LA SERENIDAD Por Elias D Galati

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Elias D Galati Poeta y escritor (La Argentina)

La serenidad es el estado de tranquilidad o sosiego que acompaña a circunstancias o instancias de la vida del hombre.

La vida no suele ser serena, existir es recorrer un camino, no sólo personal sino también comunitario, y los grupos sociales como las sociedades son bastante turbulentos.

La vida es empuje, acción, esfuerzo, energía, todo lo cual conspira contra la serenidad.

Sin embargo hay momentos en la vida, en los que es necesario el sosiego, no es casual que el ser necesite el descanso diario, el sueño reparador, la pausa en la actividad.

La tensión corporal tiene un límite de tolerancia, y ni que decir de la tensión anímica y mental.

Más el hombre sigue su derrotero, cumple su destino, sin mayores cuidados de los tiempos y los recesos.

La vida se vive en forma exultante, esplendorosa, todas las energías son puestas en su desarrollo y la condición humana, ser competitivo, ser mejor, superar a los otros, hace que se exponga aún más la situación crítica de una superación continua-

Pero el hombre es finito, tiene un límite, de sus fuerzas, de su control, de su actividad, aunque mentalmente se sienta infinitamente superior.

El organismo siente y sufre el esfuerzo y luego condiciona el pensamiento, la actividad mental y el espíritu.

Un dolor orgánico de cualquier índole condiciona la actividad, el pensamiento y la acción de una persona.

La primera cuestión es reconocer nuestras emociones, y que dichas sensaciones no nos condiciones, nos abrumen o incidan en nuestra conducta  personal.

Una buena decisión es previamente identificar la causa que nos aqueja e impide que vivamos serenamente.

Porque la vida debe ser equilibrada y como decía Platón es bueno, moral, ético aquello que está equilibrado.

En la búsqueda de dicho equilibrio econtraremos la serenidad y la verdadera forma de actuar.

A partir de dicho conocimiento, elaborar entonces una forma de actuar, que sea eficaz y aplicarla a nuestra vida, con la convicción de cuestionarla si no es eficaz, retocarla, cambiarla hasta que realmente sirva para nuestra vida serena y equilibrada.

Para ello se deberá moderar el esfuerzo, controlar las acciones buscando el punto que lleve al equilibrio y haga eficaz el desarrollo de las acciones.

Por otra parte debemos tener presente la conexión interior, con uno mismo, y la conexión con los afectos que marcan nuestra existencia, los que nos harán llegar a la serenidad pretendida.

Debemos crear un marco ideal a efectos de tratar de llegar a un instante de felicidad, a sentir que la vida nos sonríe, que podemos sortear los obstáculos y las pruebas que nos ofrece, como parte de la propia existencia, y que somos capaces de hacerlo.

Esta concepción de la felicidad nos permitirá anticipar y conocer que podemos hacer, cuales son las circunstancias que están al alcance de nuestro esfuerzo y cuales son aquellas que no, que escapan a nuestro control, a pesar de nuestra inquietud.

El equilibrio nos lleva a la serenidad

La serenidad nos da paz, armoniza nuestra mente y nuestro espíritu, y logra homogenizarlos con nuestro cuerpo, impidiendo desbordes peligrosos que escapen de nuestro control

La vida fluye entonces en un camino de esfuerzo, de energías, de pasiones, pero contenido y determinado por la sabiduría que impone haber encontrado el equilibrio verdadero.

Porque la sabiduría consiste en comprender que es lo inmutable, lo que no podemos cambiar y aceptarlo como parte de nuestra condición.

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