Alguna vez escuche:
« El hombre que guarda secretos no es tán sabio como aquel que no tiene secretos que guardar »
Cómo he de guardar
lo que no tengo,
si al atesorar lo que deseo,
marco el límite
de lo prohibido.
Estar entrelazados,
es remanso de verdad
que me da la vida
y tu eres ese espacio
que hábito, al estar
abrazado en ella.
Así transcurren,
así pasan las horas
del vivir en el camino,
desde entonces.
Cómo no desearlo,
si en cada instante,
huelo el perfume
de tu cuerpo
y la imágen
que entrega tu presencia.
Siempre habrá
y hallarás un consuelo
de alegría que despierta vivir
en la verdad aunque no esté presente tu motivo al respirar.
Hay un respaldo de virtudes
en el encuentro de saberse
sin secretos.

