Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
El peor momento de la turbulenta historia de la milicia del Polisario. Nadie sabe lo que pasa en la cúpula de la banda. Lo cierto, según fuentes dignas de fe, a muchos de sus miembros no se les ha visto desde hace semanas.
Los rumores en este Guantánamo argelino en Tinduf hablan de un “éxodo colectivo” ante los ojos del mentor argelino.
No faltan los que creen que podría estar impulsado por el propio mentor, habida cuenta de que, ante las drásticas medidas de seguridad, difícilmente se puede imaginar la posibilidad de una salida tan fácil de este gulag argelino.
Los campamentos se desarticulan lenta pero irreversiblemente. Sin pasado, sin presente nadie puede creer en un futuro. Sin esperanza durante medio siglo, no es fácil hacer ilusiones de un milagro.
El refugiado Ghali Al Mostafa Assayid y sus caciques son los únicos que se mueven manipulando sus diversos tráficos y sus comisiones a sus superiores argelinos.
Tinduf… el otro rostro.
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