Desde que se adoptó el huso horario GMT+1 de manera permanente, excepto durante el mes de Ramadán, Marruecos vive al ritmo de varios países europeos.
Esta decisión, motivada por consideraciones económicas y organizativas, tiene efectos contrastados en la vida cotidiana de los ciudadanos, que siguen siendo objeto de debate.
Según las autoridades, mantener el horario de verano permite una mejor sincronización con los principales socios comerciales del Reino, especialmente en Europa, lo que favorece los intercambios económicos y la coordinación entre empresas y administraciones. La medida también contribuiría a un uso más racional de la energía, ya que se aprovecharía mejor la luz natural.
Sin embargo, esta elección sigue suscitando reservas. Muchos ciudadanos señalan sus efectos sobre la salud y la vida familiar, especialmente las dificultades de adaptación al cambio horario, la fatiga de los niños y las molestias de los desplazamientos matutinos en la oscuridad.
En el debate sobre el GMT+1 se enfrentan los imperativos económicos y el bienestar social, y refleja la búsqueda de un equilibrio entre la apertura internacional y el respeto al ritmo de vida de los marroquíes.

