No tengo nombre. Tengo memoria.
Mi hermana volvió del hospital de Nuakchot con la vida a cuestas. El resto de mi familia sigue varada en Tinduf, entre el polvo y la espera. Allá, donde los discursos sobre derechos humanos se evaporan como el rocío en el desierto.
Mi hermana volvió del hospital de Nuakchot con la vida a cuestas. El resto de mi familia sigue varada en Tinduf, entre el polvo y la espera. Allá, donde los discursos sobre derechos humanos se evaporan como el rocío en el desierto.

