Oh, amante de la Perla del Norte,
mis amigos me dicen que soy un enamorado de Tánger,
¿y cómo podría ser de otro modo?
Esta ciudad, cual diosa, ha sido adorada por artistas, poetas y novelistas que en ella encontraron su inspiración y reencontraron su alma.
¿Cómo no amar a aquella que guarda mis recuerdos estivales de la infancia y la adolescencia, esos momentos de alegría pura, esos instantes de encantamiento que permanecen grabados para siempre, como inscripciones en el mármol de mi memoria?
¿Cómo no amar a la ciudad que me adoptó, que yo adopté,
aquella donde conocí al amor de mi vida, ese amor que iluminó mi existencia?
Desde la noche de los tiempos, Tánger fue mecida por mitos, leyendas y sentimientos, antes de ser erigida por las piedras y los hombres.
Dos madres se encontraron.
De ese abrazo apasionado de sus aguas, de la unión de Hércules y Tinge, nació Tingis, la perla del Norte, que inspiró a artistas y poetas de todos los tiempos.
¿No es la poesía, ese arte sublime que permite al ser humano celebrar lo divino que hay en él, la lengua más apropiada para expresar el amor que se profesa a esta ciudad bienamada?
Tánger, oh Tánger.
Ya Tingis, ya Tanja al Habiba.
Tánger la bienamada, Tánger mi bienamada.
Tánger, donde encontré al alma gemela, eres la musa que inspira, la sirena que encanta, la diosa que seduce.
Te amo y te amaré siempre, porque eres la ciudad de mi corazón, la ciudad de mi alma.
Cuando la tierra llama, es Tánger la Blanca, Tánger la Azul quien responde, como una sirena que despierta mis sentidos y hace vibrar mi corazón.
Por ella aspiro a cruzar el Estrecho, ese Mare Nostrum que nos separa y nos acerca con cada latido del corazón.
Por ella respiro, ya esté perdido en las brumas escandinavas o bañado por el sol andaluz, pues incluso en los lugares más lejanos, su recuerdo permanece grabado en mi alma.
Tras largos meses de labor, tras el lento dolor de su ausencia, espero pacientemente el momento del reencuentro, ese instante en que podré volver a caminar por las playas de arena fina, volver a respirar el aire embriagado de su perfume, volver a perderme en las callejuelas de la medina, en busca del alma de Tánger.

