ESPERAR Por Elias D Galati

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Elías D Galati Poeta y escritor

No se porqué espero, más espero

No se lo que espero, más espero

No se a quien espero, pero espero.

Esperar significa tener esperanza en conseguir lo que se desea, o creer que ha de suceder algo, especialmente si es favorable.

En otro sentido significa permanecer en un lugar donde se cree irá una persona, o sucederá algo, o detenerse hasta que algo suceda.

Se caracteriza por la idea que algo feliz sucederá.

La vida es una permanente espera, desde el momento en que nacemos esperando que se produzca el parto, que llegue el tiempo oportuno, hasta el ritual de todas las noches que nos acostamos, dormimos esperando despertarnos, que amanezca, que el mundo siga ahí, y que nosotros estemos en él, hasta el final en que esperamos el momento de la muerte, de partir hacia lo desconocido.

Siempre esperamos, ponernos en movimiento, llegar, que nos atiendan, que llegue el vehículo de transporte, que sea verano, primavera, otoño, un día de fiesta, el fin de semana, poder usar las cosas, comer, bañarnos, que llegue lo que hemos solicitado, que se cumpla lo que deseamos, terminar nuestra tarea, nuestro estudio, los hijos, los afectos, todo es una espera.

Pensemos de las horas útiles de nuestros días, cuánto corresponden a la espera.

Sin contar lo que esperamos en nuestro interior, en nuestro corazón, los sentimientos, las emociones, las sensaciones, como el amor, la amistad, la atención, el consejo, la palabra, el afecto.

La espera forma parte de nuestra vida, porque actuamos y esperamos, nuestros momentos alternan entre la acción y la espera.

Pero más allá de la espera temporal, de esos momentos de nuestro tiempo en los cuales de alguna forma nos detenemos y esperamos, hay otra espera, interior, íntima, que determina y señala nuestra existencia.

La espera interior determina el transcurso durante el cual concebimos o deseamos alguna situación o idea y el momento en que se concreta.

La espera es incierta, porque casi siempre depende tanto de nosotros como de otras personas u otras circunstancias.

Ese trayecto emocional interior, nos forma el carácter, nos da personalidad, pues se produce un desvelo, una crisis que señalará la discusión personal, con uno mismo, sobre el resultado, la conveniencia y lo que se deberá hacer.

Cada día, cada semana, cada mes, cada año, cada etapa que señalemos, significará una intención, un proyecto, que nos llevará a esperar en un tiempo indeterminado su maduración, su conclusión, la posibilidad o no de su concreción.

Podemos esperar algo que nos concierne, un proyecto o un comportamiento que depende exclusivamente de nosotros, pero por lo general esperamos acontecimientos que dependen más de otras personas, de circunstancias fácticas a veces fortuitas que determinarán nuestro rumbo y nuestro comportamiento.

¿Qué estoy esperando?

¿Tengo cabal conciencia de lo que espero, estoy en condiciones de alcanzarlo, me corresponde, soy merecedor de él.?

¿Es bueno lo que espero, es útil y adecuado, no perturba ni incide sobre los demás.?

Esperar es una actitud pasiva, pero que debe ser temporaria, no podemos pasar la existencia esperando.

La espera está condicionada a un hecho que debe suceder, por sí o  por no, para bien o para mal, pero que no puede quedar latente, debe resolverse o de otra manera cancelar la espera.

Debe ser una preparación para la acción

Esperar es la plataforma de lanzamiento, para en el momento oportuno, ideal, lanzarse a la acción.

Es bueno esperar para tomar fuerzas, para analizar lo mejor posible los acontecimientos y las acciones.

Pero con la idea motora de la acción, como una proyección hacia un futuro activo y comprometido.

Esperar es ideal cuando nos contiene, nos serena, nos señala que es lo mejor, lo bueno, lo correcto, lo honesto, lo solidario, en relación a la vida en sociedad.

Debo esperar para estar pertrechado y lanzarme a la avenura de la existencia por un mundo mejor.

Sobre todo si esa espera nos llena el alma de amor y bondad.

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