicas que hunden sus raíces en perspectivas identitarias diferenciadas.

Hemos elegido el término eco-socialismo-feminista pero podríamos haber igualmente elegido el socialismo-eco-feminista o el eco-feminismo socialista. Aún quedan, matemáticamente hablando, tres posibilidades más de cruzar los términos ecologista, feminista y socialista. A nuestro juicio, el orden de los factores no debiera alterar el producto. Esto es, estamos hablando de un esfuerzo ideológico de convergencia donde los tres pilares de sustento son irremplazables e insustituibles. Son básicamente, como veremos más adelante, la suma de dos corrientes de pensamiento y acción, la ecosocialista y la ecofeminista, que hasta la fecha, a nuestro entender, no han sabido, salvo excepciones, juntar sus miradas, sus discursos y sus prácticas.

Poner eco- delante de socialismo y ambos delante de feminista no significa que la primera contradicción, la cuestión principal sea la que se deriva del binomio sociedad-naturaleza. Ni que después estén las cuestiones de las clases sociales. Y acabar en feminista no significa el reconocimiento a posteriori de la importancia de poner en cuestión el patriarcado como sistema de dominación adverso a las mujeres, homosexuales y jóvenes. Los tres pilares, el medioambiental, el anticapitalista y el antipatriarcal deben ir de la mano y debidamente equilibrados para que el resultado sea ideológicamente coherente y funcione, esto es, movilice y produzca cambios culturales y sociales.

Si bien el término resulta, de por sí, bastante largo no faltará quien diga que para enfrentarse ideológicamente a la crisis civilizatoria que soportamos las cuestiones nacionales, el militarismo o la democracia son asuntos centrales a abordar. Pienso que tanto el ecopacifismo como el socialismo democrático son parte indispensable de la ideología eco-socialista-feminista. El derecho de autodeterminación de los pueblos, la desmilitarización de la sociedad promovida por ecologistas y feministas y la revitalización democrática del sistema político institucional en cualquier parte del mundo, son cuestiones básicas de esta nueva opción ideológica que parte de tres ejes convergentes:

  • la sostenibilidad de los ecosistemas físico-biológicos que mantienen la vida, 2) la superación la acumulación capitalista como modelo de producción y de consumo y de la democracia liberal representativa como paradigma político-institucional y 3) el rechazo frontal de todas las formas e instituciones de opresión

Sobre la conceptualización como ideologías y/o identidades políticas del ecologismo y del feminismo, quiero traer a colación el símil de las muñecas rusas que utiliza F. Letamendia para explicar las relaciones que se producen entre las culturas políticas, las identidades colectivas y las ideologías políticas: “A grandes rasgos la muñeca mayor sería la cultura política, la intermedia las identidades políticas, mientras que la más pequeña serían las ideologías políticas…la cultura política

provee de las orientaciones hacia lo político; las identidades políticas proporcionan estabilidad (no inamovilidad) a estas orientaciones a través de mecanismos como la pareja nosotros-ellos y la permanencia; por último, las ideologías políticas son los sistemas de creencias orientados hacia la praxis que las identidades políticas utilizan en la era moderna y posmoderna de movilización política como instrumentos de proselitismo y lucha entre los grupos. Se observará que en este juego de muñecas el tamaño funciona a la inversa del conocimiento profano que se tiene de estos elementos políticos: poca gente utiliza el término identidades políticas (con una excepción, las identidades nacionales), menos gente aún ha oído hablar de la cultura política; mientras que las ideologías, esto es, el conservadurismo, el liberalismo, el socialismo, el anarquismo., el marxismo, el comunismo, el fascismo…, son la muñeca más pequeña, pese a estar en boca de todos4. Si bien el socialismo se caracteriza como una macro-ideología política que agrupa en su seno a diversas familias ideológicas que conviven en el tiempo y en el espacio, el ecologismo y el feminismo suelen ser  catalogadas como identidades colectivas que dan lugar en las últimas 5 décadas a dos importantes movimientos sociales contemporáneos. A nuestro entender ecologismo y feminismo son muñecas de  doble encaje ya que caben tanto el tamaño intermedio de las identidades políticas colectivas y en el de las ideologías políticas.

5)             Los binomios socialismo-ecologismo y feminismo-socialismo: Muñecas que no encajan fácilmente.

Lo que ahora nos interesa es saber cómo se relacionan e hibridan las tres ideologías mencionadas. Según R. Eccleshall, la sociedad es como un campo de batalla donde compiten las ideologías para ser victoriosas. Sin embargo, desde su punto de vista, esta confrontación “no supone un eterno debate entre creencias arcanas y terminantes, sino que todas las ideologías se adaptan a las cambiantes circunstancias sociales” (Eccleshall, 1993). Lo que significa que ciertas ideas se corrigen o se desechan y otras son asumidas o recibidas como complementarias. Se produce, según Eccleshall “una constante redefinición y ajuste de la propia postura” por conquistar la hegemonía ideológica. Esta dinámica de combate e hibridación es la que nos interesa estudiar para encontrar  los nexos de unión y de separación entre ecologismo, socialismo y feminismo.

Se puede considerar al “breve” siglo XX según Eric Hobsbawm (de la Revolución bolchevique a la caída del Muro de Berlín) como el periodo de ascenso de la ideología socialista, sin embargo el fracaso del los regímenes socialistas burocráticos y de los programas socialdemócratas han propiciado una situación de crisis que en el comienzo del siglo XXI sólo parece haberse superado en algunos países de Latinoamérica (M.Harnecker, 1999).

Empero; como dice Jordi Guiu, el ideal socialista no puede considerarse derrotado:”Quienes desde los nuevos movimientos sociales, desde la oposición a la globalización capitalista y a la mercantilización de las relaciones sociales y de todos los recursos naturales que conlleva, siguen pensando en una alternativa al actual estado de cosas en el mundo lo siguen haciendo desde los mismos principios que lo hizo la tradición socialista5. Ahora bien, como advierte el profesor catalán, sabiendo que no es posible sacrificar una parte de los ideales a otra. Socialismo, feminismo y

4 Letamendia, Francisco (2013) El hilo invisible: identidades políticas e ideologías. Servicio Editorial UPV- EHU. Bilbao. Pág.19.

5 Guiu, Jordi (2006) “El socialismo” en Caminal, Miquel (editor) Manual de Ciencia Política. Tecnos,

Madrid. Pág. 16

ecologismo, como ya hemos anticipado, deben ir de la mano, no en fila, ni en orden jerárquico. O dicho de otra forma, las experiencias e idearios ecologista y feminista son dos buenos apoyos ideológicos para retomar la lucha anticapitalista, sabiendo que las cuestiones ambientales o la opresión patriarcal no pueden ser relegadas a un segundo plano, como contradicciones secundarias. Además cada vez más gente es consciente de que la alternativa no vendrá desde arriba, desde las estructuras del Estado, ni desde las geniales ideas de mentes intelectuales privilegiadas sino desde abajo.

Ecologismo y feminismo, como decíamos anteriormente, son ideologías que han fermentado en el seno de los denominados nuevos movimientos sociales; pero sería un error pensar que solo miran hacia la izquierda, ya que han tenido contacto y cruces con otras ideologías más allá del socialismo. Andrew Heywood en su obra “Political Ideologies” repara en 5 conceptos como temas centrales del ecologismo: La ecología como ciencia de los ecosistemas; el holismo, que significa que las partes no pueden separarse del todo, o sea que naturaleza y humanidad son inseparables; la sostenibilidad o sustentabilidad, como se prefiera, como paradigma enfrentado a la denominada “growth mania”  tan criticada por Herman Daly; la ética ambiental y el postmaterialismo. En su dimensión política, siguiendo a Heywood, nos encontramos con un amplio abanico de opciones. Están los partidarios de la deep ecology o ecología profunda que rechazan el término ideología por antropocéntrico y también los ecofascistas, representados por Walter Darré, ministro de agricultura de Hitler y a su lado, en la derecha política le sigue el ecoconservadurismo donde Heywood coloca al director de la revista The Ecologist, Edward Goldsmith, padre del medioambientalismo británico.

A nosotros nos interesan ahora las relaciones del ecologismo con la izquierda. Aquí encontramos varias opciones. Las dos más importantes son el ecosocialismo y ecoanarquismo, manteniendo el viejo enfrentamiento ideológico entre Marx y Bakunin. A mi entender esta brecha ideológica entre la familia marxista y anarquista no desaparece, pero se reduce drásticamente cuando el ecologismo va por el medio como nexo copulativo.

El joven Marx que describió al trabajo como la “humanización de la naturaleza” y a la vez como “naturalización de lo humano” puso las claves para un socialismo basado en el respeto a los ecosistemas. No obstante, la lectura productivista del marxismo ortodoxo y el sueño en el desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, han sido poco edificantes para el ecosocialismo. Es cierto también que el anarquismo históricamente ha casado mejor con las ideas ecologistas. Murray Bookchin, anarquista norteamericano defensor de la ecología social y profesor en el Institute of Social Ecology de Vermont es quizás el mejor exponente del ecoanarquismo pero Piotr Kropotkin y William Morris también han dejado interesantes aportaciones ideológicas para el ecologismo social. La descentralización, la autosuficiencia comunitaria y la cooperación no jerárquica, la participación democrática y la acción directa son las ideas centrales de este ideario ecoanarquista.

Por otro lado autores como Andrew Vincent apelan a la doble tradición del ecologismo como problema. Si en sus inicios, al menos en Occidente, el ecologismo nace ligado a las ideas conservadoras y nacionalistas, fortuitamente, a su juicio, las filas del ecologismo se han abastecido de una clientela de militantes socialistas y anarquistas insatisfechos, que con sus reivindicaciones pacifistas y anticapitalistas han desdibujado el pasado conservador del ecologismo, sobre todo si tenemos en cuenta que en las últimas décadas han sido mayoritariamente los activistas de izquierda quienes ha escrito la historia del movimiento ecologista (Vincent, 1995:213)

Desde otra perspectiva analítica, Andrew Dobson hace una clara distinción entre ecologismo político maximalista y medioambientalismo minimalista para diseccionar el “pensamiento verde”6 en dos corrientes poco semejantes a la hora de enfrentarse a la crisis ecológica. Según su criterio: “Es posible ser socialista, conservador o liberal y ser medioambientalista. En cambio es menos fácil ser socialista, conservador o liberal y ser un ecologista político, porque el ecologismo pone en cuestión demasiados supuestos en los que están basados el socialismo, el conservadurismo y el liberalismo”(Dobson, 2002: 147-161). Al contrario que Dobson, somos de la opinión de que el ecosocialismo, y el ecoanarquismo como parte importante de él, son referentes ideológicos con fuerte arraigo en muchos países, luego, a nuestro entender, no hay problemas para ser ecologista y socialista a la vez, como lo demuestra la corriente ecosocialista que Dobson no puede desconocer.

Al igual que Dobson y siguiendo la estela de Alain Lipietz, nuestro colega Florent Marcellesi al describir las relaciones entre ecología política y ecosocialismo y para defender los postulados del anti-productivismo, plantea que en las raíces del socialismo se encuentra la imposibilidad de pensar en la ecología puesto que la naturaleza y sus abundantes bienes tan sólo son vistos como factores de producción y por otro lado el determinismo antropológico del marxismo lleva a tomar al Homo Economicus como eje de la historia7. En respuesta a este argumento el ecosocialista Jorge Riechmann escribe: “Muchos ecologistas critican a Marx por considerarle un productivista. Tal crítica nos parece completamente equivocada: al hacer la crítica del fetichismo de la mercancía es justamente Marx quien realiza la crítica más radical a la lógica productivista del capitalismo, la idea de que la producción de más y más mercancías es el objeto fundamental de la economía y de la sociedad. El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, sino reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar de la vida política, estudiar, jugar, amar. Por lo tanto Marx proporciona las armas para una crítica radical del productivismo (J.Riechmann, 2012:243).

En cualquier caso, frente a las tesis de Lipietz y Marcellesi, preferimos la acepción de ecología política que defiende Enric Tello según la cual anarquistas y socialistas tienen plena cabida en la familia ecologista, pues a su juicio: ”La ecología política también se contrapone a un mero ambientalismo de amplio espectro que pretenda ser compatible con las instituciones y tradiciones políticas existentes. Las diferencias cada vez más fundamentales entre ecologismo y medioambientalismo, en todos los órdenes, ponen de manifiesto que la crisis ambiental provoca a la vez la emergencia de una nueva visión política, y una reacción adaptativa a las tradicionales. Supone un claro desafío para todo el viejo edificio político y económico liberal fundado sobre los supuestos de la Ilustración y de ese reto surgen tanto propuestas de reforma de aquella construcción, como nuevos intentos para superarla8.

En el campo del feminismo las diatribas ideológicas no son menores que las comentadas en el seno del ecologismo. Dice Andrew Vincent que a pesar de gran volumen de literatura que el feminismo ha generado en las tres últimas décadas, uno de sus problemas mayores como ideología es que está todavía en formación en comparación con otras como el liberalismo (Vincent, 1995:173).

6 Dobson, Andrew (1997) El pensamiento verde. Una nueva ideología para el siglo XXI. Paidós. Madrid. 7 Marcellesi, Florent (2009) “Ecología política: génesis, teoría y praxis de la ideología verde” Cuadernos Bakeaz, Nº 85. Bilbao.

8 Tello, Enric (1998) “Ecopacifismo: Una visión política emergente” en Antón Mellón, Joan (editor)

Ideologías y movimientos políticos contemporáneos.Tecnos, Madrid.

Y sigue diciendo que por consiguiente otro problema añadido es que al ser una ideología activa u orientada a la acción está en todo momento sujeta a un intenso debate. A mi entender, estas dos apreciaciones, más que problemas son características que demuestran la fortaleza y la amplia expansión ideológica del feminismo, lo que ha llevado a las feministas italianas a pronosticar el fin del patriarcado. “El patriarcado ha terminado, ya no tiene crédito femenino y ha terminado… ya no pone orden en la mente femenina, caduca principalmente en tanto que dominio dador de identidad” comentan (Grau, 1998:332). No se refieren a que el orden patriarcal haya desaparecido sino a que ya no tiene crédito entre las mujeres en el orden simbólico y eso es muy potente ideológicamente y es compartido por una gran parte de la personas que vivimos este Planeta, en su mayoría mujeres, aunque desgraciadamente por menos hombres.

Además como comenta Elena Grau el feminismo aunque se considere y catalogue como un nuevo movimiento social, ni es nuevo en sentido cronológico, ni surge como respuesta a los retos de una civilización en crisis. “El feminismo de los derechos fue defendido por mujeres tanto en los ambientes políticos liberales como en los socialistas a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX. En el primer caso, el acento se ponía en los derechos políticos y la igualdad jurídica con el varón, también en la educación y el acceso a las profesiones, a fin de que las mujeres se incorporasen a todos los ámbitos de la sociedad en igualdad de condiciones que los hombres. En el caso del ámbito político del socialismo se ponía en el centro el acceso de las mujeres al trabajo asalariado y sus derechos laborales a fin de que su conciencia emancipatoria, se vinculara a los intereses de la clase obrera, sujeto revolucionario del proyecto socialista en el que la igualdad entre los sexos, con la igualdad social eran objetivos a alcanzar9. Pero la historia ha demostrado en Oriente y Occidente que la igualdad jurídica y la incorporación al mundo laboral no ha traído consigo la liberación de las mujeres. La incorporación de las mujeres a la esfera productiva y a las tareas del empleo ha traído consigo el así llamado malestar de la emancipación, que conlleva la invisibilidad del trabajo de las mujeres en la reproducción de la mano de obra o en las tareas familiares, esto es, en los cuidados que hacen posible el mantenimiento de la vida laboral, social y familiar. “Para conciliar la vida familiar y la laboral las mujeres necesitan… una esposa. Por eso lo tienen tan difícil” dice con ironía la economista Amaya Pérez Orozco.

O como dice Silvia Federici, al hacer balance de la campaña para el Salario para el Trabajo Doméstico, el movimiento de mujeres debe darse cuenta de que el trabajo no supone una liberación, que el trabajo dentro de un sistema capitalista es explotación y no hay placer, orgullo o creatividad alguna en ser explotada en la fábrica o en el hogar… “Porque no estamos peleando por una redistribución más equitativa del mismo trabajo. Estamos en lucha para ponerle fin a este trabajo y el primer paso es ponerle precio” (S.Federici, 2013:64).

Esta es una constatación que nos lleva a la figura del contrato sexual de Carole Pateman. La académica británica elaboró su teoría del contrato sexual para contraponer la visión feminista a las bases contractuales de la sociedad y de la ideología liberal. Pero el socialismo, según su acertada argumentación, no sale mejor parado de la crítica feminista puesto que en su teoría ortodoxa y en la mayoría de sus experiencias prácticas, ha dejado para la etapa post-revolucionaria la disolución de las estructuras patriarcales como una contradicción secundaria del capitalismo.

9 Grau, Elena (1998) “Feminismo: Pensar la política desde la diferencia femenina” en Antón Mellón, Joan (editor) Ideologías y movimientos políticos contemporáneos. Tecnos, Madrid. Pág. 339

Sin embargo, Pateman emparenta la lucha contra el patriarcado a la lucha anticapitalista cuando defiende que la idea de que los individuos poseen la propiedad de sus personas ha sido el punto central de la lucha contra el dominio de clases y patriarcal. Para ella: “Marx no podría haber escrito el Capital y formular sus conceptos centrales sobre la fuerza de trabajo sin ella; pero, tampoco podría haber sostenido la abolición del salario y del capitalismo, o de lo que, en términos del viejo léxico socialista se denomina la esclavitud asalariada si no hubiera rechazado también esta concepción de los individuos y el corolario de que la libertad es contrato y posesión. Que Marx, necesariamente, tuvo que utilizar las nociones de propiedad y posesión de la persona para poder rechazar tanto esta concepción como la del orden social a la que ella contribuía está en estos momentos en peligro de ser olvidado en la versión popular y corriente del socialismo de mercado, y en los círculos académicos, por la elección racional y el Marxismo analítico10.

A lo largo de su historia el feminismo socialista ha puesto el acento en el sustrato socio- económico del patriarcado; sin embargo, como se ha podido observar en las diversas experiencias socialistas, la igualdad social y económica no han supuesto el fin de la opresión sexual y social de las mujeres. Por eso el feminismo socialista en la actualidad tiene que aceptar los puntos de vista de otros feminismos que atienden a visiones que tratan de ir más allá de las contradicciones económicas. Es interesante reconocer que también el feminismo radical y de la diferencia han puesto en cuestión la meritocracia individualista de liberalismo capitalista. Como escribe A. Heywood (1998:252) el feminismo radical han llamado la atención sobre las limitaciones del individualismo liberal, que esconde el carácter estructural del patriarcado que oprime a las mujeres no como individuos privados de derechos y libertades sino como seres sexuados sistemáticamente oprimidos. Un individualismo opuesto a que las mujeres actúen colectivamente hermanadas y que trata de transcender el sexo y otras identidades colectivas, tratando a todos por igual, esto es como si todo el mundo respondiera al patrón de hombre-blanco-occidental.

En esta línea feministas marxistas como Juliet Mitchell han propuesto una crítica anti-patriarcal que sobrepase los aspectos económicos de la opresión de las mujeres. Si bien F. Engels en “Los orígenes de la familia, la propiedad privada y el Estado”, basándose en la obra del antropólogo L.H. Morgan, defendía que la situación de las mujeres cambió radicalmente en la sociedad con la institución de la propiedad privada, en lo que él denominó “la derrota histórica mundial del sexo femenino” hoy es necesario admitir que la opresión de las mujeres es además de económica, política, social, cultural y sexual. Juliet Mitchell en su pluriversal obra “Women: The longest revolution” analiza las diversas fuentes de opresión de las mujeres en un intento de aunar y enriquecer las visiones del feminismo de la igualdad y de la diferencia. A su entender la opresión de las mujeres se produce en cuatro esferas, a saber, productiva, reproductiva, sexual y social y es atendiendo a estas cuatro esferas donde el feminismo socialista y el feminismo radical deben buscar sus puntos en común y sus alianzas.


10 Pateman, Carole (1995) El contrato sexual. Anthropos. Barcelona. Pág. 25.

igura 2. Manifestaciones de la opresión de las mujeres. Elaboración propia basada en J. Mitchell.


Las feministas han luchado en esas cuatro esferas de relaciones desde dos perspectivas distintas, por un lado desde la reivindicación de la igualdad y la necesidad de la equiparación entre los sexos y desde la otra reivindicando la diferencia y las bases esenciales de lo femenino.

Como plantea Joan Kelly, las dos esferas socio-sexuales que han conformado la lucha feminista  en las últimas décadas, la de las pensadoras feministas de tradición marxista que han puesto su énfasis en la organización de la producción capitalista fuera del hogar y la del feminismo radical que se han preocupado más por la sexualidad y las relaciones sociales que por el trabajo, han llegado a un punto de complementariedad, donde ya no hay una opresión de clase o raza y otra sexual sino ambas a la vez, no existen espacios y explotaciones por separado, sino que ambas esferas deben superponerse porque la relación entre los sexos actúa de acuerdo con y por medio de estructuras socio-económicas y de sexo-género de forma distinta en cada sociedad, en cada clase y en cada grupo étnico (Joan Kelly ,1988).

6)               A modo de conclusión: Reconocimiento y simbiosis entre eco-socialistas y ecofeministas.

En su interesante obra “Los utópicos post-industriales”11 el australiano Boris Frankel, al hacer repaso de las propuestas post-capitalistas de R. Bahro, A. Gorz, A. Tofler, B. Jones y otros, hace una dura crítica al olvido de estos autores de las cuestiones relativas a las mujeres en el diseño de la sociedad post-industrial. “Ningún colectivo social tiene mayor interés en las alternativas planteadas a las burocracias del bienestar social que las mujeres. Es fundamental, por tanto, que toda idea de la sociedad post-industrial que aspire a ser profeminista pueda demostrar la forma en que las relaciones sociales alternativas eliminarán la desigualdad y discriminación actualmente existentes”.

Esto es algo que ha sido también remarcado con firmeza por Jorge Riechmann. En el capítulo final de su obra “El socialismo puede llegar sólo en bicicleta” asevera que si el sistema capitalista está basado en la acumulación de beneficios, el ecofeminismo defiende que el cuidado de la vida es prioritario y el ecosocialismo que ese cuidado debe hacerse con bien común y bienes comunes. Que necesitamos un ecosocialismo feminista para el siglo XXI. Esta reivindicación se hace desde la crítica a algo que según su visión Marx no llegó a teorizar adecuadamente: “Debemos aprender a arreglárnoslas para conseguir una sociedad sin clases, pero no podemos pretender una sociedad sin trabajo o sin sexos. Los humanos siempre necesitarán trabajar para garantizar su existencia en el marco de la naturaleza, incluso en el nirvana socialista. La gente debe hacer ciertas cosas para

11 Frankel, Boris (1989) “Los utópicos post-industriales” Ed. Alfons el Magnánim. Valencia. Pág. 97.

sobrevivir y reproducirse, y si esto no se aborda teórica y políticamente, los políticos socialistas nunca conseguirán afrontar con éxito los temas de la subordinación de la mujer o de la degradación ecológica” (J.Riechmann, 2012: 243).

El ecosocialismo se ha basado en la crítica del productivismo y el rechazo a la concepción teórica del marxismo ortodoxo que apostaba por el libre e ilimitado desarrollo de las fuerzas productivas una vez superado el capitalismo, pero a nuestro entender su compromiso contra la opresión de las mujeres, las más de las veces, ha quedado en un segundo plano. Resulta curioso que en la lista de autores que M.Löwy cita como defensores del ideario ecosocialista en los últimos 30  años  aparezcan Manuel Sacrístan, Raymond Williams, Rudol Bahro, André Gorz, James O`Connor, Barry Commoner, John Bellamy Foster, Joel Kovel, Juan Martinez Alier, Francisco Fernandez Buey, Jorge Riechmann, Jean Paul Deléage, Jean Marie Harribey, Elmar Alvater, Frieder Otto Wolf y… ninguna mujer (Löwy, 2012: 30). No estaría de más recordarle a nuestro amigo Löwy que en el Manifiesto Ecosocialista Internacional redactado por el mismo Löwy y por Kovel en el año 2001 aparecen varias firmantes feministas, algunas bien conocidas como Ariel Salleh. Y que en el  “Manifiesto Ecosocialista. Por una alternativa verde en Europa” firmada por varios europarlamentarios verdes ecosocialistas como el alemán F.O. Wolf y el portugués C. Antunes aparecen también las eurodiputadas Penny Kemp e Isabel Stengers. Y aun más, el capitulo segundo de esta obra colectiva está dedicado a la liberación de las mujeres y analiza las cuestiones del feminismo y el trabajo, el cuerpo y la puesta en cuestión del poder en nuestra sociedad. Y termina concluyendo: “El ecosocialismo será feminista o no será12.

El feminismo fue definido como el hijo no querido del liberalismo y de la Ilustración por Amelia Valcárcel. El socialismo real tampoco ha resultado ser una opción liberadora para las mujeres ya que sus labores productivas y reproductivas fueron “externalizadas” de la economía socialista. En palabras de Marta Pascual y Yayo Herrero el feminismo se dio pronto cuenta de cómo la naturalización de la mujer era una herramienta para legitimar el patriarcado. El ecofeminismo comprende que la alternativa no consiste en desnaturalizar a la mujer, sino en “renaturalizar” al hombre, ajustando la organización política, relacional, doméstica y económica a las condiciones de la vida, que naturaleza y mujeres conocen bien. Una “renaturalización” que es al tiempo “reculturización” (construcción de una nueva cultura) que convierte en visible la ecodependencia para mujeres y hombres. No hay reino de la libertad que no deba atravesar el reino de la necesidad. No hay reino de la sostenibilidad si no se asume la equidad de género13.

Según Karen J. Warren existen al menos ocho conexiones entre feminismo y medioambiente que hacen del ecofeminismo una propuesta política innovadora. Estas conexiones no son excluyentes y van de la histórica y causal (1ª) que explica la explotación dual de la mujer y de la naturaleza a la política -práctica- (8ª) que da significado a la preocupación de las mujeres por la acción política, pasando por las conexiones conceptual (2ª), empírica y de experiencia (3ª), epistemológica (4ª), simbólica (5ª), ética (6ª) y teorética (7ª). Conexiones que como plantea Warren dan una visión general del cuadro feminismo-medio ambiente (Warren, 2003: 13-22).

12 Citado en Mientras Tanto nª41, pág. 85.

13 Pascual, Marta & Herrero Yayo (2010) “Ecofeminismo una propuesta para repensar el presente y construir el futuro”. CIP-Ecosocial – Boletín ECOS nº 10, enero-marzo FUHEM , Madrid.

El ecofeminismo es un vi(r)aje ideológico o acercamiento del movimiento feminista al ecologismo y no al revés, como afirma Jone Martínez. No ha nacido como una corriente medioambiental más en el seno del pluralista movimiento ecologista sino como una respuesta a la crisis de civilización y a la crisis ecológica que hace de las mujeres sus principales desplazadas y agredidas. Los orígenes del ecofeminismo se sitúan en Francia de la mano de Françoise d’Eaubonne, admiradora y amiga de Simone de Beauvoir, que abandonó el Partido Comunista para volver al anarquismo paterno y criticar a la izquierda por su incapacidad para asumir el reto ecologista (A.Puleo, 2011:33). Sin embargo desde sus inicios existen diversas maneras de entender la simbiosis entre la defensa de los derechos de las mujeres y el cuidado de la Naturaleza. Además de un ecofeminismo clásico esencialista (Susan Griffin, Rosemary Radford Ruether, Charlene Spretnak, Mary Daly), que nace del enfrentamiento a la guerra nuclear y que identifica a las mujeres con la Naturaleza y a los hombres con la cultura de la destrucción, existe un ecofeminismo constructivista (Bina Agarwal, Val Plummwood, Karen Warren) que se opone a esa visión satanizadora del género masculino y propone una deconstrucción de la historia y de las relaciones económicas que en el mundo han sido, para entender el papel jugado por las mujeres. Para estas ecofeministas la cuestión no reside en la biología sino en la historia, es la realidad material la que determina la opresión de las mujeres y de la naturaleza, y no las esencias espirituales. Y existe también un ecofeminismo espiritualista (Vandana Shiva, Maria Mies, Starhawk) de corte anticolonial que aunque tiene mucho que ver con la corriente esencialista, huye de los elementos religiosos y simbólicos occidentales (J. Martínez,2007:104).

Carolyn Merchant en su artículo “Ecofeminism and Feminist Theory14 divide las corrientes políticas ecofeministas en tres líneas o tendencias, la liberal, la radical y la socialista o social que mete en el mismo saco. Y explica que si para las ecofeministas radicales la naturaleza humana se funda en la biología humana para las ecofeministas socialistas tanto la naturaleza, como la naturaleza humana son construcciones sociales e históricas. El materialismo y no el espiritualismo es el motor del cambio social por eso luchan, en muchas ocasiones junto a las ecofeministas radicales, aunque su objetivo es resocializar a hombres y mujeres en formas de vida no-sexistas, no- racistas, no violentas y antiimperialistas.

Es aquí donde las visiones y los intereses de ecosocialista y ecofeminista confluyen. Y así lo expresan revistas como Mientras Tanto; Capitalism, Nature, Socialism; Ecología Política o Viento Sur donde podemos encontrar un buen compendio de autores-as que apuestan por defender el ecosocialismo feminista. No en balde, y a modo de anécdota ilustrativa, traemos a colación la polémica que es suscitó hace ahora 25 años a raíz de un artículo sobre “La crisis ambiental y la crisis del ambientalismo en los Estados Unidos” escrito por James O’Connor y Daniel Faber15 donde decían que “las ideologías neorrománticas sobre la naturaleza influyen y se fusionan en las nuevas ideas y valores ecofeministas”. Algo que sirvió para que ecofeministas socialistas como la norteamericana Lori Ann Thrupp y la australiana Ariel Salleh les dirigieran sus respectivas críticas que aparecieron también en la revista Ecología Política (Nº1 y 2). La primera para recordarles que además del ecofeminismo radical que apela a visiones espirituales, románticas y a veces comunitarias existe el ecofeminismo socialista y que parecen desconocer los ricos debates internos y la “fertilización cruzada” del ecofeminismo.

14 Merchant, Carolyn (1989) “Ecofeminism and Feminist Theory” en Diamond, I. & Ornstein, G. (eds.)

Reweaving the world: The Emergence of Ecofeminism. Sierra Club, S. Francisco.

15 Capitalisn Nature Socialism, Nº2 1989.

Más profunda y relevante nos parece la respuesta escrita por Ariel Salleh titulada “Ecosocialismo- Ecofeminismo” (A. Salleh, 1992) en la que comienza planteando que a cierto nivel de abstracción el ecofeminismo es paralelo al ecosocialismo y también su complementario, mientras que una formulación coherente del ecosocialismo debe incluir el análisis ecofeminista. Este es el punto que compartimos y que nos intereresa. Salleh apunta que el ecofeminismo no debe ser atacado de neorromántico y que no es subsumible en la Ecología Profunda, aunque comparte su proyecto de “deshacer el artificio ideológico que separa la humanidad de la naturaleza”, proyecto que el propio ecosocialismo debe emprender ya que la crisis ecológica nos ha traído la necesidad de entender cuáles son las conexiones entre humanidad y naturaleza. “Las mujeres que crían niños en las barriadas de Brasil saben bien que éste es un hecho económico. Pero los políticos no pueden despreciar lo “biológico”, pues ese desprecio es lo que lleva al capitalismo patriarcal de Occidente a un callejón sin salida ecológica, haciendo necesaria una teoría ecosocialista16.

Como acaba diciendo la ecofeminista socialista australiana muchas mujeres pasaron buena parte de los años 70 y 80 del siglo pasado tratando que sus hermanos socialistas reformularan las categorías del marxismo teniendo en cuenta las cuestiones de género. En los años 90 las discusiones entre ecosocialistas y ecofeministas volvían a repetir esta vieja historia. Esperemos que el ecosocialismo feminista sea la expresión ideológica de la superación de este desencuentro histórico.

Quiero terminar con un pequeño texto de la profesora anglosajona Mary Mellor leído en una conferencia ecosocialista en California en 1997 y transcrito en “El socialismo verde y feminista: La teoría y la práctica” ( Ecología Política nº 14, 1997) que recoge plenamente el sentido que queremos dar a la ideología eco-socialista feminista: “El ecofeminismo materialista alcanza más allá del “mercado”, al añadir al materialismo histórico marxista y a su crítica del capitalismo, el análisis de la división sexual del trabajo y de los límites ecológicos de la (re)producción. Desde la perspectiva del materialismo profundo, es tan importante desafiar al capitalismo en las luchas sobre el derecho a una subsistencia ecológicamente sostenible como en las luchas sobre la producción. Hay que reconocer que si no frenamos el consumismo en el mercado (cuyo aumento es el principal ingrediente de la política en el Norte), entonces la marginación del trabajo de las mujeres, la destrucción del planeta y de las vidas de los pueblos del Sur, no cesarán

Larrabetzu, verano del 2014.

16 Salleh, Ariel (1992) “Ecosocialismo-Ecofeminismo” Nueva Sociedad Nº122 págs. 230-233.

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